El incendio fue reportado al Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Constanza a las 00.05 del martes, hora local, y fue confirmado por el presidente de Rumania, Nicusor Dan, quien declaró en Facebook que "las instituciones estatales están en alerta y esclarecerán las circunstancias, las causas y las responsabilidades relacionadas con este grave incidente, que muy probablemente forma parte de la guerra de agresión ilegal de la Federación Rusa contra Ucrania".
El buque Gas Lisbon, que navegaba bajo bandera de Liberia, había zarpado del puerto de Alejandría en Egipto con destino al puerto de Reni en Ucrania. Según las autoridades rumanas, transportaba una carga de más de 3.790 toneladas de gas propano. El ataque provocó graves daños en la superestructura de la nave y un incendio que obligó a los 17 tripulantes a refugiarse en la zona de proa sin posibilidad de utilizar sus propios medios de evacuación.
De los tripulantes a bordo, tres resultaron heridos. Según el Departamento de Situaciones de Urgencia de Rumania (DSU), dos de ellos sufrieron quemaduras en aproximadamente el 10%-15% del cuerpo, mientras que el tercero presentaba múltiples heridas. Las autoridades rumanas pusieron en marcha una operación de rescate y mantuvieron comunicación con los afectados mediante un buque mercante cercano, que actuó como repetidor de radio debido a la larga distancia. Aunque varias embarcaciones de la Guardia Costera y de Salvamento Marítimo se movilizaron, las condiciones meteorológicas adversas impidieron realizar una intervención aérea con helicóptero. Finalmente, los rescatistas lanzaron dos balsas salvavidas y lograron evacuar a los 17 miembros de la tripulación. El Ministerio de Defensa rumano emitió un aviso a la navegación para evitar la zona del suceso y puso a disposición un helicóptero y dos naves militares para posibles operaciones de apoyo.
Este incidente se produce en el contexto de ataques rusos continuos contra infraestructuras portuarias ucranias desde el inicio de la guerra en febrero de 2022. Los puertos ucranianos son objetivos estratégicos para Rusia porque desde ellos Ucrania exporta cereales e importa, almacena y distribuye combustible. El ataque ocurrió apenas horas después de que un misil ruso impactara contra un buque mercante bajo bandera de Guinea-Bisáu que transportaba maíz cerca de la ciudad portuaria ucraniana de Odesa el lunes, causando diez muertos entre los 18 tripulantes. Además, hace diez días Moscú anunció que había bombardeado tres puertos ucranios en la región suroccidental de Odesa, incluyendo el de Izmail, el más grande de la porción del río Danubio que recorre Ucrania, dejando cuantiosos daños materiales.
El incidente genera una nueva escalada de tensión en Rumania, que ya ha sido afectada por la guerra en Ucrania. A principios de junio, un dron marino de origen ucranio explotó en una terminal de carga de gas en el puerto de Constanza, el más grande de Rumania. Las autoridades se vieron obligadas a despejar un perímetro de un kilómetro y a evacuar todas las playas del Mar Negro tras detectar otros cuatro drones sin control en sus aguas, producto de la guerra electrónica que mantienen Kiev y Moscú. Bucarest reprochó a los ucranios que les avisaran cuando ya hacía horas que sabían que los aparatos navegaban sin rumbo.
Respecto a la posible contaminación de la zona, la ministra rumana de Medio Ambiente, Diana Buzoianu, declaró que las autoridades no pueden intervenir porque el barco no está en aguas territoriales rumanas, pero agregó que si la nave se adentra en aguas nacionales, sí intervendrían para realizar labores de limpieza.
Las embestidas rusas en esa zona están afectando gravemente al Delta del Danubio, donde se sitúan los puertos de Izmail y Reni. Según fuentes de la Administración Fluvial del Bajo Danubio, la guerra está acelerando el deterioro del mayor humedal de Europa, ya castigado por el cambio climático, mientras golpea la economía de las comunidades que observan el conflicto desde la orilla rumana del río. Los daños aún no han sido cuantificados completamente, pero las autoridades advierten sobre el impacto ambiental y económico a largo plazo en la región.




