Rusia, uno de los mayores productores de hidrocarburos del mundo, atraviesa una grave escasez de gasolina y diésel debido a los bombardeos sistemáticos de Ucrania contra sus refinerías. Al menos 24 regiones rusas han implementado restricciones en la venta de combustible, mientras el Gobierno sopesa medidas drásticas como prohibir completamente la exportación de diésel o importar combustible masivamente del exterior, según fuentes gubernamentales citadas por el diario Vedomosti.
El viceprimer ministro ruso Alexánder Nóvak reconoció ante el presidente Vladímir Putin esta semana que "la situación es difícil pero manejable", según difundió parcialmente el Kremlin. Sin embargo, el gabinete ruso maneja soluciones drásticas para afrontar la crisis, como prohibir por completo la exportación de diésel —aunque ello merme las arcas que alimentan a sus fuerzas armadas— o tirar de presupuesto para comprar combustible en el exterior, aumentando así su déficit, según confirman fuentes conocedoras de estos planes gubernamentales citadas por El País.
En el quinto año de invasión rusa, Ucrania ha logrado poner contra las cuerdas el sistema logístico del Kremlin, del que dependen tanto su economía como sus fuerzas armadas.
Importaciones masivas y déficit presupuestario
El Gobierno ruso sopesa importar combustible masivamente del exterior, según revelaron al diario Vedomosti dos fuentes presentes en una reunión de representantes del sector con Nóvak. Rusia, tradicional exportador de hidrocarburos, solo adquiría hasta ahora un pequeño volumen de su aliada Bielorrusia, pero ahora se vería obligada a gastar todavía más fondos de sus maltrechas arcas para abastecerse de gasolina y diésel.
De hecho, en el primer trimestre del año Rusia superó su objetivo de déficit de todo el año: 4,6 billones de rublos, equivalentes a unos 55.000 millones de euros, según la información publicada.
Restricciones en 24 regiones
Aproximadamente una de cada cuatro regiones rusas, al menos 24 de momento, han implementado ya restricciones en la venta de gasolina y diésel, según El País. Las zonas más afectadas son las provincias fronterizas con Ucrania y el territorio ocupado.
En Crimea, las autoridades han llegado a vetar totalmente la venta de combustible a particulares y empresas. Y las limitaciones se extienden por toda Siberia: en el distrito de Janti-Mansi, donde Rusia extrae casi la mitad de su petróleo, solo se puede echar 40 litros por vehículo cada vez que se para a repostar en una gasolinera.
Producción desplomada un 25%
El ejército ucranio ha intensificado en las últimas semanas los ataques contra las refinerías rusas, incluso a miles de kilómetros de distancia del frente, gracias a que cuenta ahora con más misiles y drones de largo alcance. En consecuencia, y según un análisis de la agencia Reuters, la producción rusa de gasolina se ha desplomado un 25% en la semana del 15 al 21 de junio, en comparación con la misma semana de 2025.
Los drones ucranios se abalanzaron sobre la principal refinería de Moscú la semana pasada. Los ataques sufridos durante dos días provocaron daños graves en sus instalaciones y la planta no podrá reanudar sus operaciones durante al menos seis meses, según Reuters. La refinería suministra un 40% del combustible que consumen los 12 millones de habitantes de la capital rusa y un 70% del diésel de sus aviones, siendo este el centro neurálgico de casi todas las escalas de la aviación comercial rusa.
Crisis más grave que en años anteriores
No es la primera vez que Rusia experimenta una escasez puntual de combustible por los bombardeos ucranios, y las autoridades se afanan en acelerar las reparaciones de las plantas alcanzadas. Sin embargo, esta vez la crisis parece mucho más grave que en los años anteriores.
El viceprimer ministro Nóvak admitió ante Putin que el desabastecimiento ha obligado a aplazar las revisiones programadas de sus refinerías, y que baraja prohibir por completo la venta de diésel al exterior.
Propuestas de oligarcas cercanos a Putin
Uno de los oligarcas más poderosos de Rusia y miembro del círculo íntimo de Putin, el director ejecutivo de la petrolera estatal Rosneft, Ígor Sechin, ha hecho sus propias propuestas al dirigente "ante una cantidad de daños sin precedentes" a las refinerías rusas.
En una carta enviada al Kremlin en mayo, Sechin abogaba por que todas las compañías petroleras destinen al menos el 30% de su crudo al refinado nacional en vez de venderlo fuera, y obligar a vender en el mercado interno todo el combustible que tenga el estándar Euro-3. Este cuenta con diez veces más azufre y otros aditivos que la norma Euro-5, estándar que era obligatorio hasta que el Kremlin lo suspendió el pasado año para facilitar la producción de más gasolina y diésel.
Situación crítica en la aviación
El Gobierno ruso prohibió también en abril la exportación de combustible para aviones a otros países. Pero la crisis en este sector también se ha agravado en plena época estival.
"Los vuelos han perdido toda su viabilidad económica", denunció este miércoles la aerolínea rusa Azimut en un canal de Telegram especializado en el sector de la aviación rusa, Aviatorschina.
Casi tres meses después de aquella prohibición, Azimut advierte de que la situación del sector "es crítica" y pide la intervención "inmediata" del Ministerio de Energía en el mercado. Según la compañía, su principal proveedor de combustible le notificó que debía reducir en un tercio el consumo de combustible a partir de la segunda mitad de junio.
Paradoja de precios
Rusia se había visto beneficiada por la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. El bloqueo del estrecho de Ormuz iba a suministrarle ingresos extra para su propia invasión de Ucrania.
Sin embargo, las aerolíneas resaltan un fenómeno con el que pocos contaban debido a las sanciones que pesan sobre Moscú y a los ataques ucranios: el precio del combustible para aviones se ha encarecido dentro de Rusia —un 17% solo en junio, por ejemplo—, mientras que en el resto del mundo "el precio mundial suma tres meses consecutivos a la baja", según Azimut.
Respuesta de Putin
Tras escuchar a sus ministros, Putin ordenó que tomen medidas para "minimizar" los ataques de Ucrania contra sus refinerías. Sin embargo, minimizó la crisis energética que golpea a Rusia.
"Los bombardeos no cambian nada, son incapaces de influir en los acontecimientos que tienen lugar en el frente, donde las tropas rusas liberan un territorio tras otro. Y estos ataques solo alientan a nuestros soldados en el campo de batalla a cumplir con las tareas que el país les encomienda", aseveró el dirigente aferrándose a que los combates en la "zona gris" de Kostiantynivka, en la disputada región de Donetsk, son ya para Putin una victoria estratégica.
La crisis de combustible representa un desafío logístico y económico sin precedentes para Rusia en su quinto año de invasión a Ucrania, afectando tanto a su economía civil como a sus operaciones militares. La capacidad de Ucrania para atacar infraestructura crítica a miles de kilómetros del frente ha demostrado ser una estrategia efectiva para presionar al Kremlin, aunque las consecuencias a largo plazo sobre el desarrollo del conflicto aún están por verse.