El primer ministro iraquí Ali al-Zaidi ha encontrado una resistencia significativa en su intento de someter a las milicias respaldadas por Irán al control estatal, después de que la administración Trump ejerciera una intensa presión para controlar a estos grupos armados mediante la suspensión de envíos de dólares y financiamiento a los servicios de seguridad del país, según reporta The New York Times.
Al-Zaidi, un recién llegado a la política, asumió el poder a finales de abril de 2026, poco después de que Estados Unidos suspendiera los envíos de dólares que Irak había ganado con sus propias ventas de petróleo y detuviera el financiamiento para los servicios de seguridad del país, según The New York Times. Las medidas reforzaron las demandas estadounidenses de una represión contra las milicias que operan fuera del control gubernamental y de que el gobierno iraquí se distancie de Irán.
El mes pasado, al-Zaidi ordenó que todos los grupos armados quedaran bajo autoridad estatal directa, según la fuente. Sin embargo, algunas de las milicias más poderosas vinculadas a Irán rechazaron la demanda.
Entre ellas destaca Kataib Hezbollah, un grupo que ha atacado objetivos estadounidenses en Irak en los últimos meses y que se ha atribuido la responsabilidad de secuestros de alto perfil, incluido el de un periodista estadounidense en Bagdad este año, según The New York Times.
Irak ha estado atrapado durante años en un tira y afloja entre sus dos principales aliados: Estados Unidos e Irán, según la fuente. En ocasiones, las dos potencias extranjeras han convertido al país en un campo de batalla por poderes.
Esta no es la primera vez que Irak intenta someter a las milicias a un control gubernamental más estricto, pero los intentos anteriores han fracasado, según The New York Times.
La situación actual representa un desafío crítico para al-Zaidi, quien debe equilibrar las presiones económicas y de seguridad de Estados Unidos con la realidad sobre el terreno de grupos armados poderosos que mantienen vínculos estrechos con Teherán. La suspensión de los envíos de dólares y el financiamiento de seguridad por parte de Washington constituye una palanca económica significativa en un país que depende en gran medida de sus exportaciones petroleras y de la asistencia estadounidense.
El rechazo de grupos como Kataib Hezbollah a someterse al control estatal subraya la complejidad del panorama de seguridad iraquí, donde múltiples actores armados operan con diversos grados de autonomía y lealtades divididas entre Bagdad, Teherán y sus propias agendas políticas y militares.
La capacidad de al-Zaidi para navegar esta crisis determinará no solo la estabilidad de su gobierno, sino también el futuro de la relación de Irak con ambas potencias y la posibilidad de consolidar el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza, un principio fundamental de la soberanía nacional que el país ha luchado por establecer desde la invasión estadounidense de 2003.