Secretario general de la OTAN apuesta por estrategia de halagos a Trump antes de cumbre en Turquía
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha convertido los elogios públicos al presidente estadounidense Donald Trump en su principal herramienta diplomática para mantener a Estados Unidos dentro de la Alianza Atlántica, según diplomáticos europeos. La estrategia del exprimer ministro neerlandés será puesta a prueba en la cumbre de la organización que se celebrará los días 7 y 8 de julio en Ankara, Turquía, donde se espera que Trump lance críticas directas a los aliados europeos por su gasto en defensa.
El pasado 24 de junio, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Rutte protagonizó una escena que resume su enfoque: frente a tres paneles con gráficos montados sobre caballetes, uno de ellos proclamando en letras doradas "The Trump Trillion" (El billón de Trump), el secretario general de la OTAN explicó a cámara y al presidente estadounidense cómo la presión de Washington ha empujado a los europeos y Canadá a gastar esa cifra récord en defensa desde que Trump llegó al poder, según reportó El País.
Trump, que minutos antes había criticado duramente a los aliados por no acompañarle en su guerra contra Irán, escuchó complacido mientras Rutte deslizaba entre halagos una pequeña corrección: "En términos generales, sus aliados europeos han estado con usted", según la fuente.
"La principal misión de Rutte es mantener dentro de la Alianza a Donald Trump y evitar que la volatilidad del estadounidense provoque el colapso de la organización", afirmó un diplomático europeo que habló bajo condición de anonimato, según El País.
**Una estrategia forjada en la política neerlandesa**
Rutte, de 59 años, soltero y descrito como casi adicto al trabajo por un colaborador de su época en la política nacional, fue primer ministro de Países Bajos durante casi 14 años, según la fuente. Durante ese tiempo lideró cuatro coaliciones de Gobierno enormemente dispares, desde la izquierda verde hasta la extrema derecha de Geert Wilders, según El País.
Sobrevivió gracias a un estilo flexible y acerado y a un toque de psicología que le ayudó a entender qué necesita tanto política como emocionalmente su interlocutor, una fórmula que le valió los apodos de "míster teflón" o "míster silicona", según la fuente. Ahora trata de adaptar ese método a la OTAN.
El neerlandés parece haber comprendido que Trump no soporta la crítica abierta en público, que tiene un margen de atención escaso porque se aburre rápido de la mayoría de los temas y que tiene un gran ego que gusta de nutrir con halagos, según El País. El año pasado, en la cumbre de La Haya, la primera de ambos en esta nueva etapa, Rutte se refirió al presidente estadounidense como el "papá" de la Alianza que a veces debe "usar un lenguaje fuerte" para empujar a los aliados a actuar y gastar más, según la fuente.
"¿Trump? Sí, me gusta el tipo", reconoció Rutte sin problema a finales del año pasado en una entrevista con El País. "Nos conocemos bien el uno al otro de mis tiempos como primer ministro cuando él fue el presidente número 45. Creo que él está haciendo exactamente lo que nosotros necesitamos que haga", añadió.
**Críticas a la estrategia de adulación**
Dentro de la OTAN apenas se habla de política, confesaron varios diplomáticos a El País. No se tocan los últimos exabruptos de Trump, como el del jueves cuando volvió a clamar que Estados Unidos gasta demasiado en la Alianza, ni siquiera se habla abiertamente de Groenlandia y del apetito expansionista de Washington para tomar la enorme isla autónoma perteneciente a Dinamarca, según la fuente.
Sin embargo, el respaldo público de Rutte a la guerra de Trump y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu contra Irán, sin consulta previa a los aliados, ha provocado algunas críticas, también internas, según El País.
"¿Cuánto tiempo más permitirán los líderes europeos que Mark Rutte actúe sin reaccionar? Su lealtad a Donald Trump está convirtiendo a la OTAN en una pobre imitación del Pacto de Varsovia", dijo la eurodiputada liberal francesa Nathalie Loiseau, que calificó la deriva del holandés como "inaceptable", según la fuente.
Hace un par de semanas, el ministro de Defensa italiano salió a desmentir públicamente una afirmación de Rutte sobre el supuesto despegue de cientos de aviones estadounidenses desde bases italianas durante la guerra contra Irán, insistiendo en que Roma solo había autorizado vuelos técnicos y logísticos, según El País.
"Esta estrategia de adulación carece de dignidad. Y la dignidad es importante para la credibilidad no solo de los europeos, sino de todos los aliados", criticó Muriel Domenach, que fue embajadora de Francia ante la OTAN entre 2019 y 2024, según la fuente.
**Resultados tangibles de un método controvertido**
Quienes defienden a Rutte argumentan que esa incomodidad es el precio razonable de un resultado tangible. Rutte se ha consolidado "como uno de los diplomáticos más eficaces de Europa y como un susurrador de Trump", dijo Matthew Kroenig, del Scowcroft Center for Strategy and Security del Atlantic Council, según El País.
Bajo su mandato los aliados aceptaron, hace un año, el compromiso histórico de destinar el 5% del PIB a defensa antes de 2035, excepto España, que asegura que puede cumplir con sus compromisos con el 2,1%, según la fuente. Esta cifra es algo que ningún secretario general anterior había logrado siquiera poner sobre la mesa, y que Rutte considera la prueba material de que su método, por incómodo que resulte, funciona, según El País.
Hasta ahora, en la organización ha sido muy mayoritario el respaldo a Rutte, un gran comunicador que ha cambiado un poco el estilo más serio y mucho más encorsetado, pero también menos arriesgado, de su antecesor, el noruego Jens Stoltenberg, según la fuente.
En la sede acristalada de la OTAN en Bruselas, que costó unos 1.300 millones de dólares (unos 1.136 millones de euros) y cuyas alas se entrelazan como dedos en señal de la unidad de los aliados, una fuente destacó que el neerlandés ha estado dispuesto a aceptar cierto grado de humillación con tal de mantener de su lado a Trump y que Estados Unidos siga proporcionando apoyo de inteligencia y armas, que ahora pagan por completo los aliados europeos, a Ucrania para luchar contra el invasor ruso, que lanzó la guerra a gran escala hace más de cuatro años, según El País.
**La cumbre de Ankara como prueba de fuego**
La cumbre del 7 y 8 de julio en Ankara será una prueba para Rutte, de si ese trabajo que algunos han definido como el de "adulador en jefe" es diplomacia o solo una forma de sumisión, según El País. La reunión servirá de termómetro de la relación transatlántica después de los anuncios de Washington de que replegará algunas de sus fuerzas y reducirá su compromiso con la seguridad de Europa, según la fuente.
Todas las miradas estarán puestas en el presidente estadounidense y la mayoría teme que lance, cara a cara a los aliados, otro rosario de críticas, según El País.
La pregunta que empieza a formularse en Bruselas, en Berlín y en París es si esa fórmula que combina el teflón con la silicona, diseñada para parlamentarios neerlandeses y que le valió la permanencia como primer ministro 14 años, cuaja con el presidente de la primera potencia militar del planeta y cuando lo que está en juego no es una coalición de Gobierno, sino el futuro de la seguridad europea, según la fuente.
**Ambiciones para la cumbre**
Rutte necesita que Ankara sea algo más que otra puesta en escena, según El País. Ha bautizado la cita como el inicio de una "revolución industrial de defensa" y prevé convertirla en un gran escaparate de anuncios de contratos de defensa por decenas de miles de millones de euros para apuntalar el compromiso, desigual entre aliados, de alcanzar el 5% del PIB en gasto militar para 2035 y de avanzar hacia la OTAN 3.0, como la llama Washington, una alianza más europea, según la fuente.
Probablemente quiere que ese sea su legado: no ser recordado como el adulador de Trump, sino como el arquitecto de una Alianza que dejó de depender casi por completo de Washington justo a tiempo, según El País.

