

El Reino Unido podría estar a semanas de necesitar racionar combustible si el estrecho de Ormuz permanece cerrado al tráfico marítimo debido a drones y minas iraníes, según advirtió el exejecutivo de BP y asesor gubernamental Nick Butler. La crisis, desencadenada por una guerra iniciada por Estados Unidos, amenaza con elevar las facturas energéticas británicas en 500 libras esterlinas y provocar una nueva ola inflacionaria que podría desestabilizar al gobierno laborista de Keir Starmer.
El estrecho de Ormuz, vital ruta de transporte marítimo, se ha vuelto inseguro para el tráfico de buques debido a drones y minas iraníes, según reportó The Guardian. Esta situación ha llevado a Nick Butler, exejecutivo de BP y asesor del gobierno británico, a advertir que el Reino Unido podría necesitar racionar combustible en cuestión de semanas si la crisis persiste.
La advertencia de Butler evoca la crisis de Suez de hace setenta años, cuando Gran Bretaña implementó racionamiento de gasolina limitando a los conductores a 200 millas mensuales, con excepciones para agricultores, médicos y vicarios. En aquella ocasión, las calles británicas quedaron prácticamente vacías tras una última oleada de compras de pánico, según relata la fuente.
La crisis actual, descrita como "la propia versión estadounidense de Suez", involucra a una gran potencia que inició una guerra "que aparentemente no sabe cómo terminar, contra un enemigo que subestimó lamentablemente", según el análisis publicado. El presidente estadounidense Donald Trump ahora exige que los miembros de la OTAN lo rescaten de esta crisis, amenazando con "un futuro muy malo" para la alianza si no asume la peligrosa tarea de despejar el estrecho.
La respuesta europea ha sido de abierto desdén. Boris Pistorius, ministro de Defensa de Alemania, cuestionó: "¿Qué espera Donald Trump de un puñado de fragatas europeas en el estrecho de Ormuz que la poderosa armada estadounidense no pueda manejar sola?", según citó The Guardian.
Sin embargo, enviar drones cazaminas británicos al Golfo Pérsico probablemente sea preferible a la alternativa: economías globales paralizándose. Una crisis energética sostenida podría aumentar las facturas energéticas promedio de los hogares británicos en 500 libras esterlinas, según cálculos del grupo de expertos Resolution Foundation. Además, inflaría el precio de cualquier producto, desde alimentos hasta ropa, producido o transportado usando combustibles fósiles.
Otros países ya están tomando medidas drásticas. Pakistán ha cerrado escuelas y puesto las oficinas gubernamentales en semana laboral de cuatro días, Vietnam está instando a la gente a trabajar desde casa, y Bangladesh ha estacionado soldados en depósitos de combustible tras implementar racionamiento para motociclistas, según reporta la fuente.
En el Reino Unido, tanto Nigel Farage como Kemi Badenoch fueron inicialmente entusiastas de esta "guerra mal considerada", y "no deberían poder olvidarlo ahora que la Trumpflación está sobre nosotros", según el análisis. Pero no son solo los partidos de derecha los que están preparados para beneficiarse del sentimiento de que la vida es "una crisis permanente del costo de vida que nadie parece saber cómo arreglar": los Verdes también están ahora en contienda.
La canciller Rachel Reeves respondió rápidamente con ayuda para los 1.7 millones de hogares, principalmente rurales, que dependen del petróleo para calefacción y agua caliente, cuyas facturas se duplicaron casi de la noche a la mañana cuando comenzaron los bombardeos, según la fuente. Si los precios de la gasolina siguen altos para otoño, se espera que elimine el aumento planificado de septiembre en el impuesto al combustible.
Sin embargo, Reeves advirtió que la ayuda financiera probablemente se dirigirá a trabajadores de menores ingresos esta vez, no se repartirá tanto a ricos como a pobres como ocurrió cuando las facturas se dispararon tras la guerra de Ucrania, según reportó The Guardian. Esta declaración anticipa decisiones más difíciles si el Golfo no puede reabrir pronto para los negocios.
El dilema fundamental que enfrenta el gobierno es si puede permitirse "verter millones en subsidiar facturas cada vez que algún gran productor de combustibles fósiles nos manipula", o si el dinero se gasta mejor "yendo más lejos y más rápido en cero neto", incentivando a la gente a cambiar a autos eléctricos y bombas de calor para que los petroestados "ya no nos tengan contra la pared", según plantea el análisis.
El modelado del Comité de Cambio Climático del gobierno sugiere que si Gran Bretaña logra mantener su camino hacia cero neto, para 2040 incluso un shock petrolero sustancial del tamaño de la guerra de Ucrania elevaría las facturas energéticas solo un 4% apenas perceptible, comparado con 59% en un mundo de alto carbono, según datos citados en la fuente.
La transición, sin embargo, no está exenta de riesgos políticos. Cuando Alemania intentó desengancharse del gas ruso barato tras la guerra de Ucrania, el ganador inesperado fue la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), alimentándose de la ira por el consiguiente aumento en las facturas de calefacción, según el artículo. Reform parece estar intentando algo similar en el Reino Unido, atacando lo que Farage llama "gravámenes verdes lunáticos" aplicados a las facturas de servicios públicos, a pesar de estudios que muestran que la energía limpia barata financiada por esos gravámenes ahorró al país una fortuna en general entre 2010 y 2023.
El primer ministro Keir Starmer enfrenta una decisión crucial: ¿priorizar la resiliencia ahora, amortiguando a la gente a través de tiempos aterradores, o la resiliencia para el futuro que viene de redoblar la apuesta por cero neto? "¿Es el punto de un gobierno laborista ofrecer refugio de una tormenta, o intentar cabalgar el viento?", plantea el análisis. "Puede que no tenga mucho tiempo para elegir un lado".
Gran Bretaña no quería conflicto con Irán pero "nos encontró de todos modos", según la fuente, y lo mismo ocurre con cualquier onda expansiva económica. Aunque estas son decisiones que ningún gobierno quiere apresurar, la guerra puede terminar forzando las manos. La pregunta es si el gobierno laborista puede sobrevivir a otra crisis inflacionaria en un momento en que tanto Reform UK como el Partido Verde representan amenazas crecientes a su base electoral.