Un análisis exhaustivo del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington revela una paradoja inquietante en la seguridad vial global: mientras que las naciones desarrolladas han logrado reducir significativamente sus tasas de mortalidad en carreteras, los países con menores recursos enfrentan una crisis creciente que concentra la mayoría de las muertes.
Según el estudio publicado el lunes en Lancet Public Health, las tasas de lesiones y muertes por siniestros viales a nivel mundial cayeron más de un 30% cada una entre 1990 y 2023. Sin embargo, esta cifra global oculta disparidades profundas: mientras que siete naciones, entre ellas Estados Unidos, experimentaron aumentos en fallecimientos de peatones y ocupantes de vehículos durante ese período, los datos más recientes muestran que las muertes en carreteras estadounidenses disminuyeron en 2024 y 2025.
La Organización Mundial de la Salud presentó sus propias cifras el lunes, concluyendo que los decesos por siniestros viales cayeron un 21% entre 2011 y 2025. No obstante, esta reducción no ha sido suficiente para contener el impacto devastador: los incidentes vehiculares cobraron más de 1,1 millones de vidas el año pasado, consolidándose como la principal causa de muerte entre niños y jóvenes de entre 5 y 29 años.
La investigación del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud identificó un patrón geográfico alarmante: aunque las tasas de lesiones por siniestros de tránsito son más elevadas en los países de altos ingresos, el 90% de los decesos ocurren en naciones de bajos ingresos. Esta desproporción refleja no solo diferencias en volumen de tráfico, sino también en la capacidad de protección y prevención.
Liane Ong, autora principal del nuevo artículo, explicó que "el resultado de las lesiones por siniestros vehiculares no está determinado sólo por los choques, sino por los sistemas diseñados para prevenirlos y proteger a las personas cuando ocurren". En muchos países de bajos ingresos, las medidas de seguridad no han avanzado al ritmo del rápido crecimiento urbano y del aumento en el uso de vehículos motorizados. Por ejemplo, el requisito de uso del cinturón de seguridad es más común en naciones de altos ingresos, así como las funciones de seguridad en los automóviles, como las bolsas de aire.
En Estados Unidos, la situación presenta tendencias contradictorias. Las muertes por siniestros de tránsito con vehículos motorizados aumentaron durante la última década, alcanzando un máximo de más de 43.000 en 2021, antes de iniciar una tendencia a la baja, según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA). La agencia estima que la cifra cayó a unos 36.600 decesos el año pasado.
Los autores del estudio señalaron que ha habido tendencias contradictorias en Estados Unidos, como la proliferación de vehículos de pasajeros de mayor altura y tamaño, que pueden aumentar la gravedad de los accidentes. Las autoridades estadounidenses también destacaron que cada año se pueden atribuir miles de decesos "a las distracciones al volante", como conductores que revisan sus teléfonos mientras conducen.
Un dato positivo proviene de la Asociación de Seguridad Vial de Gobernadores, que informó recientemente que la cifra de muertes por atropellamiento cayó un 7% en Estados Unidos en 2025, en comparación con el año anterior. Se trata de la mayor reducción anual desde que el número de fallecimiento de peatones comenzó a bajar hace tres años, aunque aún sigue siendo más elevado que las cifras previas a la pandemia de COVID-19.
La OMS identificó la seguridad vial como una prioridad de salud pública internacional hace más de dos décadas. La publicación del informe de Lancet coincide con el inicio de una reunión de alto nivel de Naciones Unidas relacionada con mejorar la seguridad vial a nivel mundial, lo que sugiere un reconocimiento creciente de la necesidad de abordar esta crisis de manera coordinada internacionalmente.
Los investigadores subrayan que la brecha entre países ricos y pobres en seguridad vial no es inevitable, sino el resultado de decisiones políticas y de inversión. Mientras que las naciones desarrolladas han implementado sistemas de prevención sofisticados, regulaciones estrictas y tecnologías de seguridad avanzada, muchos países en desarrollo carecen de la infraestructura básica, la aplicación de leyes de tránsito y los recursos para capacitar a conductores y autoridades.