

La científica y escritora estadounidense Robin Wall Kimmerer plantea en su nuevo libro 'El guillomo' un modelo económico basado en la reciprocidad y la abundancia que encuentra en la naturaleza, defendiendo que 'el capitalismo no es un fenómeno natural, es una elección'.
La científica y escritora Robin Wall Kimmerer (Nueva York, 1953) propone un cambio de paradigma económico inspirado en los patrones de la naturaleza en su nuevo libro 'El guillomo. Abundancia y reciprocidad en el mundo natural', recientemente publicado en España por Capitán Swing.
Kimmerer, quien se describe a sí misma primero como madre, luego como científica y profesora distinguida de Biología Ambiental, y también como miembro de la Nación Citizen Potawatomi, plantea que la amabilidad puede ser un acto de resistencia en tiempos de polarización. 'Necesitamos dotarnos de un nuevo lenguaje, algo que afirme que esto es lo que significa ser humano', explica según El País.
En su obra, la autora desarrolla el concepto de 'economía del don', un sistema basado en generar vínculos comunitarios a través de la reciprocidad, inspirado en cómo funcionan las relaciones entre plantas, aves e insectos. 'Las plantas no se quedan con las bayas. Las regalan a los pájaros, que a su vez, dispersan el polen que dará lugar al nacimiento de nuevos arbustos', explica Kimmerer, doctora en ecología vegetal y directora del Centro para los Pueblos Nativos y el Medio Ambiente.
Una de las motivaciones para escribir este libro, según confiesa la autora, fue 'profundizar en las maneras en que cambiar las prácticas individuales como resistencia' frente a un sistema que empuja hacia la competencia, la escasez y el aislamiento. Los acontecimientos recientes —la pandemia mundial y la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos— también influyeron en su reflexión.
'Durante la pandemia necesitábamos amabilidad, generosidad, conocer a nuestros vecinos, ayuda mutua. Volvimos a aprender cómo hacer esas cosas. Y lo hicimos bien', señala Kimmerer. Sin embargo, lamenta que 'todo el mundo estaba tan ansioso por volver a la normalidad que dejamos atrás lo que habíamos aprendido'.
La economía del don que propone no pretende competir directamente con el capitalismo a gran escala, sino establecer otro tipo de relaciones con el entorno que permitan resistir, a nivel local, la crisis climática y democrática actual. 'La pregunta siempre es: ¿Cómo generalizar esta buena idea? Y quiero resistirme a esa pregunta', afirma. Según Kimmerer, estas economías funcionan porque son adecuadas a su escala: el vecindario, la comunidad. 'No puede ser grande, pero puede multiplicarse. Y ahí es donde está su poder', defiende.
La autora comparte ejemplos concretos de cómo estas ideas ya están funcionando en pequeñas comunidades. Cuenta cómo un vivero comenzó a regalar árboles de guillomo y 'cuando la gente venía a recoger su árbol, traían la parte trasera de su camioneta llena de otras plantas de su jardín para regalarlas a su comunidad'. Estas experiencias le demuestran que 'tenemos hambre de amabilidad y generosidad'.
Kimmerer enfatiza que el cambio no viene motivado por la información o el miedo, sino por la alegría: 'La felicidad, el disfrute y la diversión son contagiosos'. Por eso su libro rehúye del tono apocalíptico común en el discurso ambiental. Aunque no elude la responsabilidad política ni la exigencia de rendición de cuentas, insiste en que 'el capitalismo no es un fenómeno natural: es una elección. Tenemos el poder de elegir nuestros valores y a quienes los representan'.
En línea con estas ideas, la científica ha impulsado iniciativas como 'Plant Baby Plant' (planta, baby, planta), un proyecto que busca amplificar movimientos de resistencia creativa ya existentes. 'Queríamos voltear la historia hacia el lado alegre: unámonos, creemos comunidad para sanar la tierra', explica. Frente al desmantelamiento de políticas de protección ambiental, propone una resistencia desde lo local: 'Si tienes un jardín, no hace mucha diferencia. Pero cuando tienes todo un vecindario lleno de estos pequeños jardines, entonces vemos que la biodiversidad realmente responde'.
Para Kimmerer, la maternidad —entendida como el cuidado de la vida, propia y ajena— revela de manera tangible la lógica de la economía del don y despierta una responsabilidad intergeneracional. 'Queremos que nuestros hijos vivan en un mundo verde y bueno', afirma. Su propuesta pasa por resignificar la individualidad: 'Yo no soy yo. Soy mis hijos. Soy mis árboles. Soy mi aire. Soy mi agua. Los economistas dicen que siempre actuaremos en nuestro propio interés. Probablemente, sea cierto, así que lo que necesitamos es expandir qué es el yo. Ese yo es nuestra comunidad'.
La autora, que conquistó a millones de lectores con su libro anterior 'Una trenza de hierba sagrada', concluye con un mensaje esperanzador sobre lo aprendido durante la pandemia: 'Entonces lo demostramos, entendimos que somos una comunidad, aunque en seguida nos olvidamos. Pero hay una pequeña esperanza: sabemos cómo hacerlo'.