Alan Greer, casado y con un hijo, se suicidó en abril después de que la policía irrumpiera en su vivienda y realizara un registro que extrajo numerosas pruebas de su doble vida y actividades criminales, según informó la BBC.
El primer ataque documentado ocurrió en 2012, cuando una mujer llamó a la policía para denunciar un altercado violento en su domicilio. Dos agentes uniformados, incluido Greer, se presentaron para tomarle declaración. Horas después, Greer regresó a la casa para abusar sexualmente de la mujer y violarla. La víctima tardó 13 años en reunir el valor para denunciar el crimen en 2025.
Cuando la víctima finalmente presentó su denuncia, la Unidad Anticorrupción de la policía escocesa comenzó a rastrear el historial del agresor. Utilizando el registro de la llamada original de 2012, identificaron a los agentes que acudieron a la escena. Los investigadores descubrieron que Greer, en las semanas posteriores a aquella denuncia, accedió al sistema informático de la policía para rastrear el historial delictivo de la mujer, presumiblemente para averiguar si había revelado algo sobre la violación.
La investigación reveló que Greer había atacado sexualmente al menos a otras ocho mujeres, de las cuales seis eran prostitutas. Los pesquisas demostraron que el agente había utilizado los servicios de cientos de estas mujeres a lo largo de los años, y todo sugiere que el número real de víctimas podría ser superior al conocido hasta ahora.
En el registro de su domicilio fueron requisados siete teléfonos móviles y una computadora portátil. Los miles de videos y fotos extraídas de aquellos aparatos confirmaron las actividades criminales de Greer durante años.
Lynn Ratcliff, comisaria adjunta de la policía escocesa, declaró: "Este agente abusó de un modo claro de su poder, cuando se decidió a volver a visitar a alguien a quien había conocido cuando estaba de servicio. La víctima, sin embargo, fue lo suficientemente valiente como para acudir a la policía, y eso sirvió como detonante de una investigación que nos ha permitido identificar al menos a otras ocho más".
Greer nació en Australia pero se instaló con su familia en el Reino Unido cuando tenía seis años. Ingresó en el cuerpo policial en 2009 y su historial oficial era impecable. Comenzó como oficial uniformado en Glasgow, pero siete años después logró un puesto en formación de agentes, donde adiestraba a policías en período de prueba o que necesitaban nueva formación. Según la policía escocesa, nadie en su entorno familiar ni laboral sospechaba de su doble vida, y la institución insiste en que nunca se dieron señales o incidentes que hubieran alertado de su conducta.
El caso de Greer evoca el precedente de Wayne Couzens, agente de la Policía Metropolitana de Londres que violó y asesinó a la joven Sarah Everard en 2021. El crimen de Couzens desató un movimiento sin precedentes en Londres, con miles de mujeres reclamando mayor seguridad e impulsó una investigación interna sobre los métodos y actitudes de la policía metropolitana que reveló una profunda misoginia institucional.
Tras el caso Everard, otras mujeres reunieron el valor para denunciar abusos policiales. En enero de 2023, David Carrick, agente de 48 años conocido entre sus compañeros como "Bastard Dave" por su carácter agresivo, admitió ante un tribunal de Southwark su culpabilidad en más de 80 delitos, incluidas 48 violaciones a 12 mujeres, cometidas a lo largo de dos décadas.
El informe encargado por el alcalde de Londres, Sadiq Khan, a la baronesa Louise Casey, una figura independiente respetada por su trabajo en defensa de víctimas de abusos, fue demoledor. El documento de 363 páginas reflejaba una institución "podrida" plagada de "racismo institucional, misoginia y homofobia" que ya no gozaba de la confianza de los ciudadanos británicos.
La policía escocesa se ha resistido hasta el momento a establecer comparaciones directas con el caso de la Policía Metropolitana. Ratcliff declaró: "En esta fase de la investigación, no existen pruebas que sugieran algo similar [en el sentido de señales de alerta ignoradas], pero seguiremos revisando el asunto, porque en investigaciones internas como la llevada a cabo queremos asegurarnos de que se aprendan las lecciones necesarias".
El caso de Greer plantea interrogantes críticos sobre los sistemas de supervisión y control interno en Police Scotland. La capacidad de un agente para acceder al sistema informático de la policía sin supervisión aparente, así como la ausencia de mecanismos que detectaran patrones de comportamiento predatorio durante 14 años, sugieren vulnerabilidades sistémicas graves.
La investigación continúa en curso, y las autoridades escocesas enfrentan la presión de demostrar que han aprendido de los errores cometidos por la Policía Metropolitana de Londres. El caso también reaviva el debate más amplio sobre la cultura institucional en los cuerpos policiales británicos y la necesidad de reformas estructurales para proteger a las mujeres de abusos por parte de agentes que ostentan autoridad.




