La esquiadora estadounidense Breezy Johnson conquistó la medalla de oro en el descenso femenino de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, mientras su compatriota Lindsey Vonn sufrió un espectacular accidente que terminó con su participación olímpica a los 41 años.
En una jornada marcada por la intensidad y el drama deportivo, Breezy Johnson se coronó campeona olímpica de descenso en la pista de Tofane, en Cortina d'Ampezzo, Italia, con un tiempo de 1 minuto 36 segundos y 10 centésimas. Su triunfo quedó ensombrecido por el dramático accidente de Lindsey Vonn, quien intentaba un improbable regreso olímpico tras cinco años de retiro.
Vonn, de 41 años, apenas había recorrido 12 segundos de la pista cuando se enganchó en una de las puertas de entrada a la diagonal Pomedes. La múltiple campeona mundial perdió el control y cayó violentamente sobre la nieve, siendo posteriormente evacuada en helicóptero. Según confirmaron fuentes del equipo estadounidense, Vonn se encuentra en condición estable.
La competencia se detuvo momentáneamente tras el accidente, generando un ambiente de tensión entre los competidores. Johnson, quien a sus 30 años logró su primer oro olímpico, cubrió sus ojos durante la caída de su compañera de equipo, visiblemente conmocionada.
El podio lo completaron Emma Aicher de Alemania con la medalla de plata, a solo cuatro centésimas de Johnson, y Sofia Goggia de Italia con el bronce. Goggia, quien había encendido el pebetero olímpico días antes, trazó un primer sector prometedor pero perdió opciones de oro en un salto cercano al centro de la pista.
El accidente de Vonn representa un punto final dramático para una de las carreras más legendarias del esquí. La deportista, quien ya había ganado medalla olímpica a los 33 años, regresó tras una cirugía de rodilla con la esperanza de desafiar todos los pronósticos. Sin embargo, su determinación chocó con la brutalidad de un deporte que no perdona errores.
"Es trágico, pero así es el esquí", declaró Johan Eliasch, presidente de la Federación Internacional de Esquí, resumiendo la cruda realidad de una disciplina donde los límites entre el triunfo y la lesión son extremadamente delgados.