La película Supergirl, que presenta a Kara Zor-El interpretada por Milly Alcock, abrió con solo 38 millones de dólares en Norteamérica y alrededor de 68 millones a nivel mundial el pasado fin de semana, según datos reportados por The Guardian. Las cifras representan un desastre comercial para una película que costó aproximadamente 170 millones de dólares antes de los gastos de marketing.
El fracaso ha sido interpretado como una crisis para el nuevo Universo DC (DCU) de James Gunn, que apenas lleva dos películas en su haber. Sin embargo, el problema podría extenderse mucho más allá de un solo estudio de cómics, exponiendo grietas fundamentales en el modelo de negocio que ha sustentado el cine de superhéroes desde 2008.
EL MODELO DE UNIVERSOS COMPARTIDOS EN CRISIS
Desde que Iron Man dio inicio al Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) en 2008, las audiencias se acostumbraron a ver el cine de superhéroes como una máquina gigante e interconectada, según describe The Guardian. Capas, dioses, alienígenas y rocas mágicas compartiendo la misma mesa de pinball cósmica. Durante años, el público consumió cada nueva entrega como un buffet ilimitado de superhéroes.
El MCU entrenó a las audiencias para creer que los personajes menores importaban porque eran escalones hacia algo colosal: una gran reunión de equipo como las películas de los Vengadores, o al menos el siguiente eslabón en una emocionante cadena de intriga, según el análisis de The Guardian. Personajes antes poco conocidos para el espectador promedio como Rocket Raccoon, Ant-Man y Blue Beetle se transformaron en propuestas multimillonarias.
Pero cuando una película como Supergirl no logra ganar impulso, la dificultad se vuelve evidente. Lo mismo podría decirse de Eternals de Marvel, las películas de acción real del Spider-Verso de Sony como Madame Web, o incluso The Flash de DC, según señala The Guardian.
IMPLICACIONES PARA EL FUTURO DE DC
Los universos cinematográficos de superhéroes están construidos para expandirse, con cada adición contribuyendo al sentido general de un vasto set de Lego ficticio, según explica The Guardian. Cuando una de las piezas no encaja, resulta difícil alentar a los fanáticos a molestarse con la siguiente entrega.
Una posible solución sería que Supergirl aparezca en la próxima película Man of Tomorrow para demostrar al mundo que le importa algo más que Krypto y emborracharse, según sugiere The Guardian. Esto podría funcionar si la secuela propuesta por Gunn de la película Superman del año pasado resulta un éxito rotundo.
El fracaso también hace más probable que DC, que ya ha descartado un universo completo de cómics, gire hacia superhéroes más conocidos, según el análisis de The Guardian. Andy Muschietti, director de las películas de It, ha sido seleccionado para dirigir Batman: The Brave and the Bold, que existirá dentro de la continuidad principal. La versión de Robert Pattinson vive en su propia versión de Gotham y nunca conocerá a Superman o Wonder Woman, según reporta The Guardian.
También habrá mayor presión sobre proyectos como el próximo híbrido de superhéroes y terror Clayface, aunque este último no está cargado con un gran presupuesto ni ningún requisito real de alimentar asuntos más amplios, según The Guardian.
El futuro de DC podría reducirse a películas de Superman y Batman, con ocasionales derivaciones más baratas de "Elseworlds", mientras todos esperan a que alguien más reconstruya la confianza, según plantea The Guardian. Esto difícilmente sería el comienzo que Gunn y su codirector de estudio Peter Safran habrían querido.
Películas como Swamp Thing de James Mangold, o los proyectos propuestos basados en Teen Titans, Bane y Deathstroke podrían nunca materializarse, según cuestiona The Guardian. Safran ha declarado que nada ha cambiado después de Supergirl, pero el estudio Warner Bros podría ver las cosas de manera diferente si Supergirl realmente está en camino de perder 100 millones de dólares, según reporta The Guardian.
EL DILEMA DE MARVEL
El dolor de cabeza más grande, curiosamente, podría pertenecer a Marvel, según el análisis de The Guardian. Sony ya ha arruinado prácticamente cualquier oportunidad para que personajes como Kraven el Cazador, Morbius o Madame Web entren al mundo MCU de Spider-Man.
Si las audiencias simplemente se desconectan cuando superhéroes que no sean los grandes nombres obvios obtienen sus propios títulos, ¿cómo afectaría eso a las películas de equipo culminantes que han generado miles de millones de dólares en taquilla para el estudio?, según plantea The Guardian.
¿A alguien le importará si Shang-Chi se enfrenta al Doctor Doom en Secret Wars si la última película en solitario del héroe de los anillos salió seis años antes?, cuestiona The Guardian. Ya hay notablemente menos películas de cómics en los cines de las que había hace solo unos años, y el ex director ejecutivo de Disney, Bob Iger, ha indicado que la constante ráfaga de derivaciones de Disney+ también será reducida, según reporta The Guardian.
Además, la calidad reducida de las películas de superhéroes en general eventualmente dañará toda la tambaleante máquina, según advierte The Guardian.
UNA IRONÍA TRÁGICA
Los detractores sin duda se regocijarán, según reconoce The Guardian. Pero será una triste ironía si lo mismo que hizo que tales películas fueran inspiradoras en primer lugar —la capacidad de ver a Spider-Man intercambiando bromas con Iron Man y Thor en medio de alguna vasta pelea multiversal— termina siendo lo que condena por completo la era del universo cinematográfico de superhéroes, según concluye The Guardian.
El modelo que transformó personajes oscuros en fenómenos culturales globales ahora enfrenta su mayor prueba. Con audiencias cada vez más selectivas y estudios reconsiderando sus estrategias de expansión, la pregunta ya no es cuántas películas de superhéroes se pueden hacer, sino cuántas el público realmente quiere ver.
