Svetlana Alexiévich: "El 'Homo Sovieticus' no ha muerto, está en el Kremlin y dispara en Ucrania"
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Svetlana Alexiévich: "El 'Homo Sovieticus' no ha muerto, está en el Kremlin y dispara en Ucrania"

La escritora bielorrusa y Premio Nobel de Literatura 2015 trabaja en un nuevo libro desde su exilio en Berlín, donde reflexiona sobre la guerra en Ucrania, la represión en Bielorrusia y el retroceso global de la democracia.

INTERNACIONAL8 NOV 2025

Svetlana Alexiévich, la escritora bielorrusa galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015, continúa su labor literaria desde un amplio piso berlinés, el mismo donde la visitó EL PAÍS hace cuatro años. La autora de obras emblemáticas como "Voces de Chernóbil", "Muchachos de zinc" y "El fin del 'Homo Sovieticus'" sigue fiel a su método: escribe a mano mientras recopila testimonios para su próximo libro.

Su nuevo proyecto ha sufrido una transformación radical. Lo que comenzó como una obra sobre la oposición bielorrusa represaliada por el régimen de Alexandr Lukashenko ha evolucionado hacia una reflexión más amplia sobre el retroceso global de la democracia. "Lo tenía casi terminado cuando llegó la guerra", explica Alexiévich, refiriéndose a la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. "Quedó claro que era necesario otro enfoque, porque la guerra literalmente nos dejó sin habla, porque las palabras perdieron su sentido".

La escritora, que formó parte del Consejo Coordinador de la Oposición durante las protestas de 2020 en Bielorrusia, ahora recoge testimonios entre los millones de bielorrusos, rusos y ucranianos refugiados en Europa. "Este año he trabajado en Praga, Vilna y Varsovia, además de en Berlín", detalla. Su método coral, basado en testimonios reales, sigue siendo su seña de identidad.

"En los noventa, cuando trabajaba en 'Second-Hand Time', el subtítulo era 'El fin del hombre rojo'. Lo enterré demasiado pronto, porque el Homo Sovieticus no ha muerto, sino que está en el Kremlin y combate y dispara en Ucrania", afirma con contundencia. Para Alexiévich, lo que ocurre actualmente trasciende la herencia soviética: "La Rusia profunda y la América profunda se sublevaron y la democracia retrocede en todo el mundo".

Su nuevo libro, que espera terminar "a finales del año próximo", tendrá tres capítulos: "Tiempo de revolución", "Tiempo de derrota" y "Tiempo eterno". En él, la autora aborda la coexistencia de diferentes épocas en nuestro tiempo: "Se nos han juntado muchas cosas; por una parte la inteligencia artificial, con la que todos nos relacionamos en distinto grado, y por la otra, las columnas de tanques en la frontera con Ucrania".

Alexiévich describe a Bielorrusia como "un país ocupado, donde hay tropas, aviones y campamentos militares rusos, donde hay hospitales militares rusos y talleres de servicio para sus tanques". En estas circunstancias, señala, "somos cómplices en la agresión, pero en un país ocupado no se puede exigir a la gente que salga a la calle porque la pueden condenar a 15 años de prisión por llevar la bandera bielorrusa".

Entre los testimonios que ha recogido, la escritora menciona el de un ruso de 52 años que se alistó para combatir en Ucrania. "Su familia reunida había decidido que la única salida para acabar de pagar la hipoteca y superar los apuros económicos era enviarle a la guerra", relata. Cuando le preguntó si se había alistado solo por dinero, él respondió que odiaba a los ucranianos: "Los odio y eso es todo".

Otro testimonio proviene de una madre en Buriatia (territorio siberiano a más de 6.000 kilómetros de Ucrania) que acababa de enterrar a su hijo muerto en el frente. La mujer, temerosa de perder la compensación económica por la muerte de su hijo, se limitó a decir que "había caído como un héroe y que, de no haber sido por él, los ucranianos hubieran llegado ya hasta Buriatia".

"Alguien me ha dicho que en Rusia circula mucho dinero, dinero de la guerra con el que Putin ha comprado el país y ha esclavizado a sus habitantes, especialmente a los de la periferia, que viven mal", comenta Alexiévich. "En Bielorrusia, en cambio, Lukashenko no compró a la población, sino que más bien la asustó".

La situación de los presos políticos bielorrusos también ocupa un lugar importante en su obra. Según la escritora, hay cerca de 2.000 presos en las cárceles, y Lukashenko "se niega a liberarlos a todos juntos. Prefiere hacerlo en porciones para recibir algo por cada una de ellas". Además, denuncia que "mete en la cárcel a nuevas personas, a más gente de la que libera, como los que ayudan a los presos políticos o a sus familias".

Respecto a la intervención occidental, Alexiévich señala que "Occidente hizo mucho por ellos, pero solo por la vía diplomática. En cambio, Trump ha comenzado a comprarlos y, por lo que sé, Lukashenko se agarró a esto. 'El dinero por adelantado'. Y a cambio, recibió piezas para los aviones bielorrusos que ya no volaban".

A pesar de todo lo vivido, la escritora mantiene su postura pacifista. "Lo era y lo sigo siendo", afirma. "Si el Consejo de Coordinación hubiera exhortado a la gente a tomar las armas, creo que no hubieran salido tantas personas a la calle". Sin embargo, reconoce que "hay situaciones sin salida", como las torturas descritas en el último informe de la relatora de la ONU sobre el trato a los presos en las cárceles rusas.

Sobre su regreso a Bielorrusia, Alexiévich es clara: "Volveré a Bielorrusia cuando todos vuelvan. No volveré sola". Y aunque confiesa sentir "mucho odio hacia Lukashenko" porque no puede volver a su casa, cree que "todo debe hacerse de acuerdo con la ley y que hay que juzgarlos en el tribunal de La Haya".

En su libro, dedica un capítulo a "cómo vamos a aprender a vivir con los verdugos". "Un hombre me dijo que quería verlos a todos colgados y padeciendo, pero yo creo que el odio es un callejón sin salida, por el que no llegaremos a ninguna parte. El diálogo es la alternativa", concluye la Premio Nobel, para quien transformar el odio en energía constructiva será una tarea que requerirá el esfuerzo de "la élite religiosa, política, los escritores, los artistas".

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