Sudáfrica se prepara para protestas antiinmigrantes en medio de tensiones y violencia xenófoba
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Sudáfrica se prepara para protestas antiinmigrantes en medio de tensiones y violencia xenófoba

Sudáfrica enfrenta una creciente tensión ante manifestaciones antiinmigrantes programadas para el 30 de junio, convocadas por grupos que exigen la salida de migrantes indocumentados del país. El presidente Cyril Ramaphosa advirtió que no tolerará intentos de desestabilización, mientras las autoridades movilizan fuerzas de seguridad y reconocen haber reaccionado tardíamente ante el aumento de la retórica xenófoba y ataques contra extranjeros en las últimas semanas.

INTERNACIONAL29 JUN 2026

El gobierno sudafricano ha emitido advertencias firmes mientras el país se prepara para posibles disturbios vinculados a las protestas antiinmigrantes. "No toleraremos ningún intento de desestabilizar el país por parte de nadie, ya sea marchando o de otra manera", declaró el presidente Ramaphosa el jueves, según informó DW.

Las manifestaciones han sido convocadas por organizaciones como "March and March" y otros grupos que hacen campaña contra la migración indocumentada. Estos colectivos han establecido un plazo informal para que los migrantes sin estatus legal abandonen el país, lo que ha generado temores de un resurgimiento de la violencia xenófoba en una nación que ha experimentado brotes repetidos desde el fin del apartheid en 1994, según la fuente.

Firoz Cachalia, ministro de Policía del país, enfatizó que aunque la protesta pacífica está protegida por la constitución sudafricana, cualquier acción ilegal será enfrentada con fuerza. Según Cachalia, no se tolerarán el crimen, la intimidación, la violencia, la destrucción de propiedad ni ningún intento de socavar la seguridad pública.

**Reconocimiento de respuesta tardía**

El ministro Cachalia también admitió que las autoridades habían reaccionado demasiado lentamente ante las crecientes tensiones y la retórica xenófoba. "Hemos dudado demasiado tiempo en hablar claramente sobre este tema. No hay razón por la que alguien deba venir a una manifestación con cualquier objeto que pueda usarse como arma", dijo, según DW.

Las últimas semanas han visto un aumento en los ataques contra ciudadanos extranjeros. Grupos de vigilantes, frecuentemente vinculados a la retórica populista de derecha, han realizado redadas en vecindarios, saqueado negocios propiedad de migrantes e intimidado a quienes se sospecha que son extranjeros, según la fuente.

Aunque estos grupos afirman dirigirse a migrantes indocumentados, en la práctica sus acciones afectan frecuentemente a cualquier persona percibida como foránea, incluidas personas de origen africano o asiático, independientemente de su estatus legal, según DW.

**Contexto migratorio**

La migración ha crecido constantemente durante décadas en Sudáfrica. Según Statistics South Africa, la oficina gubernamental de estadísticas, los migrantes representaban el 2,1% de la población en 1996. Para 2022, esa cifra había aumentado al 3,9%, o aproximadamente 2,4 millones de personas, incluyendo tanto residentes documentados como indocumentados, según los datos oficiales.

**Crisis de gobernanza**

Analistas han señalado problemas estructurales más profundos detrás de los disturbios. La comentarista política Tessa Dooms argumentó que la crisis actual refleja fracasos de gobernanza de larga data. "El gobierno sudafricano ha creado en gran medida este dilema para sí mismo", dijo a DW.

El presidente Ramaphosa reiteró el viernes la importancia de la cooperación regional, enfatizando que ningún país puede prosperar solo, según la fuente.

Dooms describió un patrón en el que las autoridades retrasan la acción sobre desafíos importantes como el desempleo, los servicios públicos y la pobreza. "Ignora los problemas, tolera la corrupción, permite que el deterioro empeore y solo reacciona una vez que la situación ha alcanzado su punto máximo", explicó.

Según Dooms, el gobierno ha subestimado movimientos como "March and March" y "Operation Dudula", particularmente su capacidad para movilizarse entre diversos grupos sociales. "Están [el gobierno] desprevenidos; están analizando mal el problema. Creen que es meramente un movimiento antiinmigrante, mientras que en realidad, la migración se está ofreciendo como una solución para personas que enfrentan una multitud de otras crisis", dijo.

El alto desempleo juvenil, el acceso limitado a atención médica y educación, y la creciente desigualdad han dejado a muchas comunidades frustradas. Para algunos, el activismo antiinmigrante ofrece una sensación de ser escuchados, según la analista.

"Entonces no es que las personas sean xenófobas, sino que ven este movimiento particular como un lugar donde pueden ser escuchadas y donde pueden encontrar una solución simple a problemas complejos", dijo Dooms. Agregó que el gobierno no ha abordado estas quejas y "de ninguna manera está preparado para lidiar con esto el 30 de junio".

**Medidas de seguridad y desconfianza pública**

Las autoridades han movilizado fuerzas policiales e incluso contratado empresas de seguridad privada para gestionar posibles disturbios. Se espera que el costo de estas medidas alcance los 600 millones de rand (32 millones de euros o 36 millones de dólares), lo que refleja la escala del desafío anticipado, según DW.

Sin embargo, el escepticismo sobre la efectividad de tales medidas está generalizado. Dooms dijo que hacer cumplir los derechos humanos requiere instituciones de aplicación de la ley funcionales, no solo advertencias. "Para eso, necesitan agencias de aplicación de la ley", dijo, criticando la falta de procesamientos y rendición de cuentas. "Todo esto está sucediendo en un clima donde los principales funcionarios policiales del país se sientan en la Comisión Madlanga".

Esta comisión, establecida en julio de 2025 y nombrada en honor al juez Mbuyiseli Madlanga, está investigando acusaciones de corrupción, interferencia política e infiltración del crimen organizado dentro de la policía, según la fuente.

La confianza en las fuerzas del orden sigue siendo baja. Fredson Guilengue, de la Fundación Rosa Luxemburg, dijo que los migrantes a menudo ven a la policía como parte del problema. "La policía sudafricana todavía es vista por las víctimas de estos ataques como una institución xenófoba", dijo a DW. "No veo ningún cambio".

Guilengue también criticó el enfoque reactivo del gobierno. "Mientras los líderes de estos movimientos no sientan toda la fuerza de la ley, no dejarán de intimidar a los inmigrantes", dijo.

**Fallas políticas y desigualdades más profundas**

Más allá del policiamiento, problemas sistémicos en la gestión migratoria también están alimentando las tensiones. Guilengue señaló la corrupción e ineficiencia en los sistemas de inmigración, que contribuyen a la frustración pública y crean oportunidades para la acción de vigilantes.

Advirtió que acciones gubernamentales recientes —como el aumento de deportaciones, inspecciones en lugares de trabajo y multas por emplear migrantes indocumentados— corren el riesgo de reforzar narrativas antiextranjeros. "Se han implementado numerosos cambios políticos [...] lo que esencialmente significa que el gobierno está de acuerdo con la narrativa de que Sudáfrica está bajo ataque por extranjeros", dijo.

Los analistas argumentan que abordar la xenofobia requiere enfrentar sus causas fundamentales. El desempleo juvenil permanece obstinadamente alto. Casi el 61% de los jóvenes sudafricanos estaban desempleados a principios de 2026, mientras que el desempleo general se situaba en 32,7%, según datos citados por DW.

Para Dooms, las soluciones deben involucrar tanto a las comunidades locales como a los responsables políticos. "Puedes involucrarlos en una conversación sobre los problemas reales que enfrentan", dijo, enfatizando el diálogo sobre la confrontación.

**Implicaciones futuras**

A medida que Sudáfrica se acerca al 30 de junio, la situación destaca no solo las tensiones sobre la migración, sino también desafíos económicos y políticos más profundos que permanecen sin resolver, según DW.

La combinación de desempleo masivo, servicios públicos deteriorados, corrupción institucional y desigualdad económica ha creado un caldo de cultivo para movimientos que ofrecen soluciones simplistas a problemas complejos. La capacidad del gobierno para gestionar las protestas sin violencia, mientras aborda simultáneamente las causas estructurales del descontento, determinará si Sudáfrica puede evitar un nuevo ciclo de violencia xenófoba o si el país enfrentará una escalada de tensiones que podría desestabilizar aún más su frágil cohesión social.

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