Taiwán vive bajo la amenaza constante de invasión china mientras crece la tensión entre Pekín y Washington
La isla de Taiwán, ubicada a 160 kilómetros de China continental, se ha convertido en uno de los puntos más volátiles del planeta mientras sus 23 millones de habitantes intentan mantener su vida cotidiana bajo la sombra de una posible invasión china. Pekín considera a la isla autogobernada una provincia rebelde a reunificar, sin descartar el uso de la fuerza, mientras Estados Unidos mantiene una política de ambigüedad estratégica sobre si intervendría militarmente en caso de conflicto.
La playa de Shalun, cerca de Taipéi, la capital taiwanesa, es considerada por el Gobierno de la isla como una "playa roja", un punto crítico vulnerable ante una potencial invasión china, según reporta El País. Sin embargo, los taiwaneses pasean, se toman fotografías y disfrutan de la tarde como si fuera un día cualquiera, en una muestra de la disociación cognitiva que caracteriza la vida en la isla: la convivencia entre la alegre rutina diaria y la ansiedad de sentirse constantemente bajo el choque entre superpotencias.
La tensión se intensificó recientemente cuando el presidente estadounidense Donald Trump visitó China, donde el líder chino Xi Jinping le advirtió que Taiwán es "el asunto más importante" en la relación entre Pekín y Washington, según El País. Xi remarcó que, mal gestionado, podría derivar en una situación "extremadamente peligrosa" y llevarles "incluso a conflictos".
El conflicto se remonta a la guerra civil china de 1949, cuando las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek fueron derrotadas por los comunistas de Mao Zedong. Los vencidos huyeron a Taiwán, donde establecieron la República de China, nombre oficial que mantiene hasta hoy. Desde entonces, Pekín considera a la isla una parte irrenunciable de su territorio, mientras que Taiwán funciona como un Estado de facto con su propio ejército, moneda y gobierno democráticamente elegido desde los años noventa.
Taiwán se ha convertido en una pieza geoestratégica indispensable por su localización en una ruta marítima clave y como productora de más del 90% de los semiconductores de última generación, el petróleo de la Inteligencia Artificial, según El País. El gigante de los chips TSMC representa el 9% del PIB taiwanés y tiene entre sus clientes a las cinco empresas con mayor capitalización bursátil del mundo, todas tecnológicas. El 70% de sus clientes son estadounidenses, lo que constituye quizá el mejor seguro de vida de la isla.
"Al ser pequeños es importante convertirse en algo difícil de tragar. Que quien te devore sepa que se hará daño, y se pregunte si merece la pena. TSMC y el resto de la industria son parte de eso. No es solo una cuestión de defensa", comentaron Yang y Chris, dos ingenieros de TSMC en Hsinchu, según El País.
La isla cuenta con un presupuesto de defensa en auge y sus 23 millones de ciudadanos eligen democráticamente a su gobierno, lo cual es parte del problema para Pekín. El actual presidente taiwanés, Lai Ching-te, del Partido Progresista Democrático, es considerado por las autoridades comunistas un "peligro" por sus tendencias secesionistas. "Nuestro futuro no puede ser decidido por fuerzas extranjeras", aseguró Lai en el palacio presidencial en Taipéi durante una comparecencia para hacer balance de sus dos años al frente del Ejecutivo, según El País.
Nada más asumir el cargo, China respondió con una nueva ronda de ejercicios militares en el estrecho. Infobae reporta múltiples incursiones recientes de cazas y buques de guerra chinos en el espacio aéreo y marítimo taiwanés. El Ministerio Nacional de Defensa de Taiwán indicó que cuatro aeronaves detectadas ingresaron a la Zona de Identificación de Defensa Aérea, y en respuesta se activó el sistema terrestre de lanzamiento de misiles.
En otra jornada de maniobras, Taiwán denunció la incursión de nueve buques de guerra y 58 cazas chinos, según Infobae. Modelos como cazas SU-30, J-10 y J-11 participaron en la arremetida aérea en las partes suroeste y norte de la Zona de Identificación de Defensa Aérea de Taiwán. China simuló ataques contra objetivos claves de Taiwán en una operación llamada "Espada Conjunta", que fue denunciada por Taiwán y Estados Unidos, quienes pidieron "moderación" a Xi Jinping.
El Gobierno chino apuesta por un acercamiento a través del principal partido de la oposición taiwanesa, el Kuomintang, que cuenta con mayoría en el Parlamento y capacidad de bloqueo de cuestiones críticas como el presupuesto militar. Su líder, Cheng Li-wun, se convirtió el mes pasado en la primera presidenta en ejercicio del KMT en viajar a Pekín para un encuentro con Xi Jinping, poco antes de la visita de Trump, según El País. Desde la capital china pidió "superar la confrontación política" para evitar "la guerra".
Esta fractura política se traduce en una sociedad muy polarizada. Aunque ambos bandos defienden "la paz y la estabilidad en el estrecho", los de un bando consideran que las veleidades independentistas del otro los llevan inexorablemente a la guerra, mientras que el otro flanco piensa que el acompasamiento con China conducirá a la desaparición del estilo de vida "libre y democrático".
"Aún estamos muy divididos", dice Cheng Hsin-Mei, creadora de Zero Day Attack, una miniserie taiwanesa que explora de forma cruda qué ocurriría en caso de una invasión china, según El País. Cheng, de 50 años, cuenta que la ideó tras ver cómo Pekín aplastó las protestas prodemocráticas de Hong Kong de 2019. "Pero Taiwán tiene todavía opciones", agrega. Cree que la serie ha contribuido a abrir el debate sobre qué pasará en los próximos 5 o 10 años.
Si Hong Kong fue para muchos una especie de despertar, la invasión rusa de Ucrania en 2022 les abrió aún más los ojos. April Chen, de 37 años, cita estos eventos entre los argumentos que la convencieron para arrancar con su hermano un grupo de defensa civil en su barrio hace casi tres años, según El País. "Somos gente que quiere prepararse para la guerra", resume.
Quedan cada miércoles en el parque Ma-gong de Nueva Taipéi y organizan cursos de todo tipo: de primeros auxilios a sistemas de comunicaciones alternativos por si hay un apagón de internet, o manejo de drones. La idea es que la gente "no entre en pánico" en caso de que suceda lo peor, y poder acudir a una red local de apoyo. Hay 43 grupos similares registrados en toda la isla, según la Asociación de Cuerpos Ciudadanos de Taichung.
Heidi Chiu, de 26 años, estudiante de máster de sociología que investiga estos grupos, señala que hay una mayoría notable de mujeres, cercana al 70%, según El País. Los hombres, para quienes el servicio militar es obligatorio, se unirían al ejército. "Las mujeres quieren saber cómo defenderse, y cómo dar apoyo en caso de guerra".
Wu Tsing-Lin, jubilado de 60 años, se unió después de participar el año pasado en un movimiento ciudadano que pidió, sin éxito, la revocación de varios parlamentarios del KMT, al considerarlos "prochinos", según El País. Dice que ha vivido lo suficiente y está dispuesto a morir en el campo de batalla por "esta isla democrática y libre".
Por supuesto, nadie tiene claro que vaya a ocurrir una invasión, aunque varios analistas occidentales han coqueteado con 2027 como una fecha probable de colisión. El profesor Lin Ying-yu, del Instituto de Posgrado de Asuntos Internacionales y Estudios Estratégicos de la Universidad de Tamkang en Nueva Taipéi, cree, sin embargo, que China esperará a 2035, según El País. Los cálculos previos no tuvieron en cuenta ni la pandemia ni la guerra en Ucrania.
Además, el Ejército Popular de Liberación atraviesa un momento delicado tras la purga en su cúpula que Pekín justifica como parte de una batalla contra la corrupción. Pero para 2035, asegura Lin, se habrá completado la reforma de las fuerzas armadas que Xi puso en marcha en 2017, y confluirán sus capacidades teóricas, tecnológicas, organizativas y de recursos humanos. "Entonces, estarán preparados".
El profesor Lin explica por qué la playa de Shalun es un punto crítico: "Si el EPL logra entrar en el río, podría ir directo hasta Taipéi y atacar al presidente", según El País. Desde su despacho en el piso 12 de una colina se ve el hermoso estuario del río Tamsui, cuyo cauce penetra hasta el corazón de la capital. Justo al noreste de la desembocadura arranca Shalun: la playa roja.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene su compromiso con la isla. Congresistas estadounidenses prometieron acelerar la venta de armas a Taiwán para aumentar su capacidad de defensa, según Infobae. El presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja, Michael McCaul, aseguró que su país proporcionará entrenamiento para las fuerzas taiwanesas para enfrentar las agresiones de Xi Jinping.
Washington no mantiene lazos oficiales con Taipéi, apenas lo hacen una docena de países de escasa relevancia, pero le suministra armamento y mantiene una política de "ambigüedad estratégica": nunca confiesa si intervendría o no en caso de ataque. Esta ambigüedad forma parte del delicadísimo equilibrio diplomático entre China y Estados Unidos que ha mantenido la paz en el estrecho durante décadas.
En la playa de Shalun, los taiwaneses continúan con su vida cotidiana. "No es algo que podamos controlar", esquivan dos veinteañeras las preguntas sobre las relaciones entre las dos orillas, según El País. Confiesan que no tenían ni idea sobre las playas rojas. "No lo seguimos demasiado", agrega Alan Lee, de 22 años, recién graduado.
"Odio la guerra", afirma Celia Chou, una profesora de 60 años que camina por la playa mientras escucha la banda sonora de Pearl Harbour, según El País. "Soy una persona pacífica". Considera "hermanos" a los ciudadanos de ambas orillas. "¿Por qué deberíamos odiarnos?". Cree posibles unas relaciones amistosas: "Siempre hay una manera de resolver los problemas".
Taiwán vive con una renta per cápita superior a los 31.000 euros y ha logrado mantener un nivel de vida razonablemente bueno a pesar de la constante amenaza. Pero la pregunta sobre su futuro permanece sin respuesta clara, mientras la isla continúa siendo el punto de fricción más peligroso entre las dos mayores potencias mundiales.



