

Carlos Ramiro Martínez, ministro de Exteriores de Guatemala, afirmó durante una visita a España que no ve posible una transición democrática en Venezuela pese a que las condiciones están dadas, y calificó la situación como una deuda con el pueblo venezolano. El canciller también abordó las presiones migratorias de la Administración Trump, la crisis humanitaria en Cuba y las amenazas a la democracia guatemalteca de cara a las elecciones de 2027.
Carlos Ramiro Martínez, canciller guatemalteco de 67 años, ofreció una evaluación crítica del panorama político latinoamericano durante una entrevista con EL PAÍS en Madrid, donde se encuentra de visita tras participar en una charla organizada por la agencia Efe y Casa de América, según reportó el medio español.
Sobre la situación venezolana, Martínez fue contundente al señalar que Guatemala mantiene su postura de no reconocimiento al gobierno que surgió del último proceso electoral. "Cuando nos enteramos el 3 de enero de lo que estaba pasando, creíamos que era el primer paso para llevar la democracia de vuelta a Venezuela y no fue así", dijo el canciller, según EL PAÍS. Consultado sobre la posibilidad de una transición democrática, Martínez respondió: "Debería de darse. Hoy, no la veo posible. Las condiciones están, pero no se ven acciones que vayan en esa dirección. La democracia es una deuda con los venezolanos. No con los guatemaltecos, no con los latinoamericanos, sino con el pueblo venezolano".
El ministro de Exteriores guatemalteco contextualizó la situación regional señalando que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha traído tiempos convulsos para Latinoamérica, según la fuente. Martínez indicó que Nicolás Maduro ha caído en Venezuela, Cuba lleva meses bajo la asfixia de Washington, y la derecha y ultraderecha avanzan en la región bajo el impulso de la Administración republicana, mientras las presiones para frenar la inmigración y combatir al narcotráfico son permanentes.
Respecto al impacto de las políticas antiinmigración de Trump, Martínez explicó que afectan a Guatemala de dos formas, según EL PAÍS. Por un lado, continúan las deportaciones, aunque el número ha disminuido comparado con años anteriores. Por otro, los guatemaltecos en Estados Unidos "sí se han resentido bastante de la persecución en territorio estadounidense", dijo el canciller. "La gente no tiene la tranquilidad de ir a los consulados, a un centro comercial un fin de semana o dejar a sus hijos en las escuelas. Y eso es real. Lo sabemos por los testimonios de la gente", afirmó Martínez.
Sin embargo, el canciller identificó la seguridad como el frente más desafiante con Estados Unidos. "Yo diría que el tema de la seguridad es más desafiante porque es una tarea que, como Estado, Guatemala no puede enfrentar solo. Ahí se necesita el trabajo conjunto con los países vecinos y por supuesto, con Estados Unidos, especialmente en el combate al narcotráfico", declaró según la fuente.
Martínez también expresó preocupación por posibles intervenciones estadounidenses en Latinoamérica. Consultado sobre si le preocupa que haya más intervenciones de Estados Unidos en la región con el pretexto del combate al narcotráfico, respondió: "Sí, es una preocupación, no solo de Guatemala, sino de todos los países latinoamericanos", según EL PAÍS.
Sobre Cuba, el canciller guatemalteco adoptó una postura crítica hacia el bloqueo estadounidense. "Hemos apoyado a Cuba en Naciones Unidas. Consideramos que el bloqueo no es una medida acorde al derecho internacional. Y en el momento actual se ha llegado a una crisis humanitaria", dijo Martínez. El ministro añadió: "Vemos que está evolucionando, pero no sabemos a dónde. Vivimos casi en un día a día. No sabemos qué puede pasar en Cuba".
Respecto a Nicaragua, Martínez fue categórico al calificar al gobierno como una dictadura. "Guatemala ha sido muy clara en condenarla. Incluso hemos recibido prisioneros nicaragüenses por cuestiones humanitarias", afirmó según la fuente. El canciller explicó que Guatemala mantiene relaciones diplomáticas con Nicaragua pero no tiene embajador, y ha condenado al país centroamericano en diversos espacios regionales y mundiales. "Creemos que es un régimen antidemocrático que, además, pasa por encima de su población", declaró.
En cuanto a la relación con El Salvador y su presidente Nayib Bukele, cuyo gobierno está en las antípodas ideológicas del guatemalteco, Martínez defendió la necesidad de mantener buenas relaciones vecinales. "Más allá de la visión ideológica, yo diría que el reto de la administración que venga en Guatemala es llevarse de la mejor manera posible con México, Belice, Honduras y El Salvador", dijo el canciller. Utilizando una analogía doméstica, Martínez explicó: "No me puedo llevar mal con mi vecino, aunque haga mucho ruido o me estacione el carro enfrente del portón. Lo que tengo que hacer es decirle: 'Mire, córralo un poco, no lo ponga ahí'. Pero es fundamental la buena relación. No podemos ver solamente el aspecto ideológico".
Sobre el avance de los discursos de mano dura en Centroamérica, Martínez reconoció que será un tema central en las elecciones guatemaltecas del próximo año. "El discurso de la mano dura no empezó en Guatemala", señaló el canciller, recordando que en El Salvador se llegó a hablar de imponer la "súper mano dura" sin resultados efectivos. "En Guatemala ya hubo un gobierno de mano dura y los resultados tampoco fueron muy efectivos, pero el próximo año en la campaña electoral vamos a ver esa visión sobre la mesa", afirmó según EL PAÍS.
Consultado sobre cómo convencer a la población de que la democracia puede aportar soluciones frente a propuestas autoritarias, Martínez reconoció el desafío. "Ese es el gran reto. La gente está preocupada de lo que sucede en su barrio, en la esquina de su casa, de la inseguridad que existe. Hay ciudadanos a los que el discurso de mano dura les suena muy bien y lo votan", dijo el canciller. Sin embargo, defendió el sistema democrático: "La democracia tiene déficits muy grandes, pero es el régimen que conocemos, el que mejor funciona, el más abierto, el más participativo. Tenemos que seguir apostando por ella".
Martínez también abordó las amenazas internas que enfrenta la democracia guatemalteca. Consultado sobre si los intentos de desestabilización suponen una amenaza para su país, el canciller fue claro: "Sí, son una amenaza, no para este Gobierno, sino para la democracia", según la fuente. "Eso es lo que hemos tratado de hacer ver a la comunidad internacional, que en Guatemala se juegan muchas cosas. Afortunadamente, España y la Unión Europea han expresado esa preocupación y acompañado todo nuestro proceso", afirmó.
El ministro denunció que el acoso político se mantiene de forma permanente. "Definitivamente, son efectos desestabilizadores que crean problemas de gobernabilidad en el país y que incluso distraen y desgastan a la Administración actual. Y el acoso se mantiene, es permanente. La fiscal general todavía sostiene que hubo un fraude electoral en 2023 y eso es totalmente absurdo", declaró Martínez según EL PAÍS.
Respecto a la cumbre iberoamericana que se celebrará en noviembre en Madrid, el canciller expresó optimismo. "Venimos de un proceso de desgaste que se reflejó en la cumbre anterior. Espero que podamos recomponer y encauzar el espacio iberoamericano, que es de diálogo, de cooperación, de trabajo conjunto", dijo Martínez. El ministro contrastó este foro con otros donde "nos agarramos del pelo, unos a otros, porque las cuestiones ideológicas están sobre la mesa y las diferencias políticas no ayudan a alcanzar acuerdos".
Finalmente, sobre la renovación de la Organización de las Naciones Unidas, Martínez defendió que América Latina debe liderar la reforma del sistema internacional. "Las circunstancias nos obligan a revisar el sistema multilateral y de Naciones Unidas", afirmó el canciller según la fuente. "Creemos que nos corresponde a nosotros como región, eso para mí es indiscutible. Si es hombre o mujer puede ser otra discusión, pero sí queremos ver a un secretario general latinoamericano el próximo año llevando adelante las reformas que hay que hacer y que tenemos que acompañar como Estados", concluyó.
Carlos Ramiro Martínez, nacido en Ciudad de Guatemala hace 67 años, es el hombre en quien el presidente Bernardo Arévalo confía para guiar la política exterior guatemalteca en medio de un complejo escenario regional. Con tres décadas de experiencia diplomática, según EL PAÍS, el canciller enfrenta el desafío de posicionar a Guatemala como el último resquicio progresista en una Centroamérica cada vez más seducida por los discursos de mano dura, mientras el país se prepara para elecciones en 2027.