Rusia intensifica campaña de desinformación en México para debilitar lazos con Estados Unidos
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Rusia intensifica campaña de desinformación en México para debilitar lazos con Estados Unidos

Los esfuerzos de desinformación rusa en América Latina se han intensificado durante los últimos dos años, con el objetivo de sembrar discordia entre Estados Unidos y sus aliados en la región, según un cable diplomático estadounidense y un nuevo informe de grupos de vigilancia. México, la nación hispanohablante más grande del mundo y el mayor socio comercial de Washington, se ha convertido en el principal objetivo de esta estrategia.

INTERNACIONAL24 NOV 2025

La campaña de desinformación está encabezada por medios de comunicación propiedad del Kremlin como Sputnik y RT, según funcionarios estadounidenses, quienes describen un esfuerzo para avivar el sentimiento antiamericano, especialmente en México.

En abril de 2024, diplomáticos estadounidenses en Ciudad de México alertaron sobre la "repentina y dramática expansión" de RT en el país, según un cable diplomático interno titulado "México: La invasión de RT" y revisado por The New York Times.

"La agresiva inversión de RT en México y su estrategia para construir credibilidad y socavar a Estados Unidos representa una amenaza para la percepción popular actual", señala el cable, añadiendo que "la misión México necesita más recursos para contrarrestar los bien financiados esfuerzos de RT".

La Embajada de Rusia en Ciudad de México negó que Moscú estuviera difundiendo desinformación, calificando a Sputnik y RT, anteriormente llamada Russia Today, como alternativas imparciales a los medios estadounidenses.

Según el cable de la Embajada de EE.UU., la audiencia de "RT en Español" se catapultó en línea, pasando de 191.000 visualizaciones en X en 2022 a 715 millones un año después. Con RT ampliamente bloqueada en Europa y Estados Unidos, la red aumentó su presencia en América Latina, una audiencia potencial de unos 670 millones de personas.

Esta estrategia forma parte de un esfuerzo sistemático de Moscú para desplegar mecanismos de comunicación estratégica, cooptar élites y ejercer influencia en sectores sensibles en toda América Latina, según indica el portal Latinoamérica21. A través de estos medios, Moscú busca expandir su esfera de influencia en el hemisferio occidental con recursos comparativamente limitados.

La estrategia rusa surge de una lógica de reciprocidad geopolítica frente a una región que el Kremlin percibe como la expansión de la OTAN en sus antiguas esferas de influencia. Representa un contrapeso simbólico a lo que Rusia considera el "extranjero cercano" de Estados Unidos.

Estas operaciones específicas se apoyan principalmente en la guerra de información y los medios de propaganda rusos, particularmente Russia Today y Sputnik. Su presencia se extiende desde el Triángulo Norte hasta Panamá, y cuenta con el apoyo de sus aliados autocráticos en el continente, especialmente Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Nicaragua, bajo el régimen de Ortega-Murillo, se ha convertido en un centro logístico para la proyección rusa en el istmo, coordinando propaganda, espionaje, recopilación de inteligencia y entrenamiento militar de baja intensidad, según Latinoamérica21.

La cooperación militar entre Rusia y Nicaragua se remonta a la Guerra Fría, cuando casi el 90% del equipamiento militar del país provenía de la antigua Unión Soviética. Tras el colapso soviético, los lazos se debilitaron, pero recuperaron fuerza con el ascenso de Vladimir Putin al poder y, especialmente, con el regreso de Daniel Ortega a la presidencia en 2007.

En 2013, el Jefe del Estado Mayor General ruso, Valery Gerasimov, visitó Managua para inaugurar el Centro de Entrenamiento Mariscal Zhukov, diseñado para formar a oficiales nicaragüenses en la doctrina de "guerra híbrida". Se estableció una red de cooperación alrededor del centro, incluyendo el centro topográfico de Managua —vinculado al sistema satelital GLONASS— y programas de entrenamiento en vigilancia y control de la oposición interna.

Uno de los aspectos más sensibles de esta relación es el centro de espionaje instalado en la base de Mokorón, al sur de Managua. Según investigaciones periodísticas citadas por Latinoamérica21, está dotado exclusivamente de oficiales rusos con acceso al software SORM-3 y un sistema de radiolocalización que les permite interceptar comunicaciones diplomáticas, embajadas y las propias redes internas del régimen.

A esto se suma un acuerdo de cooperación militar firmado en 2022 por el gobierno de Ortega que autoriza la entrada temporal de tropas, barcos y aeronaves rusas en territorio nicaragüense, bajo la justificación de "trabajo humanitario y combate al narcotráfico".

En el resto de América Central, más allá de Nicaragua, los vínculos de Moscú se han caracterizado por la ambigüedad estratégica. Existe, sin embargo, una voluntad de mantener canales de diálogo y cooperación técnica con gobiernos que, sin romper con Washington, buscan diversificar su política exterior en materia de seguridad.

En este contexto, las administraciones de Xiomara Castro en Honduras y Nayib Bukele en El Salvador han reducido su cooperación con Rusia al ámbito estrictamente diplomático. Sin embargo, no lo han hecho sin ofrecer gestos simbólicos de alineamiento. Ambos gobiernos, por ejemplo, se abstuvieron o votaron en contra de resoluciones críticas con la invasión rusa de Ucrania en organizaciones multilaterales, demostrando una cautelosa convergencia con Moscú.

El caso salvadoreño ilustra este punto. En 2013, San Salvador firmó un acuerdo con el Servicio Federal de Control de Drogas de Rusia para el suministro de armas pequeñas y formación policial en la lucha contra el narcotráfico. En 2019, ambas naciones firmaron un nuevo acuerdo intergubernamental centrado en el intercambio de información y la cooperación en la lucha contra el crimen organizado.

En conjunto, estas experiencias reflejan la estrategia de Moscú de cultivar vínculos de baja intensidad con gobiernos dispuestos a recibir asistencia simbólica, sin desafiar abiertamente la hegemonía estadounidense en la región.

La cooperación militar de Rusia en América Latina es, en términos materiales, insignificante. Pero estratégicamente, es funcional, como señala un informe del Servicio de Investigación Parlamentaria Europeo. Su presencia no está dirigida a equilibrar el poder hemisférico, sino a proyectar una imagen de alcance global y mantener alianzas políticas con regímenes afines.

En un escenario dominado por la asimetría, Moscú utiliza el simbolismo militar y la retórica multipolar para desafiar la hegemonía estadounidense y mantener su influencia con recursos mínimos. La región, y Nicaragua en particular, funciona más como un espacio de resonancia política que como un frente de despliegue efectivo.

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