

El físico y profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Física Teórica, Alberto Casas, presenta su nuevo libro 'La ilusión del tiempo', donde explora conceptos fundamentales sobre la naturaleza del tiempo, la realidad y la existencia humana desde la perspectiva de la física moderna.
El reconocido físico Alberto Casas, doctor y profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Física Teórica (CSIC-UAM), ha publicado su último libro titulado 'La ilusión del tiempo' (Ediciones B, Penguin Random House 2025), donde aborda profundas cuestiones sobre la naturaleza del tiempo y sus implicaciones en nuestra comprensión de la realidad.
En su obra, Casas parte de una reflexión de Albert Einstein, quien en 1955 escribió a la familia de su amigo Michele Besso tras su fallecimiento: "La muerte no significa nada. Para nosotros, que creemos en la física, la separación entre pasado, presente y futuro solo tiene el significado de una ilusión, aunque persistente". Esta perspectiva sirve como punto de partida para un viaje a través de las diferentes ramas de la física que han contribuido a nuestra comprensión del tiempo.
Según explica Casas, "el tiempo no es una ilusión, pero la manera en que lo percibimos sí lo es". Define el tiempo como "una coordenada necesaria para describir el mundo", pero cuestiona nuestra percepción convencional sobre cómo transcurre. "Para identificar un acontecimiento cualquiera necesitas tres coordenadas espaciales para definir dónde se produjo y una coordenada temporal para diferenciarlo de otros que ocurrieron en ese mismo lugar", señala el científico.
Uno de los aspectos más provocadores de su análisis es la relatividad del presente. "En nuestras escalas cotidianas tendemos a pensar que el presente del universo es el conjunto de todos los acontecimientos que se están produciendo en un instante dado. Sin embargo, la teoría de la relatividad demuestra que, para otro observador, los acontecimientos que se producen simultáneamente son otros y, por lo tanto, no hay un presente objetivo", afirma Casas.
Esta perspectiva relativista se extiende también a nuestra concepción del pasado y el futuro. "La sensación de que el pasado ya ocurrió y es inamovible, mientras que el futuro aún no ha ocurrido y está abierto, puede ser una ilusión debida a que tenemos mucha más información acerca de los eventos pasados que de los futuros", explica. Esto se debe, según el físico, a un efecto sutil relacionado con el incremento de entropía (desorden de un sistema) a medida que el tiempo avanza.
Casas sostiene que, dejando de lado la física cuántica, "las leyes de la física nos dicen que, a partir de un cierto estado, como el actual que vivimos, podemos reconstruir tanto el pasado como el futuro". Compara este fenómeno con una pelota que rebota: en cualquier punto de su trayectoria, es posible reconstruir tanto su futuro como su pasado. "Cuando recordamos algo, lo que hacemos es reconstruir o deducir cómo fueron las cosas en otro momento a partir de los datos del presente", añade.
En cuanto a la posibilidad de viajar en el tiempo, el físico zaragozano es categórico: "Está probado de forma rotunda el viaje hacia el futuro". Explica que, según la Teoría de la Relatividad, "el tiempo no transcurre igual en todos los sitios". Para objetos que se mueven a mayor velocidad o están en un campo gravitatorio más intenso, el tiempo transcurre más lentamente. "Por ejemplo, el tiempo transcurre más rápido en la cabeza que en los pies. Esto está probado experimentalmente", asegura.
Una de las afirmaciones más controvertidas de Casas se refiere al libre albedrío. "Si las leyes de la física son deterministas, entonces es evidente que no tenemos libre albedrío porque todo lo que va a suceder está ya escrito", sostiene. Y añade que "tampoco la física cuántica, que es intrínsecamente probabilística, facilita el libre albedrío". Según explica, "las hechos pueden no estar predeterminados, pero sí sus probabilidades, y nosotros no podemos afectarlas de ninguna manera sin violar las leyes de la física".
"Por eso creo que el libre albedrío es una ilusión creada por nuestro cerebro, la sensación de que controlamos nuestros actos", afirma. "Cuando hacemos algo, parece que es el resultado de una libre elección, pero en realidad la decisión ya estaba tomada. Muchos experimentos neurológicos indican que las decisiones están tomadas una fracción de segundo antes de que seamos conscientes de ellas".
A pesar de esta conclusión determinista, Casas reconoce que "la única manera razonable de comportarse en la práctica es como si fuéramos libres para elegir, porque si no, sería el caos absoluto". Argumenta que, aunque en un nivel profundo carezcamos de control sobre nuestras acciones, es necesario mantener la noción de responsabilidad para el funcionamiento social.
El libro también aborda temas como el envejecimiento y la muerte desde una perspectiva física. Casas explica que "los procesos biológicos son procesos en los que la entropía aumenta, lo que implica una degradación natural". Sin embargo, sostiene que "no veo ninguna contradicción física en que se pudiera revertir el proceso de envejecimiento aprovechando la energía útil que viene del Sol o de otra fuente de energía con muy baja entropía".
Sobre la muerte, el físico ofrece una perspectiva fascinante: "Depende de cómo se defina morir. Si es que tu cerebro deja de funcionar, dejas de estar consciente y la información que tenías se dispersa en el universo, pues entonces sí que morimos". Pero añade que "si defines morir como que la información se destruye completamente, pues, en ese sentido, podemos decir que no morimos porque la información sigue estando ahí, dispersa, de una manera totalmente irrecuperable, pero sigue estando ahí". Lo compara con un libro quemado, cuya información pervive en las cenizas y gases de la combustión, aunque sea imposible recuperarla.
Finalmente, Casas aborda la teoría de los muchos mundos, una interpretación de la mecánica cuántica según la cual todas las posibilidades cuánticas se realizan simultáneamente en diferentes ramas de la realidad. "Desde tu punto de vista, solo eres consciente de uno de los estados cuánticos, pero hay otras versiones de tu yo, en un número gigantesco, que son conscientes de las otras alternativas", explica. Sin embargo, aclara que "la interacción entre 'los mundos' es imposible. Es decir, una vez que se han creado, ya no hay posibilidad de comunicación ni de afectarse unos a otros".
'La ilusión del tiempo' se presenta así como una obra que desafía nuestras concepciones más básicas sobre la realidad, el tiempo y nuestra propia existencia, ofreciendo una perspectiva científica sobre cuestiones que tradicionalmente han pertenecido al ámbito de la filosofía.