

La Conferencia del Clima COP30 en Belém, Brasil, marcó un hito con la mayor presencia indígena en la historia, pero también reveló profundas tensiones sobre participación y representación en las negociaciones climáticas globales.
La Conferencia de las Partes número 30 (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada del 10 al 21 de noviembre de 2025 en Belém, Brasil, se caracterizó por una paradójica situación: un número récord de representantes indígenas (más de 3.000) coexistiendo con un sentimiento generalizado de frustración y exclusión.
Según reportes de Cultural Survival, solo el 14% de los aproximadamente 2.500 representantes indígenas brasileños recibieron acreditación para ingresar a la Zona Azul, el área oficial de negociaciones. Esta limitación provocó múltiples protestas, incluyendo bloqueos en la entrada del evento y manifestaciones pacíficas que exigían ser escuchados.
Los pueblos indígenas demandaban no ser tratados como simples observadores, sino como titulares de derechos. Sus principales reclamos se centraban en la protección de sus territorios contra la minería ilegal, la deforestación y la exploración petrolera.
Algunos aspectos positivos de la cumbre incluyeron el anuncio del gobierno brasileño de demarcar 10 nuevas tierras indígenas, cubriendo actualmente 117.4 millones de hectáreas. Además, se estableció el Fondo Tropical Forests Forever, con 125.000 millones de dólares, comprometiendo que al menos el 20% se destinaría directamente a comunidades indígenas y locales.
Sin embargo, las negociaciones finales generaron controversia. Aunque se acordó triplicar los fondos de adaptación climática hasta aproximadamente 120.000 millones de dólares anuales, el texto final no mencionó explícitamente la transición away from fossil fuels, lo que fue criticado por muchos activistas climáticos.
La cumbre reveló las profundas desigualdades en los procesos de decisión global sobre clima. Como señaló Hindou Ibrahim, copresidente del Foro Internacional Indígena sobre Cambio Climático, la presidencia de la COP ni siquiera asistió al diálogo programado con las organizaciones de pueblos indígenas.
A pesar de ser denominada la 'COP Indígena', el evento demostró que la inclusión numérica no garantiza una participación significativa en las decisiones que afectan directamente a estas comunidades.