

El conflicto entre Ucrania y Rusia podría extenderse hasta tres años más según declaraciones del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, mientras ambos países enfrentan crecientes señales de agotamiento social, económico y militar, pero sus gobiernos se preparan para continuar la lucha a largo plazo.
La guerra entre Ucrania y Rusia, que ya se acerca a su tercer año, parece estar lejos de concluir. Según reveló recientemente el primer ministro polaco Donald Tusk al diario The Sunday Times, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski le habría confiado que su ejército está preparado para resistir en el frente dos o tres años más, a pesar de que el discurso oficial de Kiev en los últimos meses había sido que la guerra debía finalizar en 2025.
Ante el revuelo causado por estas declaraciones, Zelenski compareció ante los medios para aclarar que, gracias al apoyo financiero y militar europeo, Ucrania está capacitada para resistir estos tres años adicionales, aunque subrayó que no es su voluntad que la guerra se prolongue, según informa El País.
La continuación del conflicto no depende principalmente de Ucrania. El presidente ruso, Vladímir Putin, se niega a aceptar el alto el fuego que le volvieron a reclamar en octubre Zelenski y sus aliados occidentales. La doctrina de Putin establece que la paz solo se conseguirá cuando se reconozca a Rusia el derecho de conquista sobre las provincias que el nacionalismo ruso considera que no son ucranianas, particularmente Donetsk y Lugansk, que tiene prácticamente bajo su control.
Las previsiones de Zelenski coinciden con los análisis de importantes centros de estudios internacionales. Mason Clark, investigador del estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra, aventuró el 16 de octubre en una conferencia en Kiev que "la guerra puede durar cinco años más, los objetivos rusos siguen siendo maximalistas". Por su parte, Thibault Fouillet, militar francés y subdirector del Instituto de Estudios de Estrategia y Defensa de la Universidad de Lion III, afirma que "por supuesto que es posible que la guerra dure más años" y añade que "la única forma de detener una guerra a gran escala es la capitulación de una de las partes o un acuerdo político".
Rusia avanza en el frente, pero a un ritmo muy lento, lo que Fouillet califica como "estancamiento táctico". "Por esto es improbable que una de las partes colapse y se produzca una capitulación, por lo que si no hay un acuerdo político, esta guerra puede durar más años, incluso con una menor intensidad", explica el experto.
El Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS) de Estados Unidos publicó en septiembre un informe en el que concluía que "la opción más posible es una guerra sin fin de baja intensidad", en la que Rusia "persiga dejar a Ucrania en un limbo fuera de la Unión Europea, de la OTAN y dependiente de los designios rusos". El mismo informe señala que Rusia ya tiene presupuestada una economía que sustente la guerra dos o tres años más, contemplando incluso que las sanciones occidentales terminen afectando a su economía y sociedad.
La guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido principalmente en una lucha de desgaste. El Kremlin, como agresor, mantiene la invasión gracias a la financiación de China, mientras que Kiev resiste con el apoyo imprescindible de Europa. La Unión Europea ya ha comprometido los recursos necesarios para mantener el Estado ucraniano a flote hasta 2027, y los aliados de la OTAN iniciaron en agosto la compra de armamento estadounidense para Ucrania. Sin embargo, según Kiev, para dar un giro a la guerra, falta que Europa apruebe el uso de las decenas de miles de millones de euros en activos rusos congelados en el exterior.
En el ámbito económico, Zelenski confía en que las nuevas sanciones sobre el sector energético ruso reduzcan significativamente la financiación del ejército de Putin. El centro de estudios políticos Dilova Stolitsia estima que las pérdidas por la venta de petróleo alcanzarán en un año un nivel suficiente para frenar el empuje ruso en el frente.
Oleksi Melnik, codirector del instituto de estudios políticos y de defensa Razumkov, está convencido de que Rusia no podrá mantener abierto el conflicto tres años más porque su economía ya empieza a debilitarse: "Los presupuestos regionales están cayendo, los buenos salarios que prometen a los reclutados irán cayendo porque no habrá dinero, incluso Rusia tendrá problemas de movilización".
Maksim, un oficial ucraniano de una unidad de drones en la provincia de Járkov, ofrece una perspectiva desde el frente. Admite que hace cuatro meses su previsión era pesimista: "Mi agenda de contactos en el móvil va reduciéndose y reduciéndose, entre los compañeros heridos, que han muerto o que han dejado el ejército. Mi previsión era que en tres años estaríamos tan jodidos que aceptaríamos claudicar al deseo ruso". Sin embargo, su esperanza ha vuelto desde que Robert Brovdi fue nombrado en junio comandante de las Fuerzas de Sistemas no tripulados, liderando ataques diarios contra el sector petrolero y gasístico ruso, lo que según Maksim está provocando inflación en Rusia.
A pesar de las señales de debilitamiento ruso, Fouillet cree que el principal perjudicado de prolongar la contienda sería Ucrania, principalmente por razones demográficas: "Este escenario, en mi opinión, es el peor para Ucrania, pues pone a prueba la capacidad de su población, debido a la escasez de personas dispuestas al reclutamiento y, además, a la necesidad de mantener un alto nivel de asistencia y apoyo exterior a pesar de los cambios políticos".
La falta de soldados es un problema crítico para Ucrania. Son escasos los hombres que se presentan voluntarios para incorporarse al ejército. El propio Gobierno estima en 1,5 millones los varones en edad de servicio militar que evitan la llamada obligatoria para el alistamiento. Las deserciones también se han disparado: la fiscalía general hizo público en octubre que cerca de 200.000 soldados habían abandonado su posición sin consentimiento desde 2022, el doble que hace un año y equivalente a un 20% de las tropas.
Una nueva normativa que entró en vigor en agosto permite a los jóvenes de 18 a 22 años abandonar el país, a diferencia del resto de hombres adultos en edad de servicio militar. El objetivo del Gobierno es facilitar que desarrollen sus estudios en el extranjero, pero se ha producido una fuga masiva de estos jóvenes. Casi 100.000 hombres entre los 18 y los 22 años cruzaron entre septiembre y octubre la frontera con Polonia, según datos de las autoridades polacas publicadas por Politico.
Serhii Usenko, profesor de Medicina en la Universidad Nacional de Járkov y médico militar, destaca la gravedad de esta situación: "Eso, para poner un ejemplo del problema que es, equivale a las tropas del ejército británico. Yo veo cada día en el hospital la cantidad de heridos, de soldados agotados mentalmente de tantos años luchando, y veo que ni siquiera tenemos médicos suficientes, ni suficientes alumnos en la universidad. Para defendernos más años, para levantarnos, necesitamos que regresen los millones de personas que se han ido al extranjero".
Anatoli Zayetsi, de 57 años, veterano de la guerra de Donbás (2014-2021) y exmilitar soviético que combatió en Yemen y Etiopía, ofrece una perspectiva desde su experiencia mientras se recupera de su tercera herida en combate: "El imperialismo ruso no parará, es su sino". A pesar de ser consciente de los retos que plantea Usenko, concluye que Ucrania no tiene alternativa: "Los que estamos luchando, por mal que estemos, tenemos más motivación que ellos, porque no tenemos otra opción que seguir defendiendo nuestro hogar".