La isla de Taiwán, ubicada a 160 kilómetros de China continental, se ha convertido en uno de los puntos más volátiles del planeta mientras sus 23 millones de habitantes intentan mantener su vida cotidiana bajo la sombra de una posible invasión china. Pekín considera a la isla autogobernada una provincia rebelde a reunificar, sin descartar el uso de la fuerza, mientras Estados Unidos mantiene una política de ambigüedad estratégica sobre si intervendría militarmente en caso de conflicto.