El Gobierno venezolano decretó una semana de luto nacional tras confirmar 2.295 fallecidos y 11.267 heridos por el doble sismo que golpeó al país hace siete días, aunque el presidente de la Asamblea Nacional sugirió que la cifra podría alcanzar los 10.000 muertos. Con 855 edificios afectados y 189 colapsados totalmente, miles de familias permanecen en las calles buscando a sus desaparecidos mientras el país enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes.
Francisco Pérez, de 28 años, lleva una semana frente al estacionamiento de un edificio derrumbado en La Guaira, donde cree que está atrapada Nancy Rojas, de 67 años, su jefa a quien considera como una madre. Durante días, el joven asegura haber establecido comunicación con ella mediante golpes: dos para decir que sí, tres para decir que no. Pero ya no la vuelve a escuchar. Rescatarla parece imposible, según la fuente, porque el techo está tan comprometido que mover un solo bloque puede hacer colapsar el resto del edificio.
La historia de Francisco es una entre miles en un país que, una semana después del doble sismo, apenas comienza a dimensionar la magnitud de la tragedia. El Gobierno de Delcy Rodríguez decretó una semana de luto nacional tras sumar 2.295 muertos y 11.267 heridos, según El País. Sin embargo, el martes, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, deslizó que puede haber 10.000 fallecidos. Las bolsas de cadáveres están en camino, reporta la fuente.
Mientras tanto, la plataforma que impulsa la líder opositora María Corina Machado, un canal paralelo al oficial y con casos repetidos, cuenta 40.668 personas registradas como "sin contacto" con sus familiares, según la misma fuente. Hay 855 edificios afectados, 189 de ellos con colapso total.
**La búsqueda desesperada**
Francisco admitió que mintió durante varios días al decir que Nancy era su madre biológica. "Era la única manera de que me hicieran caso", confesó, según El País. "La gente, al yo decir que era mi mamá y verme tan desesperado, venía a ayudarme… Por eso la mentira ha llegado tan lejos", se disculpó. Siete días después de los terremotos, Francisco ya no habla de rescate. Habla de recuperar un cuerpo y enterrarlo con dignidad.
La espera del joven y su amiga Scarly Rojas, la única hija de Nancy, tiene algo de ritual que se repite edificio tras edificio, día y noche, en La Guaira, reporta la fuente. De madrugada, con menos tráfico y menos ruido de maquinaria, decenas de estructuras se quedan a oscuras mientras los rescatistas —a veces solo vecinos, a veces profesionales— siguen pidiendo silencio para intentar escuchar golpes o voces bajo los escombros. El mismo código que usaba Francisco, replicado a escala de una ciudad entera.
Los campamentos se desperdigan por la ciudad, pero los barrios están llenos de colchones apostados en la puerta de las urbanizaciones perdidas, según El País. Duermen allí cada noche a pesar del insoportable olor a cadáver que inunda ya casi todo el municipio.
**El shock psicológico**
Scarly agarró este martes a alguien que en su camiseta ponía "psicólogo". "Hablé con él porque yo, en particular, soy además paciente psiquiátrico. Sufro de ansiedad y en toda esta situación estoy en shock todavía y no termino de drenar, de llorar", explicó, según la fuente. Francisco también sigue conmocionado, apenas reacciona, ni se emociona, pero empieza a asimilarlo: "Ahorita lo que me queda es rescatar el cuerpo, darle una sepultura y seguir con mi vida", dijo.
Frente a otro edificio derruido, Francisco y otros dos jóvenes, parejas de dos hermanas que quedaron sepultadas, describen el muro que les impide seguir adelante. "Lo más arrecho es que hace dos días tuve que hacer mercado y me pegó duro", les contó Francisco, según El País. "Es que me decía: 'Coño, estoy haciendo algo de la vida cotidiana teniendo a mi mamá [en referencia a Nancy] allá abajo'. Y no puedo". Andrés Piñero, novio de la española Franchesca, una de las dos mujeres a las que intenta recuperar, asintió. "Eso es lo que queremos. Enterrarla, al menos", dijo.
**El colapso del sistema forense**
Incluso para quienes ya han rescatado un cuerpo, el duelo tropieza con muchos obstáculos: peregrinar de morgue en morgue (varias improvisadas al aire libre) para encontrarlo, identificarlo, rellenar formularios y cremarlo, reporta la fuente. Cientos de cuerpos han pasado días expuestos al calor del Caribe. En estacionamientos, en solares vacíos, en el puerto. "Hay algunos que ya están irreconocibles", afirmó un miembro del Gobierno de Delcy Rodríguez en la zona del desastre, según El País.
La identificación, cuando es posible, se hace por pertenencias, tatuajes o pruebas dentales, según la fuente. Cuando no lo es, las familias quedan atrapadas en un limbo distinto al de Francisco: tienen el cuerpo, pero no la certeza de que sea el suyo. Con tal volumen de muertos, las cremaciones tampoco pueden esperar.
**Rescates por cuenta propia**
La desesperación por llegar hasta los suyos ha empujado a algunos a saltarse a las autoridades, que tardan demasiado en llegar, reporta El País. José Mesa tiene a su hija y a los dos abuelos de la niña entre los escombros de un edificio que se inclina cada día un poco más. Esta semana él mismo acabó encaramado en la azotea para intentar sacarlos con sus propias manos. "Fue un poco difícil porque no teníamos los materiales. Necesitamos a alguien que suba y nos ayude", contó, según la fuente.
Pero la prioridad de los equipos de rescate, siete días después, sigue siendo otra: los vivos, no los muertos. Mesa, como Francisco, espera turno.
**Engaños desesperados**
Esa impotencia ha generado, cuentan miembros de los equipos internacionales desplegados en el país, un fenómeno que se empieza a ver con más frecuencia en las redes: supervivientes que se meten entre los escombros y se graban fingiendo estar atrapados, con la esperanza de que el vídeo circule y atraiga a los rescatistas hacia el edificio exacto donde tienen a los suyos, según El País. Mienten para que alguien les ayude.
**Sin margen para pensar en el futuro**
En Venezuela, un país que ya en la normalidad vive al día, nadie habla del futuro todavía, reporta la fuente. "Quizá uno se recupera", dijo Francisco, "pero seguirán meses en los que uno va para una ferretería, uno ve un pico, uno ve una pala y uno se va a poner mal". Por ahora, ni él ni nadie tiene margen para pensar tan lejos: hay que seguir buscando, según El País.
La magnitud de la catástrofe plantea desafíos sin precedentes para Venezuela, que deberá pasar meses contando y enterrando a sus muertos mientras intenta reconstruir las zonas devastadas. La discrepancia entre las cifras oficiales y las estimaciones extraoficiales sugiere que el balance final podría ser considerablemente mayor, dejando al país sumido en una de las peores crisis humanitarias de su historia reciente.