La agencia espacial estadounidense NASA se prepara para ejecutar el martes un rescate sin precedentes del telescopio Neil Gehrels Swift Observatory, que tras más de dos décadas en órbita está descendiendo hacia la atmósfera terrestre y enfrenta su destrucción en los próximos meses. Una nave robótica del tamaño de un refrigerador intentará capturar el observatorio y empujarlo de vuelta a una órbita más alta, en una maniobra que nunca se ha intentado antes.
El lanzamiento de la nave de rescate está programado para no antes de las 6:17 hora del este desde el atolón Kwajalein, una de las Islas Marshall en medio del océano Pacífico, según informó The New York Times.
El telescopio Swift, que lleva el nombre del astrónomo Neil Gehrels, ha observado durante más de 20 años los resplandores residuales de algunas de las explosiones más violentas del universo, según la fuente. Lanzado en 2004, el observatorio inicialmente orbitaba a aproximadamente 370 millas (595 kilómetros) sobre la superficie terrestre.
A esa altitud, había muy pocas moléculas de aire con las que Swift pudiera colisionar, pero lentamente, con el tiempo, su órbita ha descendido cada vez más bajo, según el reporte. El telescopio se encuentra ahora a una altitud de aproximadamente 210 millas (338 kilómetros), donde el aire es más denso y ejerce resistencia sobre la nave.
Dentro de pocos meses, la fricción arrastrará a Swift hacia la parte más densa de la atmósfera y lo desintegrará, a menos que la nave robótica pueda completar el rescate, según la información proporcionada.
"Soy cautelosamente optimista", dijo Brad Cenko, investigador principal de la misión Swift, según citó The New York Times.
La maniobra de rescate representa un desafío técnico sin precedentes en la historia de las operaciones espaciales. La nave robótica, del tamaño de un refrigerador, deberá interceptar al telescopio en órbita, capturarlo de manera segura y luego utilizar sus propulsores para elevar la órbita del observatorio a una altitud donde la resistencia atmosférica sea mínima.
El telescopio Swift ha sido fundamental para la astronomía de alta energía durante sus más de dos décadas de operación. Su capacidad para detectar y observar rápidamente los estallidos de rayos gamma y otros fenómenos transitorios violentos lo ha convertido en un instrumento único e irremplazable para la comunidad científica.
La degradación orbital es un fenómeno inevitable para todos los satélites en órbita terrestre baja. Aunque a altitudes superiores a 300 millas la atmósfera es extremadamente tenue, las moléculas de aire residuales ejercen una resistencia constante que, acumulada durante años, reduce gradualmente la altitud de los satélites.
El éxito de esta misión de rescate podría establecer un precedente importante para futuras operaciones de mantenimiento y extensión de vida útil de satélites científicos valiosos. Hasta ahora, los telescopios espaciales y satélites en órbita baja que agotan su combustible o descienden demasiado en la atmósfera han sido considerados pérdidas inevitables.
Si la maniobra fracasa, Swift se unirá a la lista de satélites que regresan a la atmósfera terrestre de manera descontrolada, donde la mayoría de sus componentes se desintegrarán por el calor de la fricción atmosférica. Sin embargo, si tiene éxito, el telescopio podría continuar sus observaciones científicas durante varios años más, proporcionando datos valiosos sobre los eventos más energéticos del cosmos.