Arte y Cultura

Muere el pintor alemán Georg Baselitz a los 88 años, el artista que puso el mundo al revés

El pintor y escultor germano-austríaco Georg Baselitz, célebre por sus figuras invertidas y su representación del trauma alemán de posguerra, falleció este jueves a los 88 años, según informó la galería Thaddaeus Ropac de Salzburgo que cita a su estudio. Baselitz, nacido como Hans-Georg Kern en 1938 en Deutschbaselitz, Sajonia, se consolidó como uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo europeo junto a figuras como Gerhard Richter y Anselm Kiefer.

ARTE Y CULTURA30 ABR 2026

Georg Baselitz sustentó su arte y su vida en una premisa que definió su trayectoria: "Lo correcto, para mí es lo insensato", según declaró a El País. Por eso, el gran artista plástico se dedicó a pintar hasta el último momento, trabajando día y noche en obras monumentales de más de tres metros incluso desde su silla de ruedas en sus últimos años, según la prensa alemana.

Nacido con el nombre de Hans-Georg Kern el 23 de enero de 1938 en Deutschbaselitz, Sajonia, adoptó el apellido artístico Baselitz en 1961, tomándolo prestado de su pueblo natal, según El País. Su padre era maestro de escuela y miembro del partido nazi. Tras la caída del Tercer Reich fue degradado y se le prohibió ejercer su profesión; su madre lo reemplazó en la escuela del pueblo, según las fuentes. Baselitz tenía siete años al terminar la guerra. Fue un niño que creció bajo el nazismo y se educó en el comunismo.

"Nací en un orden destruido, un paisaje destruido, un pueblo destruido, una sociedad destruida. Y no quería restablecer ningún orden: ya había visto bastante de ese supuesto orden. Me vi obligado a cuestionarlo todo, a ser ingenuo, a empezar de nuevo", recordaría más tarde el artista, según La Vanguardia.

Su vida y su trabajo se desarrollaron en los años del milagro económico alemán. Sus profesores le expulsaron de la Escuela de Bellas Artes de Berlín Este por, alegaron, su "inmadurez social y política", según El País. Abandonó la entonces comunista Alemania Oriental en 1957, tras ser rechazado por la Academia de Arte de Dresde y suspendido de la Academia de Bellas Artes y Artes Aplicadas de Weißensee en Berlín Oriental, enfrentándose a una creciente presión política y a la perspectiva de trabajos forzados en una cooperativa minera, según El Confidencial.

A finales de los años cincuenta se trasladó a Berlín Occidental, donde asimiló el modernismo de una manera que, según él, fue como una súbita entrada de oxígeno, según Ara. Recordaba el impacto de ver por primera vez obras de Jackson Pollock y otros expresionistas abstractos, una prueba de que Estados Unidos tenía una cultura seria a pesar de lo que le habían enseñado, según la misma fuente. Baselitz hizo de aquella expulsión la vía incómoda para proponer imágenes nuevas, que no se hubieran visto antes. "En ningún caso se trataba de una rebelión contra la sociedad", explicó en una entrevista en El País.

Como a comienzos de los sesenta pocas galerías de Berlín exhibían arte actual, y menos aún figurativo, junto a Eugen Schönebeck montaron una muestra en un bloque de pisos que iba a ser derribado y lanzaron su Manifiesto Pandemónico, que declaraba la fealdad, la obscenidad y la blasfemia como temas de una nueva pintura figurativa, según La Vanguardia.

En 1963, la primera exposición individual de Baselitz en Berlín Occidental fue tachada de pornográfica por la prensa, según El Confidencial. Las autoridades confiscaron dos de sus pinturas por obscenidad: "Die große Nacht im Eimer" ("La gran noche bajo el desagüo") y "El hombre desnudo", según Ara. En ambas obras, rudimentarias, "las erecciones emergen de cuerpos abyectos", según describió The Art Newspaper citado por Ara. En la primera se veía a un ser monstruoso exhibiendo el pene, lo que le valió titulares escandalosos y un proceso por atentado contra la decencia pública, según El País. Era el año 1963, y Baselitz saltó a la fama en su país de la peor —o mejor— manera posible.

"Al principio, mientras el expresionismo y el arte pop proporcionaban aquellos cuadros maravillosos, yo hacía obscenidades. ¿A quién le iba a gustar aquello?", contaba en El País al recordar aquella pintura. Pronto llegaría una polémica por un cuadro en el que un adolescente miembro de las juventudes hitlerianas con el torso desnudo se masturba y tiene rasgos del propio Hitler, según La Vanguardia. La policía se lo acabaría llevando por impúdico.

Dos años después, en 1965, Baselitz se encontraba en Florencia con una beca, según El Confidencial. Fue allí donde creó "Heldenbilder" ("Los héroes"), una serie de pinturas fundamentales que llegaron a ser reconocidas como obras maestras, según la misma fuente. Estas primeras pinturas, marcadas por cuerpos crudos, una masculinidad frustrada y un humor abrasivo, fueron ampliamente interpretadas como una provocación, según Ara. Sus defensores y diversos comisarios de museos también las han leído como un retrato directo de la vida alemana de posguerra: dañada, comprometida y luchando por encontrar un nuevo equilibrio. Esta sensibilidad se prolongó en la serie de los Héroes de mediados de los sesenta, con figuras enormes y dañadas que parecían más supervivientes que vencedores, saliendo a trompicones de un mito nacional derrotado, según la misma fuente.

A finales de los años sesenta, Baselitz decidió darles la vuelta a las figuras que pintaba: la cabeza abajo; los pies arriba. Fue su manera de reflejar en sus telas el trauma alemán, según El País. En 1969 creó "El bosque al revés", la primera de sus pinturas invertidas, de las que el artista habló como de una "tercera vía" entre la abstracción y la figuración, y que pronto se convirtieron en su mayor distintivo, según El Confidencial.

Baselitz no se limitaba a dar la vuelta a imágenes acabadas: las concebía y pintaba invertidas desde el principio, según Ara. Este enfoque alteró la manera en que los espectadores leían sus obras. Al romper el reconocimiento, obligaba a fijarse en los mecanismos de la pintura: el color, el equilibrio y la composición. "Un objeto pintado cabeza abajo es adecuado para la pintura porque es inadecuado como objeto", decía Baselitz, según la misma fuente. Un giro formal que a la vez le permitía imprimir una cualidad abstracta a los cuadros, eliminando la anécdota, pero sin perder la carga psicológica del cuerpo humano, según La Vanguardia.

Tras este complicado capítulo inaugural de su carrera y la decisión en 1969 de pintar las figuras y paisajes al revés, el tercer momento estelar de Georg Baselitz llegó con la invitación en 1980 a exponer en el pabellón de la República Federal de Alemania de la Bienal de Venecia, según El País. Para la ocasión presentó su primera escultura, a la que dio por título "Modelo para una escultura", puesto que él consideraba que no sabía hacer esculturas y por tanto aquello no era más que un "modelo". Se trataba de una figura de madera tallada con hacha y tijeras, un personaje sentado con el brazo alzado. Las reacciones fueron las esperadas. El personaje parecía hacer el saludo nazi; no era difícil verle un parecido con Hitler, según la misma fuente. Baselitz instaló una escultura en madera que parecía realizar un saludo nazi, aunque él aseguró que se trataba de una referencia a la escultura de África, según La Vanguardia.

Estas inversiones lo convirtieron en una figura internacional en los años setenta y ochenta, a medida que el mercado y las instituciones que antes lo consideraban escandaloso lo situaban como un pilar del arte europeo de posguerra, según Ara. Desde principios de la década de 1980, Baselitz se consolidó como uno de los pintores alemanes de mayor renombre internacional y éxito comercial, junto a figuras como Gerhard Richter y Anselm Kiefer, según El País. Su obra le otorgó un lugar central en el arte contemporáneo.

Tras la reunificación alemana, llegó a sus manos un informe de la Stasi que le descubrió que dos de sus mejores amigos de juventud le espiaron a petición de la policía secreta, según El País. Este duro episodio reafirmó su cinismo. "Es algo que me costó mucho tiempo entender. Cuando eso sucedió, yo tenía solo 18 años. Ahora ya lo tengo clasificado en la carpeta de los malos recuerdos, pero entonces me entristeció mucho. Incluso me indujo a la depresión. Por vía de la pintura logré salir de ese estado, retratando a mis familiares y allegados", recordaba en El País.

En su trabajo también apareció el manierismo italiano, el dadá y el arte africano, además de la influencia de la pintura abstracta e informal del Occidente, con Jackson Pollock como uno de sus referentes, según El País. "No tengo la sensibilidad ni la educación o la filosofía de los manieristas italianos. Pero soy un manierista en el sentido de que deformo cosas. Soy brutal, naif y gótico", declaró Baselitz según La Vanguardia.

"Su obra vive en un equilibrio muy fino entre la abstracción y el figurativismo. Pocos artistas de hoy pueden sostenerse sobre los hombros de los gigantes del arte, y uno de ellos es Baselitz", señalaba el comisario de su última exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el británico Norman Rosenthal, según El País. El historiador de arte creía que Baselitz era su propio modelo y centro de su pintura reciente.

Bernard Blistène, comisario de la retrospectiva de 2022 en el Centro Pompidou de París, definió a este artista como "alguien que de la insumisión hizo un método", y citaba a otra especialista, Frédérique Goerig-Hergott: "Los fundamentos de su trabajo fueron durante tiempo la cólera, el sufrimiento y la necesidad de provocar para existir, en la forma (al darle la vuelta al motivo) y en el fondo (los temas ligados a los aspectos turbulentos de la historia, como el nazismo)", según El País.

Unas figuras humanas retratadas inicialmente de manera agresiva, figuras casi primitivas articuladas con líneas gruesas y colores fuertes, aunque con el tiempo no pararía de reinventarlas, fueran figuras arcillosas o figuras blancas abandonadas sobre fondos grises, según La Vanguardia. Cuadros pintados a veces con los dedos y, en los últimos años atravesados incluso por las huellas de su andador o de su silla de ruedas, siguiendo el impulso biográfico en sus cuadros y una vejez que quiso mostrar siempre en sus obras. La cabeza, el cuerpo, la mano, serían reinventados una y otra vez, también en poderosas esculturas de madera increíblemente materiales, repletas de las marcas del hacha, la gubia o la motosierra con la que fueron talladas, según la misma fuente.

En 2015, una de sus series más destacadas de los últimos años visitó de nuevo la Bienal de Arte veneciana: los ocho grandes autorretratos desnudos de la serie Avignon —una referencia a la obra tardía de Picasso expuesta en el Palacio de los Papas—, cuadros de casi cinco metros de altura, pintados ya en el suelo, arrodillado, según La Vanguardia. Unos cuadros que forman parte de unos últimos años en los que a través de retratos suyos y de su mujer ha abordado el cambio físico y la impermanencia.

A lo largo de su trayectoria, Baselitz no solo destacó por su obra, sino también por sus polémicas declaraciones públicas, en las que criticó a otros artistas y sostuvo posturas controvertidas, algunas de las cuales matizó posteriormente, según El País. Provocó reiteradamente polémicas con declaraciones sobre las mujeres pintoras, incluida una afirmación muy difundida según la cual las mujeres "no pintan muy bien", según Ara.

Recibió importantes reconocimientos internacionales, como el Praemium Imperiale, la Legión de Honor francesa y una cátedra honoris causa de la Real Academia de las Artes de Londres, según El País. Fue profesor en instituciones como la Academia Estatal de Bellas Artes de Karlsruhe y la Universidad de las Artes de Berlín, además de miembro de destacadas academias europeas. La evolución de su estilo pronto le granjeó fama internacional y le permitió incluso comprar un castillo cercano a Hannover donde inició colecciones de arte actual, estatuaria africana y manierismo, según La Vanguardia.

En sus últimos años se trasladó a Salzburgo, ciudad del norte de Austria cercana a la frontera con Baviera, y obtuvo la ciudadanía austriaca, según El País y El Confidencial. Baselitz estaba casado con Johanna Elke Kretzschmar, conocida como Elke, con quien tuvo dos hijos, según Ara.

En los últimos años, Baselitz pintaba grandes lienzos desde la silla de ruedas y transportaba pinceles y pinturas en un carro con ruedas, según Ara. "Lo más sensato, en mi situación, sería decir: 'Me limito a formatos pequeños'", declaró a El País a los 87 años, con motivo de una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. "Pero, claro, yo no hago lo que es sensato. Lo que es correcto para mí es lo que es insensato".

Siempre fue consciente de que su papel como creador plástico en la sociedad era limitado. "El artista querría tener un papel. Pero, en realidad, no es más que una lombriz. Su rol es mínimo, y su público, bastante limitado. En realidad, nunca me ha interesado transformar la sociedad, sino proponer una pintura mejor que la del pasado", se definía, según El País. Aun así, con el paso del tiempo y las grandes exposiciones su pintura empezó a entenderse, aunque él siempre tuvo sus dudas: "Diría que mi pintura no fue entendida, y que por ese motivo me llamaron provocador. Cuando uno presenta su trabajo ante el mundo, siempre desea que le aplaudan. Pero, para que ese aplauso tenga lugar, el público tiene que ser capaz de entender algo".

A Georg Baselitz le gustaba insistir, a veces como provocación, a veces como escudo, en que no sabía pintar. Que "no tenía talento", según Ara. Rechazado a los 17 años por la Academia de Bellas Artes de Dresde, consiguió entrar en una academia de Berlín Este, de la que fue expulsado dos semestres más tarde por "inmadurez sociopolítica". "Era estúpido. No tenía educación, pero era un rebelde", recordaba. A partir de esta rebeldía, Baselitz forjó una trayectoria que convertiría a aquel hijo de la Alemania nazi, formado bajo el comunismo soviético, en uno de los artistas definitorios de la Alemania de posguerra.

"Baselitz, el artista nacido en Sajonia que definió el arte visual alemán para toda una generación, influyendo profundamente en los artistas de su época y posteriores, así como en el mundo del arte internacional, ha fallecido en paz a la edad de 88 años", indicó en un obituario publicado en su web la galería Thaddaeus Ropac que ha representado durante años al escultor, según El Confidencial. A lo largo de las décadas, pasó de ser un joven artista provocador a convertirse en el decano consagrado de su gremio.

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