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Obispo español justificó encubrimiento de abusos sexuales alegando que menores de 13 años lo provocaron

El fallecido obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, reconoció en una grabación de 2024 que la diócesis protegió a un sacerdote pederasta en 2004 trasladándolo de ciudad, y defendió ante su víctima que menores de 13 años pueden provocar abusos sexuales. La grabación, presentada ante la Fiscalía de Santa Cruz de Tenerife y el Vaticano, documenta cómo la Iglesia española ocultó sistemáticamente casos de pederastia durante décadas.

INTERNACIONAL26 MAR 2026

Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife fallecido en 2025, admitió durante una reunión privada en 2024 con Ciro Molina, víctima de abusos sexuales por parte de un sacerdote, que el obispado protegió deliberadamente al agresor cuando la familia denunció los hechos en 2004, según una grabación a la que ha tenido acceso EL PAÍS.

"En aquella época, la costumbre era cambiar al sacerdote de sitio", se escucha decir a Álvarez en la grabación, que Molina ha presentado ante la Fiscalía Provincial de Santa Cruz de Tenerife y la Comisión de Protección de Menores del Vaticano. Fuentes vaticanas han confirmado a EL PAÍS que tienen en su poder dichas grabaciones, según el medio español. Fuentes de la Fiscalía han avanzado que la denuncia se archivó "por la prescripción, además de por el fallecimiento de quien reconoció que no había hecho nada para comprobar los hechos", según EL PAÍS.

El obispo Álvarez, que en el momento de la primera denuncia interna era vicario general de la diócesis, relató que su antecesor, el obispo Felipe Fernández, trasladó al padre Carmelo a Salamanca para tapar el caso. "Estuvo un año en Salamanca haciendo una especie de reciclaje y demás. Y cuando regresa, lo pone de capellán en el asilo", confesó el prelado durante la reunión en su despacho, según la grabación.

Álvarez llegó al puesto de obispo en 2005 y no abrió un proceso canónico contra el cura hasta 2014, cuando la víctima acudió a la justicia civil, donde el delito ya había prescrito, según EL PAÍS. Lo hizo después de que el abogado de Molina enviase un requerimiento al obispado. El caso también se cerró porque el sacerdote pidió abandonar los hábitos. La diócesis jamás ha reparado a Molina ni ha reconocido públicamente que ocultó los abusos, según el medio.

La diócesis fue la que invitó a Molina a reunirse con el obispo, varios años después de que contase su historia en los medios y se manifestara públicamente junto a otras víctimas de abusos en la Iglesia para pedir justicia. En ningún momento de la conversación, de aproximadamente una hora, Álvarez pidió perdón a Molina, según la grabación.

Cuando Molina le reprochó algunas de sus declaraciones en los medios, como la de 2007 en la que afirmaba que algunos menores incitan al abuso sexual, el obispo se reafirmó: "Tengo experiencia de eso, como sacerdote: chicas y chicos de 13 o 14 años que me han provocado. Ten en cuenta que hace unos años la edad de la libertad sexual era 14 años; ahora es 16 o 18. No sé cuánto. Ahora es 16, ¿no? Bueno, pues yo recuerdo en la isla de La Palma, en Tazacorte...", se escucha en la grabación.

Molina interrumpió: "Pero los niños no provocan, Bernardo". El obispo respondió: "No, no, no, no, no...". La víctima insistió: "Es al revés. Es una visión adultocéntrica. Los niños no provocan. ¿Tú te crees que Carmelo me hacía eso porque yo le provocaba? Eso no se puede decir", según el intercambio documentado.

Los abusos que denunció Molina comenzaron en 1997, cuando tenía entre 9 y 10 años, y se alargaron hasta 2003, según relató a EL PAÍS en 2022. "Cuando nos confesaba, se dedicaba a tocarnos, a mí incluso me dio un beso en la boca, y nos preguntaba por si nos masturbábamos. Te acariciaba, a uno le metió la mano en el pantalón. Ninguno de los monaguillos quería ir a casa del cura. Al final, junto con otros cinco chicos, se lo contamos a los catequistas, pero la gente de la parroquia se encargó de crucificarme a mí y a mi familia", contó el afectado cuando EL PAÍS destapó el caso.

Su madre denunció lo sucedido al obispo Felipe Fernández y, como reveló el obispo Álvarez en la grabación, no se tomaron medidas. En el Vaticano no consta que la diócesis informara a la Santa Sede, como obligaban las normas internas desde 2001, ni que se le abriera un proceso canónico al sacerdote, según EL PAÍS. La diócesis ha manifestado al medio que no tiene conocimiento de dicha grabación y se ha negado a responder si sigue manteniendo que el caso de Molina no se ocultó.

Molina volvió a denunciar su caso en 2014, ya mayor de edad, en el obispado. Entonces Bernardo Álvarez, obligado por la reciente reforma, abrió un proceso canónico e informó a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Roma. El obispo también suspendió cautelarmente al sacerdote. Todo ello figura en la carta que le remitió a la víctima, a la que ha tenido acceso EL PAÍS. El proceso se interrumpió porque el acusado pidió la dispensa para dejar de ser cura. Dejó los hábitos y cambió de vida, según el medio.

Esta estratagema de la diócesis evitó que el sacerdote fuera juzgado, ya que podría haberse negado a admitir la dispensa hasta que el procedimiento canónico concluyese, según EL PAÍS. La Iglesia no ha permitido que Molina tuviera acceso a la documentación de su caso.

Álvarez no mostró compasión durante la reunión con Molina cuando este le relató las penurias y secuelas que le supusieron denunciar al padre Carmelo: "El daño que ha sufrido mi familia: ¿cómo se repara eso? ¿No van a reconocer nunca públicamente que eso pasó y no van a pedir perdón?", preguntó la víctima. Pero Álvarez guardó silencio. Solo lo rompió con monosílabos o para reprocharle cómo actuó: "Lo que tenías que haber hecho, cuando yo fui nombrado obispo [2005], era haber venido", le espetó el prelado, mientras justificaba que su antecesor no le contó nada sobre el tema, según la grabación.

La víctima insistió en que, cuando denunció, el pueblo comenzó a amenazar a su familia. Su vida se truncó y le costó levantar cabeza. Incluso cuando le reveló lo sucedido a algunos sacerdotes de confianza, estos le aconsejaron no hacer nada. "Que tenía que superar eso, que tenía que perdonar, que tenía que olvidarlo", dijo Molina en la grabación.

Cuando la historia de Molina salió a la luz, la Cadena SER Canarias publicó que otras dos víctimas señalaron al mismo sacerdote de haber abusado de ellos entre 1974 y 1979, cuando este era cura en Vallehermoso, en La Gomera, según EL PAÍS. Molina recordó estas acusaciones a Álvarez durante el encuentro: "A mí me pasó porque nadie hizo nada y nadie le puso freno". Pero el obispo, de nuevo, le restó credibilidad: "Yo coincidí en La Gomera con él [el padre Carmelo] y nunca vi nada", según la grabación.

El prelado también arremetió en una ocasión contra Molina por visibilizar su caso ante las instituciones públicas. Fue la primera víctima en España que intervenía en el pleno de un Ayuntamiento, en el de San Cristóbal de la Laguna, Tenerife, para exigir a los concejales que se pronunciasen sobre los casos de pederastia clerical y reclamarles que pidieran el cese de Álvarez como obispo, un gesto simbólico sin consecuencias jurídicas, según EL PAÍS. "¿Qué es necesario para que este pleno condene sin ningún tipo de tibieza, por supuesto al sacerdote que cometió estas atrocidades, pero de manera similar, a quienes no pusieron remedio a tal tropelía?", dijo Molina.

Álvarez, durante el encuentro con Molina, tildó el evento como "un montaje" y le acusó de asegurar ante el Ayuntamiento que él le había recomendado que no presentara denuncia. Pero durante su discurso, disponible íntegro en internet, no aparece esa afirmación, según EL PAÍS. Las afirmaciones del prelado ante el relato de Molina, sobre la situación que atraviesan las víctimas y cómo la Iglesia afronta el escándalo, están cargadas de medias verdades y de bulos, según el medio.

En un momento de la conversación, el obispo afirmó: "El 80% de los que han abusado de menores son homosexuales". La víctima respondió: "Pero Bernardo, un homosexual se acuesta con uno de su edad o por lo menos con alguien que no sea menor. El que abusa de un niño no es porque sea homosexual. El que abusa de un niño lo hace porque tiene una patología", según la grabación.

El obispo interrumpió la reunión porque, dijo, tenía que atender otro asunto. No se comprometió a ninguna propuesta de Molina ni tampoco le trasladó un compromiso de acompañamiento, como urgía entonces el papa Francisco, según EL PAÍS. Solo le dijo: "Apóyate en la gente buena que conoces. Esto es así, esto es así y esto es así. En la Iglesia hay gente buena y gente mala". Molina concluyó la reunión con una frase contundente: "El problema es que no se ha actuado contra la gente mala", según la grabación.

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos, según el medio. El caso de Molina forma parte de un patrón sistemático de encubrimiento de abusos sexuales a menores por parte de la Iglesia católica española durante décadas, donde las diócesis trasladaban a sacerdotes acusados de una parroquia a otra en lugar de denunciarlos a las autoridades civiles o abrir procesos canónicos.

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