Suecia refuerza la isla de Gotland ante la creciente amenaza rusa en el Báltico
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Suecia refuerza la isla de Gotland ante la creciente amenaza rusa en el Báltico

La isla sueca de Gotland, ubicada estratégicamente en el mar Báltico, se ha convertido en un punto clave para la defensa de Europa ante la amenaza rusa. Con una población de 61.000 habitantes, este territorio ha pasado de tener apenas un puñado de reservistas tras el fin de la Guerra Fría a contar con un regimiento de 400 militares que se ampliará a 4.500 soldados en los próximos cuatro años, según fuentes oficiales suecas.

INTERNACIONAL8 FEB 2026

"Quien controla Gotland puede dictar quién navega o vuela en la región del Báltico", afirma el coronel Dan Rasmussen, de 58 años, comandante del regimiento P18 desplegado en la isla, según información recogida por El País. Esta posición estratégica, a solo 270 kilómetros del exclave ruso de Kaliningrado, convierte a Gotland en un objetivo prioritario para Moscú y en un punto vital para la defensa de la OTAN, organización a la que Suecia se incorporó en marzo de 2024.

La importancia de Gotland ha crecido exponencialmente desde que Rusia intensificó su política expansionista en la última década. Incluso antes de la anexión ilegal de Crimea en 2014 y la primera invasión del este de Donbás, bombarderos rusos con capacidad nuclear habían sobrevolado la isla en operaciones simuladas, encendiendo las alarmas en Estocolmo. El pasado 22 de enero, dos aeronaves más despegaron desde el noroeste de Rusia, cerca del Golfo de Finlandia, para realizar un vuelo similar de unas cinco horas, siendo escoltados de regreso a su base por cazas suecos que participaban en una misión de la OTAN.

El regimiento P18, reactivado hace casi ocho años, ha estado creciendo en número desde entonces. Mientras construye barracones de estilo nórdico, aprovecha alojamientos en el campo al sur de Visby, la capital de Gotland. "Tenemos que demostrar que podemos defendernos y no solo depender de la OTAN", explica Emil Rid, un conscripto de 20 años que forma parte de las fuerzas desplegadas en la isla.

Suecia pretende tener una brigada de unos 4.500 soldados en la isla dentro de cuatro años. Para entonces, las baterías antimisiles alemanas Iris-T recientemente adquiridas, tan útiles para el ejército ucraniano, deberían estar operativas. Actualmente, la isla está protegida por sistemas de alcance medio de fabricación sueca.

Si el Kremlin se apoderara de la isla, el impacto en la OTAN sería devastador, obstaculizando cualquier despliegue de refuerzos a los estados bálticos vecinos (Estonia, Letonia y Lituania). Un informe de inteligencia militar finlandés publicado hace pocos días afirmaba que "la situación de seguridad en la región del mar Báltico se ha deteriorado". De nuevo, el Kremlin es el culpable. "Gotland es un punto de interés reconocido para Rusia, ya que ofrece una posición militar estratégica clave", señaló en un mensaje la eurodiputada sueca Alice Teodorescu. "Si bien nuestras defensas se están fortaleciendo actualmente —un paso muy positivo— se necesita hacer más frente a las amenazas que enfrentamos".

Tras la adhesión de Suecia y Finlandia, muchos describen el mar Báltico como el lago de la Alianza Atlántica. Es una ruta comercial vital para Moscú, que envía sus barcos —muchos de la llamada "flota fantasma" que transporta hidrocarburos ilegalmente— para bordear Gotland tanto por el este como por el oeste. "Estos buques envejecidos y a menudo mal regulados aumentan el riesgo de accidentes, daños ambientales y amenazas híbridas", explicó en un correo electrónico Merja Kyllönen, miembro finlandesa del Parlamento Europeo, que financió este informe. "Abordar este desafío requiere una mayor vigilancia marítima, intercambio de información y acción coordinada entre los socios bálticos y europeos".

Meit Fohlin, de 54 años, es la presidenta del consejo regional de Gotland, una especie de alcaldesa de la isla donde está enterrado el cineasta Ingmar Bergman. Su oficina se encuentra en un edificio de ladrillo en el sur de Visby. Sabe que su isla está marcada en rojo entre las áreas amenazadas del país. Y sabe que solo lo militar no es suficiente. Por eso están hablando de algo inusual en Europa: defensa total, es decir, la defensa proporcionada por las armas, combinada con la disponible para los civiles. "Tenemos que ser autosuficientes", dice Fohlin, "siempre hemos trabajado en esa dirección, pero ahora tenemos un mandato a nivel nacional". Un mandato que es especialmente claro para Estocolmo después de la invasión rusa de Ucrania.

Gotland depende en gran medida de recursos externos, así como de los caprichos del clima. Si hay un corte de energía, una interrupción en las comunicaciones o si los transbordadores no entregan suministros, la situación se vuelve crítica. "Mi mayor preocupación es que nos quedemos aislados", continúa Fohlin, del Partido Socialdemócrata de Suecia. Esto podría suceder debido a una invasión extranjera —un tema más discutido por el personal militar que por los civiles—, sabotaje o una falla técnica.

Frente al ayuntamiento trabaja Alf Söderman, de 57 años, director de Defensa Civil. Su discurso es metódico. Fue soldado y conoce a las tropas. Da un ejemplo simple de un posible escenario: "Imagina que hay una guerra y el ejército pide usar todo el combustible que tenemos porque lo necesitan. Puedes decir que sí, pero también están los agricultores, que no pueden trabajar sin gasolina y, por lo tanto, no pueden alimentar a los militares". Con escenarios como este, y con simulacros y entrenamiento, Söderman trabaja para garantizar que la columna vertebral civil de la defensa de Gotland esté lista. "La sociedad tiene que ser robusta para gestionar desastres", sostiene.

Hay tres fases para esta preparación, que Söderman ha anotado: la primera es una semana. Cada individuo debe tener lo que necesita (comida, agua, medicinas, energía, etc.) para sobrevivir durante siete días por su cuenta. En segundo lugar, cualquier infraestructura crítica (escuelas, oficinas gubernamentales, hospitales) debe ser autosuficiente durante dos semanas. La tercera fase concierne a la Junta Administrativa Regional. Esta junta debe poder funcionar durante al menos 90 días si la isla queda aislada, por cualquier motivo.

A unos 20 kilómetros de Visby, un grupo de casas se encuentra junto a una carretera estrecha en el distrito de Dalhem. En una de estas casas con techo a dos aguas vive Anelli Sandgren, de 57 años. Es oficial de policía. Sandgren es alegre y servicial. Quizás por eso participa activamente en Stark socken (Aldeas Fuertes), una iniciativa fundada por la especialista en emergencias Maja Allard que ya llega a 42 de las 92 aldeas de Gotland, es decir, a más de 15.000 personas. Es el eslabón final en la defensa pasiva de la isla, el que une a los vecinos para compartir recursos y fortificar sus hogares en caso de crisis.

Sandgren habla del "despertar de la gente". "Pensábamos que el gobierno podía arreglarlo todo, pero no es así". Dice que podría soportar una primera semana de aislamiento con su marido, un entusiasta de Harley-Davidson, viviendo en la sala principal junto al fuego de una estufa de leña, con suficiente agua y comida en una gran despensa, medicinas suficientes para llenar un carrito de compras y un sistema alternativo para la eliminación de residuos. Su vecina, Ingegerd Gabrielsson, de 77 años, sobreviviría fácilmente esa semana, a juzgar por los suministros en su sótano: leña para cocinar, docenas de baterías para la radio, un armario lleno de alimentos enlatados, un sistema de refrigeración no eléctrico y un inodoro portátil. "Hay jóvenes que ni siquiera saben cómo usar un baño fuera de sus casas", dice Gabrielsson, perpleja.

No dudan en hablar de una posible invasión rusa, aunque admiten que muchos de sus vecinos sí lo hacen. "No tenemos miedo", dice Sandgren, "pero somos más conscientes de que podría suceder".

Esta preparación civil se complementa con el fortalecimiento militar. El sargento Björn Edvinger, de 33 años, conduce hasta la cresta de la colina durante unos ejercicios militares en la costa oeste de la isla. La temperatura ronda los -4°C, pero la humedad es alta y el frío se cuela hasta los huesos. Un momento después de llegar a la cima, cuatro tanques de un pelotón del regimiento P18 rugen desde un lado, dirigiéndose hacia un bosquecillo. Son Stridsvagn 122, una versión mejorada del tanque alemán Leopard. Primero el silbido de la munición, luego el rugido. Los cañones disparan proyectiles de calibre .25, un calibre menor utilizado en ejercicios como este.

"Necesitamos poder enfrentarnos a una amenaza extranjera cuando llegue el momento", explica el recluta Gustav Arnström, de 19 años, de pie junto a su tanque. El objetivo de las maniobras es repeler una ofensiva aerotransportada. El enemigo en mente: Rusia.

La importancia estratégica de Gotland se ha visto reforzada por los recientes cambios en la política exterior y de seguridad de Estados Unidos. Suecia, como el resto de la UE, ha tenido que adaptarse a un escenario donde el apoyo estadounidense es menos predecible. Esto ha llevado a un aumento significativo del gasto en defensa, triplicándolo en los últimos siete años y duplicándolo en los últimos cuatro. El gobierno sueco se ha comprometido a cumplir con los objetivos de gasto en defensa de la OTAN del 3,5% del producto interno bruto (PIB) para gastos directos y un 1,5% adicional para gastos en infraestructura.

La estrategia de defensa de Gotland forma parte de un enfoque más amplio de seguridad en el Ártico y el Báltico. Un reciente informe del Atlantic Council sugiere que Suecia debe fundamentar su enfoque de disuasión mediante negación en mejores capacidades militares nacionales e integración con socios nórdicos y de la UE. Esta estrategia se basa en la premisa de que la seguridad de Europa dependerá, en gran parte, de la resiliencia pública y los niveles subyacentes de resolución política frente a las amenazas rusas.

La isla de Gotland, con su ubicación estratégica en el mar Báltico, se ha convertido así en un símbolo de la determinación de Suecia para defender su soberanía y contribuir a la seguridad colectiva de Europa frente a la amenaza rusa. Como dice el coronel Rasmussen: "Quien controla Gotland puede dictar quién navega o vuela en la región del Báltico", una afirmación que subraya por qué esta pequeña isla es ahora un punto focal en la geopolítica europea.

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