

Países africanos y caribeños demandaron una disculpa formal y reparaciones de las naciones que se beneficiaron del comercio transatlántico de esclavos, durante una conferencia de tres días celebrada en Ghana que concluyó este junio. La iniciativa se produce tras una resolución histórica de la ONU en marzo que reconoció la esclavitud transatlántica como el "crimen más grave contra la humanidad" e instó a los estados miembros a contribuir a un fondo de reparaciones.
La conferencia "Próximos Pasos" celebrada en Acra, capital de Ghana, culminó con la aprobación de un plan de reparaciones de 19 puntos que establece demandas concretas a las antiguas potencias esclavistas, según informó la BBC.
El plan solicita alivio integral de la deuda, la restitución de propiedad cultural saqueada y el establecimiento de un fondo global de reparaciones, aunque no se especificó una cantidad concreta, según la fuente. El documento también aborda el impacto desproporcionado de la esclavitud sobre mujeres y niñas africanas.
Los líderes de la conferencia exigieron que los países anteriormente involucrados en el comercio de esclavos ofrezcan "disculpas completas, formales e incondicionales", según el reporte.
El presidente de Ghana, John Dramani Mahama, declaró a los delegados: "La historia no nos pide heredar culpa, pero nos pide heredar responsabilidad", según la BBC.
El presidente francés Emmanuel Macron participó virtualmente en la conferencia, donde reconoció que las personas esclavizadas fueron "deshumanizadas y tratadas como mercancías", según la fuente. Sin embargo, advirtió contra reducir las reparaciones por la esclavitud únicamente a compensación financiera, afirmando que no deberían verse como un "cheque escrito para cerrar la historia", según sus declaraciones.
Entre los siglos XV y XIX, aproximadamente entre 12 y 15 millones de hombres, mujeres y niños africanos fueron capturados y traficados hacia las Américas para trabajar como esclavos, según datos citados por la BBC.
La resolución de la Asamblea General de la ONU se votó en marzo, con 123 votos a favor y tres votos en contra —Estados Unidos, Israel y Argentina— para declarar el comercio transatlántico de esclavos como un crimen contra la humanidad, según el reporte. 52 países, incluidos el Reino Unido y los estados miembros de la Unión Europea, se abstuvieron.
A diferencia de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, las de la Asamblea General no son legalmente vinculantes, según la fuente.
El Reino Unido ha rechazado durante mucho tiempo las demandas de pagar reparaciones, argumentando que las instituciones actuales no pueden ser responsabilizadas por errores del pasado, según la BBC.
"Ningún conjunto de atrocidades debe considerarse más o menos significativo que otro", declaró James Kariuki, embajador británico ante la ONU, según el reporte.
El embajador estadounidense ante la ONU hizo eco de esta postura, afirmando que su país no "reconoce un derecho legal a reparaciones por agravios históricos que no eran ilegales bajo el derecho internacional en el momento en que ocurrieron", según la fuente. Añadió que la resolución de la ONU no era clara respecto a "quiénes serían los receptores de la 'justicia reparatoria'", según sus declaraciones.
Ningún país ha pagado nunca reparaciones a los descendientes de africanos esclavizados o a las naciones africanas, caribeñas y latinoamericanas afectadas, según la BBC.
La mayoría de las reparaciones pagadas por gobiernos se realizaron en forma de compensación a los propietarios de esclavos en el siglo XIX, en lugar de a quienes habían sido esclavizados, según el reporte.
Esto incluye al Reino Unido, que en la década de 1830, tras la abolición de la esclavitud, pagó a los propietarios el equivalente a más de 21.000 millones de dólares (16.000 millones de libras) en dinero actual, según la fuente.
La conferencia de Acra representa un paso significativo en el movimiento global por la justicia reparatoria, consolidando las demandas de múltiples naciones y estableciendo un marco de acción concreto. La resistencia de las principales potencias occidentales a aceptar responsabilidad legal y financiera sugiere que el camino hacia cualquier forma de reparaciones será largo y complejo, requiriendo presión diplomática sostenida y posiblemente nuevos mecanismos internacionales para avanzar más allá de declaraciones simbólicas hacia acciones concretas.