Dormir entre seis y ocho horas diarias reduce el envejecimiento biológico, según estudio con medio millón de personas
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Dormir entre seis y ocho horas diarias reduce el envejecimiento biológico, según estudio con medio millón de personas

Un análisis masivo publicado en la revista Nature el 13 de mayo de 2026 vincula dormir entre seis y ocho horas diarias con menor riesgo de muerte prematura y enfermedad. El estudio, que examinó a medio millón de adultos utilizando 23 relojes biológicos diferentes, encontró que tanto dormir más como menos de ese rango se asocia con envejecimiento acelerado en múltiples órganos del cuerpo.

CIENCIA13 MAY 2026

Una investigación exhaustiva sobre la duración del sueño y signos de envejecimiento en medio millón de adultos ha identificado un punto óptimo —aproximadamente entre seis y ocho horas de sueño cada día— que está vinculado con un menor riesgo de muerte temprana y enfermedad, según un estudio publicado en Nature el 13 de mayo de 2026.

Dormir más o menos que ese rango se asoció con envejecimiento acelerado, medido mediante casi dos docenas de diferentes 'relojes' de envejecimiento biológico que buscan evaluar el impacto del envejecimiento en el cuerpo, según la investigación.

Los resultados no significan que seis a ocho horas sea la cantidad óptima de sueño para cada persona, ni prueban que alcanzar ese rango de sueño cada día mejore directamente la salud o retarde el envejecimiento, según Nature. Sin embargo, el estudio proporciona una de las instantáneas más completas de la interacción entre el sueño y el envejecimiento en todo el cuerpo.

Los hallazgos refuerzan una hipótesis esperanzadora: que mejorar la duración del sueño podría ofrecer una forma manejable de reducir el riesgo de enfermedad relacionada con la edad, según Abigail Dove, neuroepidemióloga del Instituto Karolinska en Estocolmo que no participó en el estudio. "El sueño afecta a cada órgano del cuerpo", dijo Dove según Nature. "Y el sueño es algo modificable. Esta es una herramienta que podría ayudar".

Investigaciones previas también examinaron la relación entre la duración del sueño y la edad 'biológica' de una persona, evaluada mediante relojes basados en datos como niveles de biomarcadores. Un estudio anterior encontró una relación en forma de U entre el sueño y el envejecimiento, en la cual la diferencia entre la edad biológica de una persona y su edad cronológica era más baja para los participantes que dormían aproximadamente siete horas por día, según Nature. El envejecimiento parecía acelerarse en personas que dormían mucho más o menos que esto.

Junhao Wen, neurocientífico computacional de la Universidad de Columbia en Nueva York y una persona que duerme poco y se despierta frecuentemente durante la noche, quería aprender más sobre el efecto de la duración del sueño en órganos y sistemas específicos del cuerpo, según Nature. Por ello, Wen y sus colegas recurrieron al Biobanco del Reino Unido, un estudio a largo plazo de más de 500.000 personas que incluye datos de salud como cuestionarios de estilo de vida, imágenes cerebrales y muestras de sangre.

El equipo buscó vínculos genéticos con patrones de sueño anormales y encontró sorprendentemente pocos. "El sueño podría ser más ambiental", dijo Wen según Nature. "Es un mensaje fuerte para el público de que esto puede ser modificable".

Estudios que utilizan relojes de envejecimiento biológico han sugerido que diferentes órganos en el cuerpo pueden envejecer a diferentes ritmos, según Nature. Wen y sus colegas buscaron vínculos entre la duración del sueño y 23 de estos relojes, representando el envejecimiento en 17 órganos. Los relojes se basaron en niveles de proteínas o metabolitos, o en características de imágenes médicas.

El sueño es un estado de actividad mental y física reducida en el cual la conciencia está alterada y cierta actividad sensorial está inhibida, según información científica. Durante el sueño, hay una disminución marcada en la actividad muscular y las interacciones con el entorno circundante.

El sueño ocurre en períodos repetidos, durante los cuales el cuerpo alterna entre dos modos distintos: sueño de movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés) y sueño no-REM. Durante el sueño, la mayoría de los sistemas del cuerpo están en un estado anabólico, ayudando a restaurar los sistemas inmunológico, nervioso, esquelético y muscular; estos son procesos vitales que mantienen el estado de ánimo, la memoria y la función cognitiva, y juegan un papel importante en la función de los sistemas endocrino e inmunológico.

El reloj circadiano interno promueve el sueño diariamente por la noche, cuando está oscuro. Los diversos propósitos y mecanismos del sueño son objeto de investigación sustancial en curso. El sueño es un comportamiento altamente conservado a través de la evolución animal, probablemente remontándose a cientos de millones de años, y originándose como un medio para que el cerebro se limpie de productos de desecho. Los investigadores han encontrado que la limpieza, incluida la eliminación de amiloide, puede ser un propósito central del sueño.

Los humanos pueden sufrir de varios trastornos del sueño, incluyendo disomnias como insomnio, hipersomnia, narcolepsia y apnea del sueño; parasomnias como sonambulismo y trastorno de comportamiento del sueño REM; bruxismo; y trastornos del ritmo circadiano del sueño. El uso de luz artificial ha alterado sustancialmente los patrones de sueño de la humanidad. Fuentes comunes de luz artificial incluyen la iluminación exterior y las pantallas de dispositivos digitales como teléfonos inteligentes y televisores, que emiten grandes cantidades de luz azul, una forma de luz típicamente asociada con el día. Esto interrumpe la liberación de la hormona melatonina necesaria para regular el ciclo del sueño.

Los cambios fisiológicos más pronunciados durante el sueño ocurren en el cerebro. El cerebro usa significativamente menos energía durante el sueño que cuando está despierto, especialmente durante el sueño no-REM. En áreas con actividad reducida, el cerebro restaura su suministro de trifosfato de adenosina (ATP), la molécula utilizada para el almacenamiento y transporte de energía a corto plazo. En vigilia tranquila, el cerebro es responsable del 20% del uso de energía del cuerpo, por lo que esta reducción tiene un efecto notable en el consumo general de energía.

La calidad del sueño puede evaluarse desde un punto de vista objetivo y subjetivo. La calidad objetiva del sueño se refiere a qué tan difícil es para una persona quedarse dormida y permanecer en estado de sueño, y cuántas veces se despierta durante una sola noche. La mala calidad del sueño interrumpe el ciclo de transición entre las diferentes etapas del sueño. La calidad subjetiva del sueño se refiere a una sensación de estar descansado y regenerado después de despertar del sueño.

Las necesidades de sueño humanas varían según la edad y entre individuos; el sueño se considera adecuado cuando no hay somnolencia diurna o disfunción. Los investigadores han encontrado que dormir entre seis y siete horas cada noche se correlaciona con longevidad y salud cardíaca en humanos.

La investigación publicada en Nature representa uno de los análisis más amplios hasta la fecha sobre cómo la duración del sueño afecta el envejecimiento biológico en múltiples sistemas del cuerpo simultáneamente, utilizando datos del Biobanco del Reino Unido, una de las bases de datos de salud más completas disponibles para investigación científica. El estudio sugiere que el sueño, al ser un factor modificable del estilo de vida, podría convertirse en una herramienta importante para intervenciones de salud pública destinadas a reducir enfermedades relacionadas con la edad.

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