

Investigadores lingüísticos explican cómo ciertos términos como el 'hygge' danés o el 'saudade' portugués resultan prácticamente intraducibles a otros idiomas, ya que reflejan experiencias culturales específicas que pueden no existir en otras sociedades, según revela un estudio publicado recientemente.
La dificultad para traducir con exactitud ciertas palabras entre idiomas no es solo un problema técnico, sino que refleja profundas diferencias en cómo las distintas culturas experimentan y categorizan el mundo, según señalan expertos en lingüística.
Un claro ejemplo es el término japonés 'shibui', que describe una belleza simple pero elegante y atemporal, para el cual el inglés carece de un equivalente preciso. De manera similar, el 'hygge' danés representa un tipo tan específico de calidez y comodidad que ha requerido libros enteros para explicarlo a hablantes de otros idiomas, según indica el estudio publicado en The Conversation.
Otros ejemplos notables incluyen el 'saudade' portugués, una mezcla de anhelo, nostalgia y melancolía, o el 'hiraeth' galés, que además incorpora un sentimiento de añoranza por la cultura y tradiciones específicamente célticas.
Estas diferencias lingüísticas proporcionan respaldo a la teoría de la "relatividad lingüística", también conocida como hipótesis de Sapir-Whorf, que sostiene que los idiomas funcionan como índices de las redes culturales de sus hablantes. Según esta teoría, si los daneses experimentan 'hygge', necesitarán una palabra para hablar de ello; si los anglohablantes no lo experimentan, no tendrán tal palabra.
Edward Sapir, lingüista estadounidense, fue más allá en 1929 al afirmar que los usuarios de un idioma "no viven solo en el mundo objetivo [...] sino que están muy a merced" de sus lenguas. Esta teoría más fuerte del "determinismo lingüístico" sugiere que los hablantes de inglés podrían estar "prisioneros" de su idioma, incapaces de experimentar conceptos como el 'hygge' de la misma manera que lo haría un danés. La ausencia de la palabra implicaría la ausencia del concepto: un vacío en su mundo de experiencia.
Sin embargo, estas teorías han generado considerable controversia. Benjamin Lee Whorf, estudiante de Sapir, afirmó en 1940 que la supuesta falta de tiempos verbales (pasado, presente, futuro) en la lengua hopi indicaba que sus hablantes tenían una "experiencia psíquica" del tiempo y el universo diferente a la de los físicos occidentales. Esta afirmación fue refutada por un estudio posterior que dedicó casi 400 páginas al lenguaje del tiempo en hopi, demostrando que sí incluía conceptos como "hoy", "enero" y discusiones sobre acciones en presente, pasado y futuro.
Más recientemente, el lingüista antropológico Dan Everett afirmó que la lengua amazónica pirahã carece de "recursión", o la capacidad de insertar una oración dentro de otra, lo que contradice la propiedad que Noam Chomsky ha argumentado como definitoria de cualquier lenguaje humano. Estas afirmaciones también han sido objeto de intenso debate académico.
Los avances recientes en la comprensión de las lenguas indígenas del mundo han revelado dos lecciones importantes: existe mucha más diversidad entre los idiomas del mundo de lo que se creía anteriormente, y las diferencias a menudo están relacionadas con los patrones culturales y ambientales en los que tradicionalmente se hablan estas lenguas.
Por ejemplo, en muchas lenguas himaláicas, una expresión como "esa casa" tiene tres variantes: "esa-casa-hacia arriba", "esa-casa-hacia abajo" y "esa-casa-al mismo nivel", reflejando el entorno montañoso de sus hablantes. Cuando estos migran a regiones de menor elevación, el sistema puede cambiar de "arriba/abajo" a "río arriba/río abajo", y si no hay un río lo suficientemente grande, la distinción puede desaparecer.
En las lenguas aslianas indígenas de la península de Malasia, existen amplios vocabularios que se refieren a olores naturales finamente distinguidos, lo que refleja el entorno de recolección ricamente diverso de sus hablantes.
Estudios de comunidades pequeñas y estrechamente unidas, como los milang del noreste de India, han revelado cómo los idiomas pueden requerir que los hablantes marquen su fuente de información: si una afirmación es conocimiento general de su grupo social o proviene de un tipo diferente de fuente, como rumores o deducción a partir de evidencias.
Los hablantes de idiomas con tales sistemas de "evidencialidad" pueden aprender a hablar idiomas sin ellos, como el inglés. Sin embargo, los hábitos del idioma nativo resultan difíciles de romper. Un estudio reciente mostró que los hablantes de algunos idiomas con evidencialidad añaden palabras como "supuestamente" o "aparentemente" en sus declaraciones con más frecuencia que los hablantes nativos de inglés.
Los investigadores concluyen que los idiomas humanos pueden no ser una prisión de la que sus hablantes no pueden escapar, sino más bien como casas cómodas que resulta difícil abandonar. Aunque siempre se puede tomar prestada una palabra de otro idioma, sus significados culturales únicos pueden permanecer siempre un poco fuera de alcance.
En un caso relacionado, la controversia sobre la traducción del poema "The Hill We Climb" de Amanda Gorman tras su lectura en la inauguración presidencial de Biden ilustra las complejidades culturales de la traducción. Según un artículo publicado en Language Log, surgieron debates sobre quién debería traducir la obra de Gorman a varios idiomas europeos, con argumentos de que solo una mujer negra debería traducir el trabajo de la poeta negra. Esto llevó a diferentes soluciones en distintos países: en Holanda se retiró un traductor blanco no binario inicialmente elegido por Gorman, en Cataluña se descartó una traducción ya completada por un hombre blanco, Suecia contrató a un rapero negro, Dinamarca a una mujer de piel oscura que usa hiyab, y Alemania formó un comité de tres traductoras: una negra, una de piel oscura y una blanca.
Estos casos demuestran que la traducción no es simplemente un ejercicio lingüístico, sino un proceso profundamente influenciado por factores culturales, sociales e identitarios que pueden hacer que ciertos conceptos sean prácticamente intraducibles entre idiomas y culturas.