Trump, Xi y Putin avanzan hacia una estabilización táctica que desafía el orden internacional
El presidente chino Xi Jinping recibió en Pekín al mandatario estadounidense Donald Trump y al ruso Vladímir Putin en dos cumbres consecutivas que marcan un proceso de estabilización entre las tres potencias. Aunque no constituyen un pacto estratégico, los encuentros revelan una convergencia táctica que reduce riesgos de confrontación económica pero amenaza el orden multilateral basado en reglas y derechos humanos, según análisis de El País.
En pocos días, la capital china fue escenario de dos encuentros de máximo nivel que definen el nuevo equilibrio geopolítico global. Xi Jinping se reunió primero con Donald Trump y posteriormente con Vladímir Putin, en cumbres que señalan un proceso de estabilización entre las tres grandes potencias, según reporta El País.
La cumbre entre China y Estados Unidos produjo como concepto clave la "nueva estabilidad estratégica constructiva", término que ambas partes destacaron, según la fuente. Este acercamiento llega después de un 2025 marcado por la ofensiva arancelaria de Trump y la respuesta de Xi con restricciones a las exportaciones de tierras raras. Aunque persisten tensiones y competencia, Washington y Pekín coinciden en preferir una gestión controlada de sus diferencias, según el análisis.
El encuentro entre Xi y Putin también se interpreta como búsqueda de estabilidad. El líder chino ofreció al ruso dos elementos: el recibimiento mismo, que envía el mensaje de que la distensión con Trump no erosiona la relación con Moscú, y una declaración conjunta que reafirma la sintonía en la reconfiguración del orden mundial, según El País. China suministra productos sin los cuales el esfuerzo bélico ruso colapsaría, pero Xi no concedió a Putin lo que este deseaba: concreción en el desarrollo del gasoducto Poder de Siberia 2.
En un gesto simbólico, Xi mostró a Putin un retrato de ambos donde el líder chino aparece más grande, por delante y mirando de frente, mientras el ruso va más pequeño, detrás y mirando hacia su socio, según la fuente. Este momento subraya la posición de vasallaje del Kremlin en la relación bilateral.
La relación entre Estados Unidos y Rusia también muestra síntomas de estabilización sin necesidad de cumbre formal. La administración Trump ha reducido sustancialmente la presión sobre el Kremlin comparada con la de Joe Biden, según El País. Aunque mantiene cierto apoyo a Kiev con información de inteligencia, venta de armas y algunas sanciones contra Moscú, el conjunto es más acomodaticio. Trump incluso recibió con honores a Putin en Alaska sin contrapartidas, ya no regala armas a Ucrania, debilita su compromiso con la OTAN y reconoce a Rusia estatus de potencia, según la fuente.
Este marco de estabilización no constituye un gran pacto estratégico comparable a Yalta, cuando Roosevelt, Stalin y Churchill acordaron el futuro de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, según el análisis. Se trata de una convergencia táctica y ocasional, pero con relevancia y consecuencias.
Según informó el diario Financial Times citado por El País, durante las conversaciones de la cumbre entre China y Estados Unidos, Trump sugirió a Xi que ambos, junto a Putin, deberían unir fuerzas para luchar contra el Tribunal Penal Internacional. Este ejemplo ilustra el camino de convergencia que las tres potencias pueden recorrer en la erosión de instituciones y normas internacionales que obstaculizan sus intereses.
Aunque Estados Unidos y Rusia buscan la demolición del orden internacional con instintos imperialistas, China también comparte impulsos similares pese a no recurrir a la fuerza violenta y presentarse como defensora de un orden basado en reglas, según El País. A China le interesa la estabilidad del orden económico, pero busca demoler el orden político que refiera a derechos humanos universales y democracia. No se somete a sentencias de tribunales internacionales y quiere proyectarse en Taiwán, Hong Kong o aguas disputadas al margen de normas y tratados, según la fuente.
Cada potencia tiene motivaciones específicas en este proceso. China considera que la estabilidad favorece su avance y le permite recortar distancias con Estados Unidos, según el análisis. Washington entiende que su asalto contra Pekín fracasó y, en año electoral y mientras enfrenta la situación en Irán, no le conviene un pulso que causaría turbulencias graves. Trump, que maltrata e insulta a aliados democráticos, se muestra deferente con Xi, contraste con Biden quien llamó dictador al líder chino, según El País.
Respecto a Taiwán, Trump no sostiene a la isla con explícita disposición a defenderla como hizo Biden y, aunque ha aprobado paquetes de ayuda militar, mantiene el último congelado e incluso lo ha insertado en la ecuación del diálogo con Pekín, rompiendo con la tradición, según la fuente.
Rusia es el eslabón débil. Con un PIB comparable al de Italia, para Moscú ya constituye un logro proyectar apariencia de potencia en los tratos con las otras dos y no puede permitirse actos de desestabilización, según el análisis.
Existe además cierta sintonía personal entre los tres líderes: varones de más de 70 años, dos indisimuladamente autoritarios y el tercero con fuertes instintos autoritarios constreñidos por instituciones democráticas, según El País.
La estabilización y convergencia entre estas tres potencias presenta aspectos positivos y negativos para el resto del mundo. Otro conflicto económico entre Estados Unidos y China sería nefasto globalmente, y es positivo que Washington y Moscú hayan acordado este año reactivar contactos militares, porque mantener canales de comunicación abiertos reduce riesgos, según la fuente.
Sin embargo, esta dinámica acarrea consecuencias negativas para quienes creen en un orden mundial multilateral basado en reglas con derechos humanos universales en su centro, según El País. También afecta a aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa o Asia Pacífico que se preguntan qué significa para ellos la actitud de Washington.
Esta tendencia frágil podría desmoronarse, especialmente considerando la inestabilidad característica de la acción del actual presidente estadounidense, según el análisis. No obstante, conviene notar esta dinámica, valorar los riesgos que evita y prepararse para aquellos que implica, concluye El País.



