Arte y Cultura

Muere el filósofo francés Edgar Morin a los 104 años

El filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, creador de la teoría del pensamiento complejo y uno de los últimos grandes intelectuales del siglo XX, falleció el viernes 29 de mayo en París a los 104 años, según confirmó su viuda Sabah Abouessalam Morin al diario Le Monde. El pensador, nacido como Edgar Nahoum en 1921, mantuvo su lucidez y actividad intelectual hasta sus últimos días, publicando obras que cuestionaron las visiones compartimentadas del conocimiento y defendieron un humanismo renovado.

ARTE Y CULTURA30 MAY 2026

Edgar Morin vivió sus últimos años entre París, Montpellier y Marraquech, escribiendo de forma infatigable obras que iluminaron el pensamiento sin corsés, según informó El País. El pensador era el último representante de un mundo prácticamente extinto, el de los grandes intelectuales fraguados en las llamas de la primera mitad del siglo XX, según la misma fuente.

"Hasta sus últimos días, se mantuvo atento al mundo, a los demás y a las grandes cuestiones humanas que nutrieron su pensamiento", declaró su esposa Sabah Abouessalam Morin, 38 años más joven que él y con quien se casó en 2012, según La Vanguardia. "Hoy, el vacío que deja es inmenso. Pero su valentía, su fidelidad a las personas y a las ideas, su exigencia moral y su esperanza siguen acompañándonos", añadió.

Morin nació en París el 8 de julio de 1921 como Edgar Nahoum, hijo de judíos sefardíes procedentes de Tesalónica, Grecia, según El País. El autor proclamaba su identidad múltiple de español, italiano por parte de madre, francés y europeo. Estudió Historia, Geografía y Derecho, según la misma fuente.

El apellido Morin fue adoptado como pseudónimo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enroló como voluntario en la Resistencia francesa para despistar a la Gestapo, según La Vanguardia. El alias, que utilizó luego como autor y pensador, nació en ese contexto de lucha antinazi.

Desde muy joven se afilió al Partido Comunista Francés y trabajó para el envío de paquetes de ayuda al bando republicano durante la Guerra Civil Española, según El Diario. Con 15 años había enviado ya paquetes de ayuda para los anarquistas de la columna Durruti, según El País. La caída de Barcelona a manos de las tropas franquistas en enero de 1939 lo marcó de manera indeleble porque fue el presagio de la tragedia que se abatiría sobre Europa poco después, según La Vanguardia.

Desencantado con el comunismo estalinista, Morin dejó de militar en 1951, aunque siguió considerándose de izquierdas, según El Diario. Su obra Autocrítica, publicada en 1959, tuvo un gran impacto al relatar su expulsión del Partido Comunista Francés, del que había sido una figura destacada, y su ceguera ante el estalinismo, del que fue luego muy crítico, según El País. También se constituyó como uno de los fundadores del comité de intelectuales contra la guerra de Argelia, según la misma fuente.

Desde la década de 1950 desarrolló su actividad investigadora en diversas instituciones académicas francesas, especialmente en el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, donde ingresó en 1950 y del que 43 años después llegó a ser director emérito de investigación, según El Diario. A lo largo de su carrera publicó más de una veintena de libros sobre sociología, cultura, política, conocimiento y complejidad, según El País.

Morin fue el creador de la teoría del pensamiento complejo, que remitía a la idea sobre la imposibilidad de compartimentar el conocimiento porque todo está conectado, según El País. Su obra filosófica principal fue El Método, en seis volúmenes publicados entre 1977 y 2004, un proyecto monumental que tardó casi 30 años en escribir y en el que sentó las bases del pensamiento complejo conectando la física, la biología, la cibernética y la sociología, según El Diario.

Entre sus obras destacadas figura El Rumor de Orléans, publicado en 1969, un ensayo sobre una falsa historia que se propagó ese año según la cual jóvenes mujeres desaparecían en los probadores de ciertas tiendas de ropa, eran drogadas y luego enviadas a redes internacionales de prostitución, según El País. Todo era infundado, pero el caso adquirió una dimensión especial porque las tiendas señaladas estaban regentadas por comerciantes judíos, por lo que el fenómeno se considera hoy un ejemplo clásico de bulo antisemita y teoría conspirativa, según la misma fuente.

En 1962 publicó El espíritu del tiempo, convertido en un clásico sobre el análisis de la cultura de masas y lectura obligada en las facultades de periodismo, según La Vanguardia. Morin fue incluso el inventor de la denominación yeyé en dos artículos aparecidos en Le Monde en julio de 1963, en los que analizaba el fenómeno Salut les copains, encarnado por Johnny Hallyday y una generación de músicos como Claude François, Dick Rivers avec les Chats Sauvages o Françoise Hardy, según El País. Tras la publicación de estos textos, tuvo la oportunidad de conocer al cantante, quien desde entonces lo bautizó como "el mejor amigo de los jóvenes", según la misma fuente.

Otras obras clave fueron El Paradigma perdido: la naturaleza humana, publicado en 1973, donde vincula biología y antropología, según El Diario. Impartió clases en Santiago de Chile en los años 60 y también en San Diego, California, donde estableció las bases de su teoría del pensamiento complejo, según la misma fuente.

Morin fue un intelectual comprometido con los grandes debates de su tiempo: el antifascismo, la crítica al estalinismo, la descolonización, la ecología, la globalización y la defensa de un humanismo renovado, según El País. Aunque durante décadas fue una figura marginal en parte de la universidad francesa, su influencia se extendió internacionalmente, especialmente en América Latina, donde sus ideas inspiraron reformas educativas y centros de investigación, según la misma fuente.

Intelectual de referencia para la izquierda francesa, fue inspirador junto a Stéphane Hessel para aquellos jóvenes que salieron a las plazas del mundo en el año del 15-M, según El País. Hasta sus últimos años siguió publicando, interviniendo en debates públicos y defendiendo la necesidad de una "insurrección de las conciencias" basada en la fraternidad, la cooperación y la esperanza, según la misma fuente.

Siempre opuesto a los pensamientos mayoritarios, esto le valió ser tachado de antisemita por criticar a Israel o, más recientemente, de pro-Putin cuando se opuso a la guerra que occidente emprendió contra la cultura rusa tras la invasión de Ucrania, según El Diario. En su último libro publicado en 2025, titulado ¿Hay lecciones de la historia?, escribió que "otra lección a sacar de esta historia es que no es suficiente haber sido perseguido para no convertirte en perseguidor", según La Vanguardia. Sus palabras sobre Israel fueron claras: "Así, por un nuevo vuelco de la historia, el pueblo que más sufrió persecuciones, ofensas y matanzas, y finalmente un plan de exterminación que, sin la derrota alemana, se hubiera logrado, este pueblo perseguido se ha convertido en una nación dominadora, colonizadora y perseguidora", según la misma fuente.

A los 101 años publicó un libro extraordinario, De guerra en guerra: de 1940 a Ucrania, en el que abordó todos los conflictos en los que había sido testigo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la invasión rusa de Ucrania, según La Vanguardia. El autor destacó la "histeria" de todas las guerras, las mentiras constantes y la criminalización absoluta del enemigo, comparando lo ocurrido en Ucrania con las guerras de la ex Yugoslavia, Argelia o el conflicto israelo-palestino, según la misma fuente. "Estamos ante la escalada de la falta de humanidad y el hundimiento de la humanidad, la escalada del simplismo y el hundimiento de la complejidad. Y, sobre todo, la escalada hacia una guerra mundial que supone el hundimiento de la humanidad en el abismo", escribió en una tribuna publicada en El País a propósito de la guerra en Ucrania.

Morin publicó su libro de memorias, Les souvenirs viennent à ma rencontre, en 2019, donde realizó su propia reflexión sobre la muerte, según La Vanguardia. "Yo también partiré hacia el país donde crece la flor de naranjo", escribió, según El País. En ese libro explicó con gran detalle y sin rubor sus muchos amores y amoríos, declarándose "esclavo del amor", según La Vanguardia.

En su libro Lecciones de un siglo de vida confesó que fue mal padre y mal hijo, según El País. La muerte de su madre fue uno de los episodios que más configuró su pensamiento inicial, justo cuando Morin estaba a punto de cumplir diez años y ella falleció tras un ataque al corazón, según la misma fuente. Más tarde lo describiría como un "Hiroshima interior", según El País. Desde entonces, tendría que, según una frase de Heráclito que haría suya, "vivir de la muerte, morir de la vida", según la misma fuente.

Morin creía que cuanto mayores fueran los riesgos de las crisis, mayores serían las posibilidades de encontrar soluciones, según El País. A la pregunta que a menudo se le hacía sobre si era optimista o pesimista, respondió en 2005: "Soy un optimista-pesimista, tengo esperanza en medio de la desesperación", según la misma fuente. "Tener esperanza no es ser optimista. Porque la esperanza es lo posible, no lo cierto. Comprometeos, pero sin taparos los ojos, sin fanatismos", les pedía a un grupo de jóvenes durante una conferencia universitaria poco después de cumplir los 101 años, según El Diario.

Amante de Antonio Machado, especialmente del verso "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" que solía recitar, y de Joan Manuel Serrat, amigo de Dionisio Ridruejo, Morin estuvo muy ligado a España y a América Latina, con innumerables viajes y largas estancias, por ejemplo en Sitges, según La Vanguardia. Ganó el Premio Internacional Catalunya en 1994, según la misma fuente.

Morin empezó a publicar de muy joven sobre su experiencia como oficial aliado en la Alemania bajo ocupación en el ensayo El año cero de Alemania, según La Vanguardia. El autor fue muy pronto consciente de que había que superar el rencor y apostó por la reconciliación francoalemana, lo cual no era para nada una obviedad en aquellos momentos, según la misma fuente.

Fue condecorado en 1983 con la orden de la Legión de Honor de Francia y en julio de 2021, coincidiendo con su centenario, recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor, según El Diario.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, le recordó en sus redes sociales: "Soldado de la Resistencia, militante y liberado, escritor y pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos, Edgar Morin era el humanismo hecho persona. Con su benevolencia, su curiosidad, no dejaba de iluminarnos. Pensamiento complejo, vida fecunda, espíritu universal. Dirijo a sus allegados las condolencias de la Nación", según El País.

La lucidez de Morin a una edad muy anciana impresionaba, según La Vanguardia. El éxito editorial le llegó en el tramo final de su vida y, pese a su edad, su pluma no dejó de llenar páginas con su pensamiento, siempre lúcido, que también desgranó en otros medios de comunicación e incluso en redes sociales, según El Diario. Desde esas tribunas no paró hasta el último aliento de denunciar los "peligros" que, a su juicio, corre la humanidad, amenazada por una crisis de globalización, una crisis ecológica, una crisis de civilización y, más recientemente, una crisis de pensamiento que expone a la sociedad al dominio de la informática, según la misma fuente.

Considerado un humanista que transformó la sociología y la filosofía moderna, Morin es estudiado en universidades del mundo entero, especialmente en las latinoamericanas, según El Diario. Sin renunciar nunca a su compromiso con la izquierda, el intelectual no dudó en criticar a su campo, lo que le valió siempre situarse en los márgenes del pensamiento, donde nunca negó que se sentía más cómodo, según la misma fuente.

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30 may 2026
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Edgar Morin vivió sus últimos años entre París, Montpellier y Marraquech, escribiendo de forma infatigable obras que iluminaron el pensamiento sin corsés, según informó El País. El pensador era el último representante de un mundo prácticamente extinto, el de los grandes intelectuales fraguados en las llamas de la primera mitad del siglo XX, según la misma fuente.

"Hasta sus últimos días, se mantuvo atento al mundo, a los demás y a las grandes cuestiones humanas que nutrieron su pensamiento", declaró su esposa Sabah Abouessalam Morin, 38 años más joven que él y con quien se casó en 2012, según La Vanguardia. "Hoy, el vacío que deja es inmenso. Pero su valentía, su fidelidad a las personas y a las ideas, su exigencia moral y su esperanza siguen acompañándonos", añadió.

Morin nació en París el 8 de julio de 1921 como Edgar Nahoum, hijo de judíos sefardíes procedentes de Tesalónica, Grecia, según El País. El autor proclamaba su identidad múltiple de español, italiano por parte de madre, francés y europeo. Estudió Historia, Geografía y Derecho, según la misma fuente.

El apellido Morin fue adoptado como pseudónimo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enroló como voluntario en la Resistencia francesa para despistar a la Gestapo, según La Vanguardia. El alias, que utilizó luego como autor y pensador, nació en ese contexto de lucha antinazi.

Desde muy joven se afilió al Partido Comunista Francés y trabajó para el envío de paquetes de ayuda al bando republicano durante la Guerra Civil Española, según El Diario. Con 15 años había enviado ya paquetes de ayuda para los anarquistas de la columna Durruti, según El País. La caída de Barcelona a manos de las tropas franquistas en enero de 1939 lo marcó de manera indeleble porque fue el presagio de la tragedia que se abatiría sobre Europa poco después, según La Vanguardia.

Desencantado con el comunismo estalinista, Morin dejó de militar en 1951, aunque siguió considerándose de izquierdas, según El Diario. Su obra Autocrítica, publicada en 1959, tuvo un gran impacto al relatar su expulsión del Partido Comunista Francés, del que había sido una figura destacada, y su ceguera ante el estalinismo, del que fue luego muy crítico, según El País. También se constituyó como uno de los fundadores del comité de intelectuales contra la guerra de Argelia, según la misma fuente.

Desde la década de 1950 desarrolló su actividad investigadora en diversas instituciones académicas francesas, especialmente en el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, donde ingresó en 1950 y del que 43 años después llegó a ser director emérito de investigación, según El Diario. A lo largo de su carrera publicó más de una veintena de libros sobre sociología, cultura, política, conocimiento y complejidad, según El País.

Morin fue el creador de la teoría del pensamiento complejo, que remitía a la idea sobre la imposibilidad de compartimentar el conocimiento porque todo está conectado, según El País. Su obra filosófica principal fue El Método, en seis volúmenes publicados entre 1977 y 2004, un proyecto monumental que tardó casi 30 años en escribir y en el que sentó las bases del pensamiento complejo conectando la física, la biología, la cibernética y la sociología, según El Diario.

Entre sus obras destacadas figura El Rumor de Orléans, publicado en 1969, un ensayo sobre una falsa historia que se propagó ese año según la cual jóvenes mujeres desaparecían en los probadores de ciertas tiendas de ropa, eran drogadas y luego enviadas a redes internacionales de prostitución, según El País. Todo era infundado, pero el caso adquirió una dimensión especial porque las tiendas señaladas estaban regentadas por comerciantes judíos, por lo que el fenómeno se considera hoy un ejemplo clásico de bulo antisemita y teoría conspirativa, según la misma fuente.

En 1962 publicó El espíritu del tiempo, convertido en un clásico sobre el análisis de la cultura de masas y lectura obligada en las facultades de periodismo, según La Vanguardia. Morin fue incluso el inventor de la denominación yeyé en dos artículos aparecidos en Le Monde en julio de 1963, en los que analizaba el fenómeno Salut les copains, encarnado por Johnny Hallyday y una generación de músicos como Claude François, Dick Rivers avec les Chats Sauvages o Françoise Hardy, según El País. Tras la publicación de estos textos, tuvo la oportunidad de conocer al cantante, quien desde entonces lo bautizó como "el mejor amigo de los jóvenes", según la misma fuente.

Otras obras clave fueron El Paradigma perdido: la naturaleza humana, publicado en 1973, donde vincula biología y antropología, según El Diario. Impartió clases en Santiago de Chile en los años 60 y también en San Diego, California, donde estableció las bases de su teoría del pensamiento complejo, según la misma fuente.

Morin fue un intelectual comprometido con los grandes debates de su tiempo: el antifascismo, la crítica al estalinismo, la descolonización, la ecología, la globalización y la defensa de un humanismo renovado, según El País. Aunque durante décadas fue una figura marginal en parte de la universidad francesa, su influencia se extendió internacionalmente, especialmente en América Latina, donde sus ideas inspiraron reformas educativas y centros de investigación, según la misma fuente.

Intelectual de referencia para la izquierda francesa, fue inspirador junto a Stéphane Hessel para aquellos jóvenes que salieron a las plazas del mundo en el año del 15-M, según El País. Hasta sus últimos años siguió publicando, interviniendo en debates públicos y defendiendo la necesidad de una "insurrección de las conciencias" basada en la fraternidad, la cooperación y la esperanza, según la misma fuente.

Siempre opuesto a los pensamientos mayoritarios, esto le valió ser tachado de antisemita por criticar a Israel o, más recientemente, de pro-Putin cuando se opuso a la guerra que occidente emprendió contra la cultura rusa tras la invasión de Ucrania, según El Diario. En su último libro publicado en 2025, titulado ¿Hay lecciones de la historia?, escribió que "otra lección a sacar de esta historia es que no es suficiente haber sido perseguido para no convertirte en perseguidor", según La Vanguardia. Sus palabras sobre Israel fueron claras: "Así, por un nuevo vuelco de la historia, el pueblo que más sufrió persecuciones, ofensas y matanzas, y finalmente un plan de exterminación que, sin la derrota alemana, se hubiera logrado, este pueblo perseguido se ha convertido en una nación dominadora, colonizadora y perseguidora", según la misma fuente.

A los 101 años publicó un libro extraordinario, De guerra en guerra: de 1940 a Ucrania, en el que abordó todos los conflictos en los que había sido testigo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la invasión rusa de Ucrania, según La Vanguardia. El autor destacó la "histeria" de todas las guerras, las mentiras constantes y la criminalización absoluta del enemigo, comparando lo ocurrido en Ucrania con las guerras de la ex Yugoslavia, Argelia o el conflicto israelo-palestino, según la misma fuente. "Estamos ante la escalada de la falta de humanidad y el hundimiento de la humanidad, la escalada del simplismo y el hundimiento de la complejidad. Y, sobre todo, la escalada hacia una guerra mundial que supone el hundimiento de la humanidad en el abismo", escribió en una tribuna publicada en El País a propósito de la guerra en Ucrania.

Morin publicó su libro de memorias, Les souvenirs viennent à ma rencontre, en 2019, donde realizó su propia reflexión sobre la muerte, según La Vanguardia. "Yo también partiré hacia el país donde crece la flor de naranjo", escribió, según El País. En ese libro explicó con gran detalle y sin rubor sus muchos amores y amoríos, declarándose "esclavo del amor", según La Vanguardia.

En su libro Lecciones de un siglo de vida confesó que fue mal padre y mal hijo, según El País. La muerte de su madre fue uno de los episodios que más configuró su pensamiento inicial, justo cuando Morin estaba a punto de cumplir diez años y ella falleció tras un ataque al corazón, según la misma fuente. Más tarde lo describiría como un "Hiroshima interior", según El País. Desde entonces, tendría que, según una frase de Heráclito que haría suya, "vivir de la muerte, morir de la vida", según la misma fuente.

Morin creía que cuanto mayores fueran los riesgos de las crisis, mayores serían las posibilidades de encontrar soluciones, según El País. A la pregunta que a menudo se le hacía sobre si era optimista o pesimista, respondió en 2005: "Soy un optimista-pesimista, tengo esperanza en medio de la desesperación", según la misma fuente. "Tener esperanza no es ser optimista. Porque la esperanza es lo posible, no lo cierto. Comprometeos, pero sin taparos los ojos, sin fanatismos", les pedía a un grupo de jóvenes durante una conferencia universitaria poco después de cumplir los 101 años, según El Diario.

Amante de Antonio Machado, especialmente del verso "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" que solía recitar, y de Joan Manuel Serrat, amigo de Dionisio Ridruejo, Morin estuvo muy ligado a España y a América Latina, con innumerables viajes y largas estancias, por ejemplo en Sitges, según La Vanguardia. Ganó el Premio Internacional Catalunya en 1994, según la misma fuente.

Morin empezó a publicar de muy joven sobre su experiencia como oficial aliado en la Alemania bajo ocupación en el ensayo El año cero de Alemania, según La Vanguardia. El autor fue muy pronto consciente de que había que superar el rencor y apostó por la reconciliación francoalemana, lo cual no era para nada una obviedad en aquellos momentos, según la misma fuente.

Fue condecorado en 1983 con la orden de la Legión de Honor de Francia y en julio de 2021, coincidiendo con su centenario, recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor, según El Diario.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, le recordó en sus redes sociales: "Soldado de la Resistencia, militante y liberado, escritor y pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos, Edgar Morin era el humanismo hecho persona. Con su benevolencia, su curiosidad, no dejaba de iluminarnos. Pensamiento complejo, vida fecunda, espíritu universal. Dirijo a sus allegados las condolencias de la Nación", según El País.

La lucidez de Morin a una edad muy anciana impresionaba, según La Vanguardia. El éxito editorial le llegó en el tramo final de su vida y, pese a su edad, su pluma no dejó de llenar páginas con su pensamiento, siempre lúcido, que también desgranó en otros medios de comunicación e incluso en redes sociales, según El Diario. Desde esas tribunas no paró hasta el último aliento de denunciar los "peligros" que, a su juicio, corre la humanidad, amenazada por una crisis de globalización, una crisis ecológica, una crisis de civilización y, más recientemente, una crisis de pensamiento que expone a la sociedad al dominio de la informática, según la misma fuente.

Considerado un humanista que transformó la sociología y la filosofía moderna, Morin es estudiado en universidades del mundo entero, especialmente en las latinoamericanas, según El Diario. Sin renunciar nunca a su compromiso con la izquierda, el intelectual no dudó en criticar a su campo, lo que le valió siempre situarse en los márgenes del pensamiento, donde nunca negó que se sentía más cómodo, según la misma fuente.

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