La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha tomado el control de Venezuela tras una operación militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. El ataque, que incluyó bombardeos en Caracas y La Guaira, ha dejado al país en un estado de incertidumbre mientras el gobierno de Donald Trump establece una nueva relación con el régimen chavista ahora liderado por Rodríguez.
Una semana después de la sorpresiva operación militar estadounidense que sacudió Venezuela, el país caribeño vive una realidad que pocos hubieran imaginado: Nicolás Maduro, quien gobernó con mano firme durante más de una década, ha sido capturado y trasladado a Nueva York junto a su esposa Cilia Flores para enfrentar un juicio en Manhattan, mientras su antigua vicepresidenta Delcy Rodríguez asume el poder con el respaldo de Washington.
La madrugada del sábado 3 de enero, los venezolanos despertaron con el estruendo de bombardeos en Caracas y La Guaira. Según relatos de testigos, aviones de combate norteamericanos atacaron puntos estratégicos mientras fuerzas especiales ingresaban al edificio donde se refugiaba Maduro, eliminando a su guardia presidencial y capturando al mandatario, según cuenta Augusto, un político opositor de 70 años citado por El País.
"Mamá, están bombardeando Caracas", fue el mensaje que recibió Maribel, una residente de Maracaibo, de su hijo que había salido a una fiesta, según relata el mismo medio. La noticia se propagó rápidamente mientras los canales oficiales guardaban silencio, generando escenas de pánico con ciudadanos agolpándose en supermercados y tiendas.
En las horas siguientes, Delcy Rodríguez, persona de confianza de Maduro y figura clave del chavismo, asumió el mando con la bendición explícita de Donald Trump. Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., habló primero de un "periodo de estabilización" y posteriormente de una "transición", dejando claro que la oposición venezolana no lideraría esta etapa.
"Trump asegura que está 'a cargo' de Venezuela y los Rodríguez dicen que no, que manda su Gobierno y que desde esa postura se negocia con Estados Unidos", señala El País, evidenciando la compleja y contradictoria situación de poder que se vive actualmente en el país.
La nueva administración mantiene la estructura del gobierno anterior: los mismos ministros, los militares de la revolución en las alcabalas, y los órganos de inteligencia chavista (DGCIM y SEBIN) controlando fronteras y vigilando a posibles disidentes. Sin embargo, hay cambios significativos en el tono y las relaciones internacionales.
Según El Mundo, Delcy Rodríguez "ha vendido a Maduro por una presunta inmunidad en la que nadie (quizá tampoco ella) cree por entero". El mismo medio describe la situación como "una perpetuación del siniestro régimen original, por más que liberen necesariamente a algunos presos políticos".
La operación ha generado reacciones divididas entre los venezolanos. Para chavistas como Yurlenys, una artista plástica citada por El País, lo ocurrido fue "un secuestro" y representa "el águila imperial yanky aterrizando en el corazón de Latinoamérica". Ella defiende que los problemas económicos de Venezuela no fueron culpa de Maduro sino de Estados Unidos "cerrando las llaves".
En contraste, otros ciudadanos como Rosmary confiesan sentir un placer "culpable" por la salida de Maduro. "Estoy muy lejos de apoyar a Trump. Pero nos conviene lo que está haciendo. Sé que sueno inocente, pero ojalá sea nuestro tonto útil", expresa según El País.
La tensión sigue presente en las calles. Maribel relata que borra todas las aplicaciones de su teléfono al salir de casa y las reinstala al volver, temerosa de los hombres de Diosdado Cabello, ministro del Interior y líder del ala más radical del chavismo, quienes "se pasean en moto y armados por las calles" revisando móviles y conversaciones en aplicaciones de mensajería.
En el plano económico, ya se vislumbran cambios significativos. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha anunciado según El País que "las sanciones adicionales contra Venezuela podrían levantarse la próxima semana para facilitar las ventas de petróleo", y que se reunirá con los jefes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para reanudar el compromiso con Venezuela.
Una de las primeras acciones destacadas ha sido la venta de 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, algo que Trump presenta como muestra de sumisión del nuevo gobierno venezolano. Sin embargo, fuentes chavistas consultadas por El País aseguran que esta venta "ya la había aprobado Maduro para dar salida a un crudo estancado y para mostrarle a Estados Unidos que estaba dispuesto a cambiar sus políticas siempre con la condición de que él se quedara en el poder".
Nicolás Maduro Guerra, hijo del expresidente, defiende que "esta era la ruta de su padre, solo que no le han dejado aplicarla y se lo han llevado detenido a Nueva York".
La situación ha generado un profundo debate sobre la soberanía nacional. Mario, un chavista citado por El País, envió un mensaje a través de un intermediario por temor a que su teléfono estuviera intervenido: "Lo que estamos viviendo es un retroceso histórico. Venezuela ha perdido soberanía y capacidad de decidir su propio futuro. Hoy las decisiones económicas y políticas están condicionadas por intereses externos, especialmente de Estados Unidos, lo que nos coloca en una situación de dependencia y vulnerabilidad".
El diario Artículo 14 recoge una reflexión similar: "Trump ha realizado una jugada políticamente muy rentable. Ha derribado lo que durante años fue la punta del iceberg: Nicolás Maduro. Con ello, no solo lanza un mensaje interno, sino uno mucho más amplio al resto del mundo: 'Puedo hacerlo, y puedo volver a hacerlo'".
El mismo medio compara lo ocurrido con un "gambito de dama" en ajedrez: "una jugada en la que se sacrifica una pieza no como fin, sino como medio para dominar el tablero. Esto no va solo de Maduro. Va de desestabilizar un entramado más amplio: redes de poder, apoyos internacionales, flujos económicos, intereses geopolíticos y mensajes dirigidos a otros líderes del mundo".
A una semana del ataque, según el diario catalán Ara, "el silencio y la incertidumbre reinan en las calles de Venezuela" y "las consignas antiimperialistas desaparecen del país" mientras "los venezolanos presencian cómo se desmantela, ahora sí, la llamada revolución bolivariana".
Augusto, el político opositor citado por El País, nota un cambio en el tono de los líderes chavistas: "Ya no se burlan tanto". Observa que ahora se muestran "muy institucionales, respetuosos, comedidos, con el mensaje chavista de siempre, sí, pero sin reírse de los demás".
Mientras tanto, se reportan algunos avances como la liberación de presos políticos y la próxima reapertura de la embajada estadounidense en Caracas, señales de un cambio en las relaciones bilaterales tras años de confrontación.
Para los más de 7 millones de venezolanos que han emigrado en los últimos años, la situación genera sentimientos encontrados. Ana María, de 53 años, cuyos hijos viven en Noruega y España, expresa su deseo: "No quiero más sangre, solo que todo sea pacífico. Que recuperemos el país y que no nos jodan la vida. Queremos ser felices".
El futuro de Venezuela permanece incierto. Como señala una venezolana en el extranjero citada por Artículo 14: "Una cosa es que un régimen caiga, y otra muy distinta es saber qué viene después. ¿Cómo será la transición? ¿Quién tomará decisiones clave? ¿Qué significa realmente que Donald Trump marque el ritmo de esta nueva etapa?".
La misma fuente concluye con una reflexión que resume el sentir de muchos: "Venezuela ha perdido gran parte de su infraestructura industrial y de su talento humano. Tiene una riqueza inmensa, pero hoy no puede generar bienestar ni estabilidad por sí sola. Necesita ayuda internacional, especialmente en gestión, gobernanza y reconstrucción institucional".