Muere el Indio Solari, leyenda del rock argentino y líder de los Redonditos de Ricota
Carlos Alberto Solari, conocido como el Indio Solari, murió este viernes a los 77 años en su casa en las afueras de Buenos Aires, según confirmaron fuentes médicas. El músico, compositor y cantante de la emblemática banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, falleció de forma inmediata a causa de un accidente cerebrovascular hemorrágico, según el informe preliminar de la autopsia. Solari, quien padecía Parkinson desde hace una década, fue hallado desvanecido en una piscina cubierta por una asistente, y presentaba un golpe en la cabeza.
Carlos Alberto Solari fue encontrado sin vida en la mañana del viernes en su residencia ubicada en las afueras de Buenos Aires, según informó El País. Una asistente lo halló desvanecido en una piscina cubierta, y cuando llegaron los médicos de urgencia constataron su fallecimiento. Debido a que presentaba un golpe en la cabeza, la fiscalía de turno ordenó una autopsia para determinar las causas exactas de la muerte.
El informe preliminar, conocido en la tarde del viernes, precisó que el músico "falleció en forma inmediata" a causa de un accidente cerebrovascular hemorrágico y que "no hubo ahogamiento", según El País. Solari tenía 77 años y desde hace una década sufría la enfermedad de Parkinson, dolencia que lo había obligado a abandonar los escenarios.
**Una voz que marcó generaciones**
Nacido en la ciudad de Paraná en 1949, Solari se crió en La Plata, a 50 kilómetros de la capital argentina, según El País. Allí conoció al guitarrista Eduardo Skay Beilinson, con quien fundó hacia 1976 la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un proyecto que se convertiría en uno de los fenómenos musicales más importantes de América Latina.
La inconfundible voz de barítono de Solari, de modulaciones inesperadas y cautivadoras, comenzó como un murmullo en circuitos marginales a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, según El País. Con el tiempo, esa voz se transformó en un fenómeno casi religioso de resonancia ineludible y masiva en Argentina y más allá, convirtiéndose en el corazón salvaje de una identidad popular cultivada alrededor de su críptica poesía y su particular melodía.
**Una discografía influyente**
Los Redonditos de Ricota alumbraron una de las discografías más influyentes de América Latina, con una decena de álbumes que incluyen Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang! (1989), Lobo suelto, cordero atado (1993) y Luzbelito (1996), entre otros, según El País. Estas producciones contienen canciones que hoy forman parte del inconsciente colectivo del país y la región.
Los versos y frases de Solari conquistaron la perduración de la memoria popular: "todo preso es político"; "el lujo es vulgaridad"; "soñas la hoguera donde siempre sos la leña"; "cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón", según El País. Estas letras cimentaron su reputación como poeta de la contracultura y voz de una generación.
**Independencia artística y masividad**
Hacia fines de los años ochenta, la banda se había convertido en un símbolo de independencia artística e incontenible convocatoria, gestado por fuera del dominio de las grandes compañías discográficas, según El País. Su público creciente desarrolló los rituales de una idiosincrasia única, conocida como "la misa ricotera", cuyo principal emblema fue "el pogo más grande del mundo", la multitudinaria danza casi tribal que hacía estallar la interpretación en vivo de canciones como Ji Ji Ji.
Sin embargo, la contracara de la masividad que acompañó a los Redonditos durante toda su trayectoria fue la violencia en sus recitales, según El País. Los enfrentamientos de su público con la policía pasaron a formar parte de la cultura asociada a la banda. En 1991, un joven que había ido a escucharlos, Walter Bulacio, fue asesinado por agentes de seguridad, un caso que todavía es sinónimo de la brutalidad policial, según El País.
Los repetidos incidentes empujaron a los Redonditos a espaciar sus apariciones y a llevarlas fuera de Buenos Aires, a distintos lugares del país que convocarían al peregrinaje de sus fieles seguidores, según El País.
**Disolución y nueva etapa**
La banda se disolvió en 2001, cuando había alcanzado el pico de reconocimiento del público y la crítica, según El País. Después de tres años de silencio, Solari conformó otro grupo centrado en su figura: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Bajo esa denominación publicó cinco álbumes, desde El tesoro de los inocentes (2004) hasta El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), según El País.
La última presentación de Solari sobre el escenario fue en 2017, en la ciudad de Olavarría, y congregó a unas 300.000 personas, según El País. Desde aquel momento, la participación de Solari en los recitales fue virtual o a través de mensajes grabados, debido al avance de su enfermedad.
**Un personaje esquivo con voz política**
Solari hizo de sí mismo un personaje esquivo y enigmático, una figura que, junto a su talento como artista, cimentó la fuente de la que emanó en buena medida su magnetismo, según El País. Sin embargo, no evitó pronunciarse políticamente cuando lo consideró necesario. Cuestionó la condena judicial contra la expresidenta Cristina Kirchner (2007-2015) e incluso la visitó el año pasado en su domicilio, donde permanece detenida, según El País.
Sobre el actual mandatario argentino, Javier Milei, fue terminante: "No sé si es un loco o es mascarón de proa de un interés. Nunca pensé que un tipo con una motosierra pudiera llegar a presidente y pasara todos los filtros", declaró en 2024, según El País.
**Últimos reconocimientos y reflexiones sobre la muerte**
El mes pasado, Solari fue distinguido por la Universidad de Buenos Aires con el título de doctor honoris causa, según El País. No concurrió al acto, pero allí pudo verse su última aparición pública, un video grabado donde agradeció el homenaje.
"No tengo miedo. La curiosidad es más grande que el miedo", declaró cuando dio a conocer que estaba enfermo, según El País. Desde entonces, se había retirado aún más de una vida pública a la que siempre había sido reacio, a la que solo había concedido, como un artesano rebelde, su expresión como músico.
La enfermedad que marcó sus últimos años había puesto a la muerte como materia de reflexión recurrente para Solari. En su autobiografía Recuerdos que mienten un poco (Sudamericana, 2019), basada en diálogos con el escritor Marcelo Figueras, el músico esbozó cómo imaginaba su partida: "A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome en mitad de una partida de póker sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no darán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos. Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante", según El País.
Pocas líneas después, agregaba: "Sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo", según El País.
**Despedida masiva**
Tras conocerse su fallecimiento, en las redes sociales y los medios de comunicación se multiplicaron los mensajes de tristeza y despedida, según El País. "Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre", escribió Skay Beilinson en su cuenta de Instagram, según El País.
La familia y el entorno más cercano del músico anunciaron que organizarán una despedida pública este sábado, aún sin precisiones sobre el lugar, según El País. Sin poder ni querer esperar para demostrar su amor, distintos grupos de seguidores se autoconvocaron para realizar un homenaje en la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, al caer la tarde del viernes: una multitud de personas de diferentes edades y procedencias sociales cantó y bailó las canciones del Indio con la devoción del pueblo por sus pocos ídolos, según El País.
Con la muerte de Solari, Argentina y América Latina pierden a uno de sus artistas más influyentes, un músico que supo construir una obra que trascendió lo musical para convertirse en un fenómeno cultural y social. "Vivir solo cuesta vida", cantaba el Indio. "El futuro llegó hace rato", advertía también. Esa voz de barítono, de modulaciones inesperadas y cautivadoras, ya solo se podrá escuchar en grabaciones, pero su legado permanecerá vivo en la memoria de millones de seguidores que encontraron en sus letras crípticas y su melodía particular una forma de entender y resistir la realidad.



