Sudán: más de 1.000 días de violencia sexual sistemática como arma de guerra sin rendición de cuentas
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Sudán: más de 1.000 días de violencia sexual sistemática como arma de guerra sin rendición de cuentas

Durante más de 1.000 días de conflicto en Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido y sus aliados han perpetrado violencia sexual masiva y coordinada contra mujeres y niñas como estrategia de guerra, sin que ningún responsable haya sido sancionado específicamente por estos crímenes, según documenta la Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África. Desde abril de 2023, el conflicto ha expandido estos crímenes a regiones que no habían experimentado violencia sexual sistemática en su historia reciente, incluyendo Jartum, Gezira y zonas del Nilo Azul, Nilo Blanco y Kordofán del Norte.

INTERNACIONAL2 JUN 2026

La violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán ha alcanzado niveles sin precedentes desde abril de 2023, cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por sus siglas en inglés) y sus aliados iniciaron uno de los asaltos más generalizados y coordinados en la historia reciente del país, según documenta Hala Alkarib, directora de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África (SIHA).

La organización ha registrado casos que incluyen a una maestra que negoció con siete hombres de las RSF para que la violaran a ella en lugar de violar en grupo a su hija de 14 años, según el testimonio recogido por SIHA. En otro caso documentado, una madre que huía a pie del este de Gezira con sus tres hijas después de que fueran violadas en grupo confundió la sangre de su hija de 18 años con menstruación, solo para descubrir que la joven se había cortado una vena. La hija no sobrevivió el viaje, según el relato.

La violencia sexual se ha utilizado deliberadamente como arma de guerra para desplazar poblaciones, apropiarse de tierras, extraer recursos, saquear comunidades y silenciar a mujeres y comunidades enteras, según el análisis de SIHA. Cientos de mujeres y niñas fueron mantenidas en granjas del norte de Jartum y en la ciudad de Omdurmán durante meses como esclavas sexuales, según la documentación de la organización.

En 2025, SIHA documentó más de 850 casos de mujeres acusadas de colaboración con las RSF que fueron sometidas a detención y encarcelamiento prolongado, experimentando frecuentemente violencia sexual durante su detención, según los registros de la organización. La entidad, en colaboración con abogados locales, dedicó más de seis meses a asegurar la liberación de cuatro mujeres retenidas bajo sospecha de colaboración sin cargos formales durante más de un año, quienes reportaron haber sufrido violencia sexual y tortura mientras esperaban juicio.

La violencia sexual no se limita a los territorios controlados por las RSF. Las víctimas que sufrieron violencia de las RSF también enfrentaron culpabilización y estigmatización de sus comunidades, así como criminalización adicional por parte de la policía y la inteligencia militar en territorios controlados por las Fuerzas Armadas de Sudán, según SIHA.

Los casos documentados incluyen a una joven novia que se arrojó al Nilo y a una mujer de 21 años cuya familia, después de que su violación se hiciera pública, la sacó del hospital por vergüenza y la ocultó, donde murió desangrada, según los registros de SIHA.

El conflicto actual representa una expansión geográfica sin precedentes de la violencia sexual sistemática. Mientras que en Darfur y Kordofán del Sur generaciones de mujeres han soportado oleadas repetidas de violencia sexual relacionada con conflictos durante más de 25 años debido a insurgencias continuas, desde abril de 2023 estas prácticas se han extendido a Jartum, Gezira y pueblos y aldeas del norte del Nilo Azul, Nilo Blanco y Kordofán del Norte, áreas que hasta entonces no habían experimentado violencia sexual sistemática en su historia reciente, según el análisis de SIHA.

La primera experiencia de Alkarib con violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán ocurrió hace más de 20 años durante la primera crisis de Darfur, cuando en una aldea del sur de Darfur una niña de seis o siete años le tocó la mano y le dijo: "Fui tomada por los Janjaweed", término que las mujeres y niñas usaban entonces para articular la escala de violencia contra civiles, especialmente violencia sexual.

Los sistemas judiciales y de salud fracturados, marcados por capacidad limitada y apoyo legal, médico y de salud mental inadecuado, dejan a cientos de mujeres y niñas sudanesas sin acceso a justicia o atención esencial y altamente vulnerables a ciclos repetidos de violencia, según SIHA.

Durante más de 1.000 días, la violencia sexual no se detuvo ni nadie la abordó, según Alkarib. Aunque Reino Unido, la Unión Europea y Estados Unidos han sancionado a varios actores involucrados en la guerra de Sudán, ninguno parece haber sido específicamente sancionado o responsabilizado públicamente por su papel en perpetrar violencia sexual relacionada con conflictos, según la directora de SIHA.

La financiación y el apoyo inadecuados para mujeres y comunidades afectadas por violencia sexual relacionada con conflictos continúan profundizando la crisis, exacerbando el sufrimiento de las sobrevivientes y sus comunidades en todo Sudán y desmoralizando aún más al pueblo sudanés mientras la violencia continúa, según el análisis de la organización.

La violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán está arraigada en el carácter violento y discriminatorio del Estado, que profundiza el trauma colectivo a través de la ira, el militarismo y la represalia, según SIHA. La persistencia de esta violencia se sostiene además por el flujo incontrolado de armas hacia un país que ha descuidado durante mucho tiempo la desmovilización y la reforma del sector de seguridad.

La curación para las sobrevivientes y las comunidades está profundamente conectada, y la lucha contra la violencia sexual debe convertirse en central para la lucha más amplia por la paz, la justicia y una nueva visión de soberanía, según Alkarib. Todas las ubicaciones específicas de los casos han sido omitidas para proteger la privacidad de las sobrevivientes, según SIHA.

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Durante más de 1.000 días de conflicto en Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido y sus aliados han perpetrado violencia sexual masiva y coordinada contra mujeres y niñas como estrategia de guerra, sin que ningún responsable haya sido sancionado específicamente por estos crímenes, según documenta la Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África. Desde abril de 2023, el conflicto ha expandido estos crímenes a regiones que no habían experimentado violencia sexual sistemática en su historia reciente, incluyendo Jartum, Gezira y zonas del Nilo Azul, Nilo Blanco y Kordofán del Norte.

2 jun 2026
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La violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán ha alcanzado niveles sin precedentes desde abril de 2023, cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por sus siglas en inglés) y sus aliados iniciaron uno de los asaltos más generalizados y coordinados en la historia reciente del país, según documenta Hala Alkarib, directora de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África (SIHA).

La organización ha registrado casos que incluyen a una maestra que negoció con siete hombres de las RSF para que la violaran a ella en lugar de violar en grupo a su hija de 14 años, según el testimonio recogido por SIHA. En otro caso documentado, una madre que huía a pie del este de Gezira con sus tres hijas después de que fueran violadas en grupo confundió la sangre de su hija de 18 años con menstruación, solo para descubrir que la joven se había cortado una vena. La hija no sobrevivió el viaje, según el relato.

La violencia sexual se ha utilizado deliberadamente como arma de guerra para desplazar poblaciones, apropiarse de tierras, extraer recursos, saquear comunidades y silenciar a mujeres y comunidades enteras, según el análisis de SIHA. Cientos de mujeres y niñas fueron mantenidas en granjas del norte de Jartum y en la ciudad de Omdurmán durante meses como esclavas sexuales, según la documentación de la organización.

En 2025, SIHA documentó más de 850 casos de mujeres acusadas de colaboración con las RSF que fueron sometidas a detención y encarcelamiento prolongado, experimentando frecuentemente violencia sexual durante su detención, según los registros de la organización. La entidad, en colaboración con abogados locales, dedicó más de seis meses a asegurar la liberación de cuatro mujeres retenidas bajo sospecha de colaboración sin cargos formales durante más de un año, quienes reportaron haber sufrido violencia sexual y tortura mientras esperaban juicio.

La violencia sexual no se limita a los territorios controlados por las RSF. Las víctimas que sufrieron violencia de las RSF también enfrentaron culpabilización y estigmatización de sus comunidades, así como criminalización adicional por parte de la policía y la inteligencia militar en territorios controlados por las Fuerzas Armadas de Sudán, según SIHA.

Los casos documentados incluyen a una joven novia que se arrojó al Nilo y a una mujer de 21 años cuya familia, después de que su violación se hiciera pública, la sacó del hospital por vergüenza y la ocultó, donde murió desangrada, según los registros de SIHA.

El conflicto actual representa una expansión geográfica sin precedentes de la violencia sexual sistemática. Mientras que en Darfur y Kordofán del Sur generaciones de mujeres han soportado oleadas repetidas de violencia sexual relacionada con conflictos durante más de 25 años debido a insurgencias continuas, desde abril de 2023 estas prácticas se han extendido a Jartum, Gezira y pueblos y aldeas del norte del Nilo Azul, Nilo Blanco y Kordofán del Norte, áreas que hasta entonces no habían experimentado violencia sexual sistemática en su historia reciente, según el análisis de SIHA.

La primera experiencia de Alkarib con violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán ocurrió hace más de 20 años durante la primera crisis de Darfur, cuando en una aldea del sur de Darfur una niña de seis o siete años le tocó la mano y le dijo: "Fui tomada por los Janjaweed", término que las mujeres y niñas usaban entonces para articular la escala de violencia contra civiles, especialmente violencia sexual.

Los sistemas judiciales y de salud fracturados, marcados por capacidad limitada y apoyo legal, médico y de salud mental inadecuado, dejan a cientos de mujeres y niñas sudanesas sin acceso a justicia o atención esencial y altamente vulnerables a ciclos repetidos de violencia, según SIHA.

Durante más de 1.000 días, la violencia sexual no se detuvo ni nadie la abordó, según Alkarib. Aunque Reino Unido, la Unión Europea y Estados Unidos han sancionado a varios actores involucrados en la guerra de Sudán, ninguno parece haber sido específicamente sancionado o responsabilizado públicamente por su papel en perpetrar violencia sexual relacionada con conflictos, según la directora de SIHA.

La financiación y el apoyo inadecuados para mujeres y comunidades afectadas por violencia sexual relacionada con conflictos continúan profundizando la crisis, exacerbando el sufrimiento de las sobrevivientes y sus comunidades en todo Sudán y desmoralizando aún más al pueblo sudanés mientras la violencia continúa, según el análisis de la organización.

La violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán está arraigada en el carácter violento y discriminatorio del Estado, que profundiza el trauma colectivo a través de la ira, el militarismo y la represalia, según SIHA. La persistencia de esta violencia se sostiene además por el flujo incontrolado de armas hacia un país que ha descuidado durante mucho tiempo la desmovilización y la reforma del sector de seguridad.

La curación para las sobrevivientes y las comunidades está profundamente conectada, y la lucha contra la violencia sexual debe convertirse en central para la lucha más amplia por la paz, la justicia y una nueva visión de soberanía, según Alkarib. Todas las ubicaciones específicas de los casos han sido omitidas para proteger la privacidad de las sobrevivientes, según SIHA.

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