Crisis en estrecho de Ormuz expone vulnerabilidad global de fertilizantes y seguridad alimentaria
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Crisis en estrecho de Ormuz expone vulnerabilidad global de fertilizantes y seguridad alimentaria

El reciente memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán para restablecer el flujo de petróleo, gas natural, azufre y fertilizantes a través del estrecho de Ormuz promete aliviar la presión sobre los mercados agrícolas globales tras cuatro meses de crisis. Sin embargo, la interrupción reveló una lección fundamental: la agricultura mundial sigue siendo peligrosamente vulnerable a las alteraciones en las cadenas de suministro de fertilizantes, según análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

INTERNACIONAL1 JUL 2026

El cierre del estrecho de Ormuz durante los últimos cuatro meses interrumpió el flujo de entre el 20% y el 30% de los fertilizantes comercializados a nivel global y alrededor del 50% de las exportaciones globales de azufre, según la fuente. Esta única vía fluvial se convirtió en un punto crítico para los productores de varios continentes, y cuando se interrumpieron los flujos, no existía un mecanismo significativo para estabilizar los mercados ni una fuente alternativa capaz de reemplazar la oferta perdida a gran escala.

Aunque el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán pueda reducir la intensidad de la crisis, suponiendo que el estrecho permanezca abierto, no puede borrar la lección fundamental de los últimos cuatro meses, según el análisis. La cuestión no es si se producirá otra alteración o no, sino si los países estarán mejor preparados cuando ocurra.

**Brecha entre conocimiento y preparación**

Quizá la lección más inquietante del cierre del estrecho de Ormuz sea la brecha entre lo que se sabía y cómo se prepararon los países, según la fuente. Los riesgos asociados a las alteraciones en el suministro de fertilizantes se conocían bien; sin embargo, el sector agrícola global entró en la crisis con medidas de protección limitadas y sin un mecanismo internacional coordinado de reservas para insumos críticos.

En los últimos cinco años, la agricultura ha tenido que hacer frente a una sucesión de crisis, desde la pandemia de la covid-19 hasta guerras y repetidos desastres relacionados con el clima, según el análisis. Cada una de ellas puso de manifiesto las debilidades de las cadenas de suministro, los sistemas energéticos y la producción agrícola. Sin embargo, pocas ofrecieron una oportunidad tan clara para abordar esas vulnerabilidades antes de que surgiera la siguiente crisis.

**Impacto regional desigual**

En América Latina, una de las regiones exportadoras de productos agrícolas más grandes del mundo, la producción depende en gran medida de los fertilizantes importados, según la fuente. En muchos países africanos, donde el uso de fertilizantes ya es escaso, incluso las alteraciones más modestas pueden provocar pérdidas significativas de productividad. La crisis puso de manifiesto lo concentradas y frágiles que se han vuelto las cadenas de suministro de insumos críticos.

Una lección clara de la crisis es que la caída de los precios de los fertilizantes no siempre es una buena noticia, según el análisis. La reciente caída de los precios de la urea se debió en parte a una menor demanda, ya que los agricultores retrasaron las compras o redujeron las dosis de aplicación debido a la incertidumbre, las restricciones de liquidez, las preocupaciones sobre el suministro y la menor rentabilidad prevista. Esa destrucción de la demanda puede hacer bajar los precios a corto plazo, pero a menudo indica un menor uso de nutrientes, lo que puede traducirse en rendimientos más bajos y una posterior escasez de alimentos.

**Necesidad de inversión en resiliencia**

Desarrollar la resiliencia requiere algo más que restablecer el comercio, según la fuente. Las reservas estratégicas, una mayor capacidad de almacenamiento, corredores comerciales diversificados y redes logísticas más sólidas pueden mitigar la exposición a los cuellos de botella y brindarles a los gobiernos una mayor flexibilidad durante los períodos de alteración. Las instituciones financieras internacionales y los bancos de desarrollo deberían apoyar estas inversiones, especialmente en países que ya enfrentan restricciones de deuda y presiones sobre la balanza de pagos.

La crisis también ha puesto de relieve la estrecha relación entre los sistemas energéticos y agroalimentarios, según el análisis. En muchos países en desarrollo, millones de bombas de riego, redes de transporte y maquinaria agrícola siguen dependiendo del diésel, por lo que la volatilidad de los mercados de combustibles se traduce rápidamente en mayores costos de producción. Reducir la exposición de la agricultura a las crisis energéticas mediante inversiones en electrificación rural y energías renovables puede mejorar tanto la resiliencia como la competitividad a largo plazo.

**Eficiencia sobre cantidad**

La resiliencia depende en última instancia no solo de garantizar el suministro de fertilizantes, sino también de utilizarlos de forma más eficaz, según la fuente. Los sistemas agrícolas más resilientes no son necesariamente aquellos que aplican más fertilizantes, sino aquellos que aplican los nutrientes adecuados, en el lugar adecuado y en el momento adecuado.

El futuro de la seguridad en el suministro de fertilizantes tal vez no dependa tanto de aplicar más nutrientes como de comprender los suelos, según el análisis. Las inversiones en cartografía de suelos, gestión precisa de nutrientes y prácticas agronómicas mejoradas pueden ayudar a los agricultores a adaptar la aplicación de fertilizantes a las necesidades reales de los cultivos y los suelos, aumentando la productividad y reduciendo, al mismo tiempo, el desperdicio y la dependencia de mercados internacionales volátiles.

La información debe considerarse una infraestructura agrícola fundamental, según la fuente. Los gobiernos y el sector privado deben colaborar para desarrollar normas comunes y plataformas compartidas que conviertan los datos sobre el suelo en un bien público global.

**Alternativas tecnológicas a largo plazo**

Las crisis suelen dar pie a la tentación de buscar una solución única, pero la agricultura rara vez ofrece una, según el análisis. El amoníaco verde y las tecnologías relacionadas, con el tiempo, podrían diversificar la producción de fertilizantes y reducir la dependencia de los combustibles fósiles, aunque los costos siguen siendo significativamente superiores a los del amoníaco convencional y su implementación a gran escala aún tardará años.

Al mismo tiempo, los fondos de innovación y las inversiones en investigación deberían apoyar los fertilizantes alternativos, los bioestimulantes, los microorganismos beneficiosos, la mejora genética de los cultivos y las tecnologías que potencien la eficiencia de los nutrientes y la salud del suelo, según la fuente. Las estrategias eficaces en materia de fertilizantes deben seguir basándose en la ciencia, adaptarse a las condiciones locales y combinar los fertilizantes sintéticos con una mejor gestión del suelo y soluciones biológicas.

**Sistemas de respuesta anticipatoria**

La resiliencia consiste en preservar opciones cuando las condiciones cambian de forma inesperada, según el análisis. Los sistemas de alerta temprana, el seguimiento de los mercados, los seguros agrícolas y los protocolos de actuación anticipatoria les permiten a los gobiernos responder a las alteraciones antes de que se conviertan en crisis. Estas inversiones son importantes independientemente de si la próxima crisis tiene su origen en la geopolítica, la variabilidad climática o los mercados energéticos.

**Consecuencias económicas prolongadas**

Más allá del resultado del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, las consecuencias económicas de la alteración en el estrecho de Ormuz seguirán afectando a los sistemas agrícolas mucho después de que las rutas marítimas vuelvan a la normalidad, según la fuente. El análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sugiere que, a medida que el aumento de los costos de los insumos y los ajustes en la producción se vayan reflejando en los mercados, los productores podrían seguir enfrentándose a una menor rentabilidad y a pérdidas de ingresos en 2026.

Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales y los bancos de desarrollo deberían aprovechar este momento para fortalecer la infraestructura crítica, mejorar el acceso a la información agrícola, diversificar las cadenas de suministro y crear sistemas de fertilizantes más resilientes, según el análisis. Las vulnerabilidades que ha puesto de manifiesto esta crisis ya eran conocidas antes de que comenzara. No deberían quedar sin resolver una vez que haya terminado.

Dada la profunda incertidumbre que rodea al propio memorando de entendimiento, por no mencionar las relaciones a largo plazo con Irán en general, los países deberían aprovechar cualquier alivio que se produzca de las presiones inmediatas para fortalecer la resiliencia antes de que llegue la próxima crisis, según la fuente.

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