Pesticidas en Texas vinculados a epidemia de Parkinson entre trabajadores agrícolas y residentes del Valle del Río Grande
Una investigación revela que los habitantes del Valle del Río Grande en Texas, una de las regiones agrícolas más productivas de Estados Unidos, enfrentan tasas alarmantes de enfermedad de Parkinson debido a la exposición a pesticidas como el paraquat, según estudios de la Universidad de Texas Valle del Río Grande. Entre el 2% y el 3% de los afiliados a Medicare y Medicaid en la zona padecen la enfermedad, mientras la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. reconoce que el paraquat puede desplazarse hasta 20 millas cuadradas desde su punto de aplicación, exponiendo a poblaciones enteras a niveles peligrosos de un herbicida prohibido en 74 países pero cuyo uso aumenta en territorio estadounidense.
La neurocientífica Kelsey Baker corre a refugiarse en su casa cada vez que escucha el zumbido de los aviones fumigadores sobre su vivienda en McAllen, Texas. Ese sonido significa que los pesticidas están siendo rociados sobre los cítricos, melones y otros cultivos que rodean su urbanización en el Valle del Río Grande, una región agrícola de más de 10.000 kilómetros cuadrados regada por el río Grande, según reporta Public Health Watch.
Baker, profesora adjunta y vicedecana en la Universidad de Texas Valle del Río Grande, llegó a la región en 2018 para continuar su investigación sobre accidentes cerebrovasculares y lesiones medulares. Sin embargo, al revisar historiales médicos, descubrió un patrón alarmante: un número extraordinariamente alto de personas padecían la enfermedad de Parkinson, una afección neurológica progresiva que se ha relacionado con los pesticidas y otras toxinas ambientales desde hace al menos 30 años, según la investigación.
Las investigaciones científicas muestran que más del 80% de los casos de Parkinson no tienen vínculos genéticos y probablemente se deban a factores ambientales, según los datos recopilados. Los estudios también han demostrado que las personas expuestas a pesticidas tienen un mayor riesgo de padecer la enfermedad. No existe cura para el Parkinson, y a medida que la enfermedad avanza, sus síntomas más comunes —temblores, lentitud de movimientos, rigidez e inestabilidad— pueden ir acompañados de depresión, dificultad para concentrarse y problemas intestinales y urinarios, según la información médica disponible.
El Parkinson es el trastorno neurológico que más rápido crece en el mundo, y se prevé que afecte a más de 25 millones de personas en 2050, según las proyecciones científicas.
**Una región agrícola rodeada de pesticidas**
Baker, ingeniera biomédica de formación, empezó a estudiar detenidamente los mapas del Valle y descubrió algo llamativo: las viviendas y las escuelas estaban a menudo rodeadas por todos lados de cultivos, algo que no había visto en las zonas agrícolas de otras partes del país en las que había vivido, según declaró a Public Health Watch. Los trabajadores agrícolas corren un riesgo especial de padecer Parkinson, ya que los campos en los que trabajan se suelen rociar con pesticidas. Pero personas como Baker, que simplemente viven cerca de las granjas, también están en peligro, según la investigación.
Un análisis reciente de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos sobre el paraquat, un herbicida con uno de los vínculos más evidentes con Parkinson, desveló que podría desplazarse tan lejos por el aire que cualquier persona que se encuentre en un radio de 20 millas cuadradas desde el lugar de su aplicación podría quedar expuesta a niveles peligrosos, según el documento de la EPA. Aunque el paraquat ha sido prohibido, eliminado progresivamente o retirado en al menos 74 países, su uso ha aumentado en Estados Unidos, en parte porque muchas malas hierbas son resistentes a otros herbicidas, según los datos disponibles.
"En retrospectiva, ¿habría elegido el lugar donde vivo si hubiera sabido todo lo que sé ahora?", declaró Baker a Public Health Watch. "Probablemente no".
Es casi imposible saber cuántos de los 1,4 millones de habitantes del Valle padecen la enfermedad de Parkinson, según el reportaje. Entre el 2% y el 3% de los afiliados a Medicare y Medicaid en la zona padecen la enfermedad, pero esas cifras no incluyen a uno de cada cuatro habitantes del Valle menores de 65 años que carecen por completo de seguro médico, según los datos recopilados. Tampoco tienen en cuenta a los numerosos trabajadores indocumentados de la zona, que no tienen derecho a prestaciones sanitarias estatales ni federales, según la investigación.
**Diferencias cerebrales en pacientes expuestos a pesticidas**
En 2022, Baker se propuso responder a una pregunta que reviste especial relevancia para el Valle: ¿Presentan el cerebro y el cuerpo de los pacientes con Parkinson que han estado expuestos a pesticidas diferencias con respecto a los de quienes no lo han estado?, según explicó la investigadora.
Lo que Baker descubrió en ese pequeño estudio preliminar la inspiró a iniciar un proyecto más amplio y definitivo, según Public Health Watch. Las imágenes no solo mostraban más anomalías en los cerebros de quienes habían estado más expuestos a los pesticidas, sino que también se observaban mayores diferencias en la forma en que sus cerebros y cuerpos se comunicaban, según los resultados del estudio.
El Dr. Ray Dorsey, director del Centro para el Cerebro y el Medio Ambiente del Instituto de Salud e Investigación Atria en Nueva York y coautor del libro The Parkinson's Plan junto con el Dr. Michael Okun, asesor médico nacional de la Fundación Parkinson, defiende que el Parkinson es una enfermedad provocada en gran medida por el ser humano, impulsada por exposiciones a factores que la sociedad puede revertir tomando medidas, según su libro.
Dorsey compara las investigaciones que relacionan el Parkinson con las toxinas ambientales con los primeros estudios que relacionaban el tabaco con el cáncer: la evidencia científica que vincula uno con otro es tan sólida, afirma, que es necesario tomar medidas, según declaró a Public Health Watch.
"Es un sufrimiento evitable e innecesario", declaró Dorsey a Public Health Watch. "A las personas se les está privando de la posibilidad de pasar tiempo con sus nietos y sus hijos debido a la exposición a ciertas sustancias químicas presentes en los alimentos, el agua y el aire, que contribuyen a la enfermedad".
**Historias de víctimas: el profesor del año de Texas**
Leo Armando Ramírez supo que padecía la enfermedad de Parkinson en 2022, veintinueve años después de convertirse en el primer profesor de secundaria hispano en ser nombrado "Profesor del Año de Texas", según el reportaje. Tenía 71 años cuando recibió el diagnóstico, y ya había visto cómo tres miembros de su familia —su madre, su tío y su hermano mayor— padecían la enfermedad, según la información proporcionada.
Ramírez nació en Mission, Texas, una pequeña localidad del Valle conocida como la "cuna del pomelo rojo rubí", según Public Health Watch. A los cinco años empezó a pasar los veranos en los campos, trabajando con su familia. El dinero que ganaban les ayudaba a pagar sus materiales escolares, según relató.
Ramírez fue el mejor alumno de su promoción en el instituto, se graduó en la Universidad de Texas-Pan American en Edinburg —ahora parte de la Universidad de Texas Valle del Río Grande— y enseñó matemáticas en uno de los institutos más grandes del Valle, el McAllen High, según su historia. Muchos de sus alumnos ingresaron en universidades de prestigio. Sus tres hijos estudiaron en la Universidad de Stanford, según el reportaje.
En una entrevista con Public Health Watch en septiembre de 2025, Ramírez apenas logró alzar la voz por encima de un susurro, según describió el medio. Hablaba desde un sillón en su apartamento de Austin, Texas. Su cuerpo estaba ligeramente encogido sobre sí mismo, con los hombros encorvados hacia delante y las extremidades flexionadas, según la descripción. Su esposa, Rosa Esthela, estaba sentada a su lado y le ayudaba con algún comentario cuando él parecía perder el hilo, según el relato.
"Todo se ha vuelto más pequeño", dijo Ramírez, según Public Health Watch. "Doy pasos más cortos. Cuando camino, pierdo el equilibrio. Mi voz se ha vuelto más débil y suave".
La genética podría haber influido en las tragedias médicas que ha sufrido la familia Ramírez, según la investigación. Pero también podrían haberlo hecho los pesticidas a los que estuvieron expuestos, según el análisis.
Ramírez recuerda cómo los productos químicos rociados en los campos vecinos a veces llegaban hasta su familia mientras trabajaban, según su testimonio. "Pero nunca, jamás, me habría imaginado que algún día te diría que eso me afectó de forma negativa", afirmó, según Public Health Watch.
La familia Ramírez no sabe a qué sustancias químicas estuvieron expuestos, según el reportaje. El DDT —diclorodifeniltricloroetano— podría haberse utilizado para controlar los gorgojos en las granjas donde recogían algodón, según la investigación. El DDT, que se ha relacionado con la enfermedad de Parkinson, se utilizó desde la década de 1940 hasta que Estados Unidos lo prohibió en 1972, según los datos históricos. El paraquat, que se introdujo en 1964, podría haberse aplicado durante los últimos veranos de Ramírez en los campos, según el análisis.
La familia también vivió cerca de dos emplazamientos del Superfund —sitios incluidos en programas federales de descontaminación—, donde una planta de procesamiento de pesticidas y unas instalaciones de almacenamiento manipulaban DDT y al menos otras dos sustancias químicas relacionadas con el Parkinson: la dieldrina y el clordano, según la información disponible. Ambos emplazamientos se han relacionado con enfermedades graves en la comunidad, según el reportaje.
En enero de 2026, Ramírez ingresó en una residencia de mayores tras sufrir una caída y romperse un brazo, según Public Health Watch. Tiene días buenos y días malos, según el relato. Cuando Public Health Watch lo entrevistó allí en marzo, susurró un "hola" y luego se quedó en silencio, según describió el medio. En esa visita, Rosa Esthela fue quien habló en gran medida. Llevan casados 53 años y ella dijo que le resulta difícil estar sin él en su apartamento, según su testimonio. Le reconforta el hecho de que su traslado a la residencia le permita tener más acceso a logopedas y fisioterapeutas y le aporte más estructura a sus días, según declaró.
**La enfermera que trabajó en los campos**
Esmeralda "Myla" Garza es una enfermera jubilada de McAllen, Texas, que también trabajó en el campo cuando era niña, según Public Health Watch. Nacida en Tamaulipas, México, su familia formó parte del Programa Bracero, que ofrecía contratos de trabajo temporal a ciudadanos mexicanos, según la información proporcionada. Recogían frutas y verduras en los estados de Washington, Oregón, Minnesota, Illinois y Texas, según su relato.
Al igual que Ramírez, Garza recuerda a los aviones fumigadores que echaban pesticidas y fertilizantes sobre los campos donde ellos trabajaban, según su testimonio. "Simplemente aparecían y fumigaban", recordó, según Public Health Watch. "Y nosotros éramos tan inocentes. No pensábamos que fuera malo. Pensábamos: 'Está ayudando al cultivo'. Confiábamos en los agricultores".
En 2019, una amiga se dio cuenta de que a Garza le temblaba la mano y le dijo que parecía Parkinson, según el relato. Garza, que entonces tenía 59 años, se lo comentó a su psiquiatra, quien la derivó a un neurólogo, según la información.
El Valle del Río Grande solo cuenta con unos 30 neurólogos, la mitad de los que cabría esperar en una región con su población, según los datos recopilados por la Academia Americana de Neurología. Ninguno de ellos es "especialista en trastornos del movimiento", un tipo de neurólogo con formación adicional para tratar el Parkinson, según la información disponible. Para acceder a esa atención especializada, los pacientes deben viajar varias horas en coche hasta San Antonio o Houston, según el reportaje. Según la Sociedad Internacional de Parkinson y Trastornos del Movimiento, el especialista en trastornos del movimiento más cercano al Valle, en línea recta, se encuentra en Monterrey, México, según los datos.
El Parkinson puede ser difícil de diagnosticar, según la información médica. No existe ningún análisis de sangre ni exploración cerebral definitivos para identificar la enfermedad, por lo que los médicos suelen basar su diagnóstico principalmente en los síntomas, según los expertos. Los diagnósticos erróneos son frecuentes, según la investigación.
El neurólogo de Garza en el Valle la derivó a un especialista en trastornos del movimiento en San Antonio, según Public Health Watch. A lo largo de los años, ha consultado a tres neurólogos y a un psiquiatra, que la ayuda a afrontar los retos emocionales que supone vivir con la enfermedad, según su relato.
Garza se jubiló en 2025, tras ser hospitalizada por una grave infección del tracto urinario, según la información. Había empezado a sufrir caídas y le costaba realizar tareas básicas, como tomar apuntes, según su testimonio. Según cuenta, solo prepararse para ir al trabajo podía llevarle dos horas, ya que lavarse y vestirse le resultaba muy difícil, según declaró.
Hoy en día, Garza camina con un bastón y, a veces, con un andador, según Public Health Watch. Le tiemblan tanto las manos que le cuesta enviar mensajes de texto o usar el ordenador, según su relato. Su cuerpo y su rostro han cambiado, lo que, según ella, afecta a su autoestima y a su confianza, según declaró.
Aun así, ella sigue adelante, según el reportaje. Una vez al mes, conduce ella sola hasta un grupo de apoyo para personas con Parkinson organizado por el South Texas Health System, donde aprende nuevos ejercicios e intercambia consejos con los demás, según la información.
"Doy las gracias a mi familia, a mis compañeros de trabajo, a los médicos, a las enfermeras y a Dios, que me han ayudado a superar este camino", dijo Garza, según Public Health Watch. "No voy a rendirme. Soy una luchadora. No me rindo fácilmente".
**Tres décadas de investigación en California**
La Dra. Beate Ritz, profesora de epidemiología y neurología en la Universidad de California en Los Ángeles, lleva casi tres décadas estudiando la relación entre los pesticidas y el Parkinson en el Valle Central de California, según la investigación. Esta región produce una cuarta parte de los alimentos del país y cuenta con la mayor concentración de trabajadores agrícolas de Estados Unidos, según los datos.
Dado que realizar pruebas con sustancias químicas tóxicas directamente en seres humanos es poco ético, Ritz ha utilizado grandes conjuntos de datos para buscar picos de incidencia de la enfermedad en comunidades donde se utilizan estos productos, según su metodología. Entre sus hallazgos: las personas tienen un 90% más de riesgo de desarrollar Parkinson si trabajan o viven a menos de unos 400 metros de una zona donde se ha aplicado paraquat durante muchos años, según los resultados de su investigación.
El paraquat también se ha relacionado con el Parkinson en experimentos de laboratorio con roedores, conejos y otros animales, según los estudios científicos. Cuando los roedores inhalan paraquat, los científicos observan cambios en sus cerebros similares a los que se observan en personas con la enfermedad de Parkinson, según la investigación.
Dorsey, coautor de The Parkinson's Plan, afirma que las pruebas son tan abrumadoras que la EPA debería prohibir el paraquat, según declaró a Public Health Watch. "¿Qué más se puede pedir?", preguntó, según el medio. "A menos que quieras que agarremos a niños de cinco años y los sometamos aleatoriamente a la exposición al paraquat… No sé qué pruebas adicionales se podrían pedir".
"El beneficio de la duda debe recaer en las personas, no en el producto químico", declaró Dorsey, según Public Health Watch. "Debemos dejar de hacer malabarismos para justificar por qué seguimos utilizando un herbicida que lleva 60 años en el mercado y que China, Inglaterra y otros 50 países han considerado peligroso para su población".
**La EPA y la revisión del paraquat**
En 2011, la EPA inició una revisión de 15 años de duración de docenas de plaguicidas, incluido el paraquat, según la información oficial. El objetivo era determinar si cumplían con las normas legales vigentes en materia de seguridad y eficacia, según la agencia.
Una década más tarde, la agencia publicó una decisión provisional sobre el paraquat, según Public Health Watch. El documento afirmaba que "las pruebas disponibles eran insuficientes para establecer una relación entre la exposición al paraquat derivada del uso de productos pesticidas registrados en Estados Unidos y la enfermedad de Parkinson en seres humanos", según el documento de la EPA.
La respuesta de los grupos que llevan años luchando por la prohibición de este pesticida fue rápida y contundente, según el reportaje. Defensores de los trabajadores agrícolas —entre ellos la Asociación de Trabajadores Agrícolas de Florida, Farmworker Justice, la Alianza Nacional de Campesinas y la Fundación de Asistencia Legal Rural de California— se unieron a la Fundación Michael J. Fox, la Red de Acción contra los Pesticidas, el Centro para la Diversidad Biológica y Toxic Free North Carolina para demandar a la EPA, alegando que no había revisado adecuadamente las pruebas que relacionaban el paraquat con la enfermedad de Parkinson, según la información. Estaban representados por la organización sin ánimo de lucro dedicada al derecho medioambiental Earthjustice, según el reportaje.
La EPA solicitó más tiempo para examinar las pruebas, y el proceso judicial quedó en suspenso, según Public Health Watch. En 2025, la agencia publicó nuevos cálculos que indicaban que el pesticida podía dispersarse mucho más lejos de lo que se pensaba, según los datos. Esos cálculos, conocidos como "análisis de volatilización", se basaban en nuevos datos proporcionados por Syngenta, uno de los mayores fabricantes mundiales de paraquat y el principal proveedor en Estados Unidos, según la información.
En respuesta a las preguntas formuladas por Public Health Watch, la oficina de prensa de la EPA afirmó que la agencia debe ahora confirmar esos resultados con pruebas en condiciones reales, según el comunicado. Esas pruebas llevarán hasta dos años, según la oficina, y la agencia necesitará entonces tiempo para revisar los resultados, según la EPA.
Jonathan Kalmuss-Katz, abogado de Earthjustice, afirmó que la EPA debería suspender el uso del paraquat hasta que se complete el estudio, según declaró a Public Health Watch. "Se está dejando a los trabajadores expuestos a un pesticida inaceptablemente peligroso", señaló, según el medio, "y se les está exponiendo a un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson y otros daños graves".
La oficina de prensa de la EPA señaló que la agencia puede suspender el uso de un pesticida si determina que supone "un peligro inminente", según el comunicado. Sin embargo, "la EPA no ha llegado a esa conclusión con respecto al paraquat en este momento", continuaba el correo electrónico de la agencia, según Public Health Watch.
"Es engañoso insinuar que, por el mero hecho de que la presión de vapor de una sustancia química sea mayor de lo que se pensaba, esta suponga necesariamente un riesgo preocupante", indicaba el correo electrónico de la agencia, según el medio. "El análisis de volatilización se basa deliberadamente en las condiciones más desfavorables para la modelización y, por lo tanto, predice concentraciones en el aire que probablemente superarían las registradas en condiciones ambientales y prácticas de aplicación habituales", según la EPA.
Mientras la EPA sopesa sus deliberaciones, la Fundación Michael J. Fox, la Fundación Parkinson y otros grupos de defensa han estado instando a los estados a tomar medidas, según Public Health Watch. En mayo de 2026, obtuvieron su primera victoria: Vermont es ahora el primer estado del país en prohibir la venta o el uso del paraquat, según la información.
**Miles de demandas contra fabricantes**
Desde 2017, los pacientes de Parkinson y sus familias han presentado más de 8.000 demandas contra Syngenta y Chevron, que distribuyeron paraquat en Estados Unidos durante unos 20 años, según los documentos judiciales. Los documentos judiciales sugieren que las empresas sabían ya en la década de 1960 que el herbicida provocaba temblores y problemas de movimiento en roedores y conejos, y dañaba el cerebro de otros mamíferos, según la información legal.
En abril de 2026, Syngenta anunció que dejará de producir paraquat en junio, según el comunicado de la empresa. Cuando Public Health Watch preguntó si la decisión estaba relacionada con los nuevos datos sobre volatilidad, un representante de la empresa respondió en un correo electrónico que la decisión "se tomó únicamente por razones comerciales, como reflejo de la importante competencia de los fabricantes de genéricos en todo el mundo", según la respuesta de Syngenta. Hay otras dieciocho empresas registradas para vender o distribuir paraquat, o productos que contienen paraquat, en Estados Unidos, por lo que es probable que el pesticida siga utilizándose en las explotaciones agrícolas estadounidenses, según los datos de registro.
**Conclusión: una crisis de salud pública evitable**
La situación en el Valle del Río Grande representa una crisis de salud pública que, según los expertos consultados, es completamente evitable. Con más de 1,4 millones de habitantes en la región, la falta de datos precisos sobre la prevalencia real del Parkinson —especialmente entre trabajadores indocumentados y personas sin seguro médico— sugiere que el problema podría ser mucho mayor de lo documentado oficialmente, según el análisis de Public Health Watch.
La escasez de especialistas en trastornos del movimiento en la región —ninguno de los 30 neurólogos disponibles tiene esta formación especializada— significa que muchos pacientes no reciben el diagnóstico o tratamiento adecuado, según los datos de la Academia Americana de Neurología. La necesidad de viajar varias horas hasta San Antonio o Houston para recibir atención especializada representa una barrera adicional para una población que ya enfrenta altas tasas de falta de seguro médico, según la investigación.
Mientras Vermont se convierte en el primer estado en prohibir el paraquat y otros 74 países ya han tomado medidas similares, el debate continúa en Estados Unidos sobre si las pruebas científicas son suficientes para justificar una prohibición nacional. La EPA ha indicado que necesitará al menos dos años más para completar sus estudios de volatilización en condiciones reales, lo que significa que miles de trabajadores agrícolas y residentes cercanos a campos de cultivo continuarán expuestos al herbicida durante ese período, según la agencia.
Los casos de Leo Armando Ramírez, Esmeralda Garza y la propia preocupación de la investigadora Kelsey Baker ilustran cómo esta exposición afecta no solo a trabajadores agrícolas, sino a comunidades enteras que viven cerca de zonas de cultivo intensivo. Con el Parkinson proyectado para afectar a más de 25 millones de personas globalmente para 2050, la decisión sobre cómo regular pesticidas como el paraquat tendrá implicaciones que van mucho más allá del Valle del Río Grande, según las proyecciones científicas.

