La Janda, en Cádiz, el mayor humedal de la península Ibérica con 6.125 hectáreas, se ha secado completamente apenas un mes después de registrar precipitaciones récord en la zona, según reportan fuentes conservacionistas. Mientras España mantiene sus reservas hídricas al 83,7% de capacidad y la cuenca de Guadalete-Barbate alcanza el 86,7%, los desagües artificiales construidos durante la dictadura franquista en los años cuarenta permanecen abiertos, drenando el humedal para favorecer explotaciones agrícolas intensivas que reciben millones en ayudas europeas.
La Janda vuelve a estar seca. No por sequía, sino porque los canales de drenaje instalados hace ocho décadas siguen funcionando. El mayor humedal de la península Ibérica y el complejo lagunar más meridional de Europa se ha vaciado completamente en abril de 2026, apenas un mes después de que la comarca gaditana registrara lluvias récord, según informan organizaciones conservacionistas.
La paradoja es brutal: España acumula una reserva hídrica media del 83,7% de su capacidad total, según datos oficiales. La cuenca de Guadalete-Barbate, a la que pertenece La Janda, supera esa cifra con un 86,7%. Sin embargo, las 6.125 hectáreas declaradas de dominio público en esta zona de Cádiz están completamente secas, en el mismo estado en que las dejó el régimen franquista.
El dictador Francisco Franco ordenó la desecación de La Janda a mediados de los años cuarenta con el pretexto de combatir el paludismo, la malaria transmitida por mosquitos. El sistema de drenaje fue tan eficaz que, según relata Antonio Aguilera, economista, naturalista y secretario general de la Fundación Savia, "cuentan con desagües por los que caben camiones". La superficie desecada equivale al tamaño de París o a diez veces la ciudad de Cádiz.
El franquismo aplicó la misma política en otros dos grandes humedales españoles: la Lagoa de Antela en Galicia y La Nava en Castilla y León. En los tres casos, el objetivo real era convertir las lagunas en tierras de cultivo. El aprovechamiento de gran parte de La Janda se concedió a familias del régimen. Cientos de hectáreas son explotadas actualmente por Las Lomas, entidad de la familia Mora-Figueroa Domecq, que figura entre las mayores perceptoras de ayudas agrícolas europeas, según las fuentes.
El Tribunal Supremo de España reconoció en 1967 que más de 6.000 hectáreas de La Janda son propiedad del Estado. Ninguna administración ha ejecutado su recuperación en casi seis décadas.
Las consecuencias de la desecación fueron devastadoras para la población local. Entre el 50% y el 60% de los habitantes de la comarca emigraron tras perder el humedal, según datos de las organizaciones conservacionistas. Medio centenar de municipios quedaron sin recursos de prosperidad comunitaria. "Fue un error histórico, pero se puede revertir", afirma Aguilera.
Margarita Florencio, investigadora de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), califica los humedales desecados como "oasis de vida que albergan una fauna y flora singulares, únicas y en gran parte amenazadas".
El secretario de Estado de Medio Ambiente del gobierno español, Hugo Morán, del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), ha propuesto una mesa de diálogo para la recuperación de La Janda y otros humedales, como exige y financia la Unión Europea. El secretario general de agua de la Junta de Andalucía, Ramiro Angulo, se mostró dispuesto en una reunión celebrada el 16 de abril de 2026.
Sin embargo, Francisco Casero, presidente de la Fundación Savia, señala una contradicción fundamental: el documento previo a la ordenación de la cuenca Guadalete-Barbate hasta 2033, de responsabilidad autonómica, "no considera" la regeneración de la laguna. La fundación ha reclamado "que se incluya la recuperación de La Janda en los planes de cuenca" y los de ordenación del territorio, basándose en su declaración judicial como dominio público y el apoyo de decenas de entidades, todos los ayuntamientos de la zona y la Diputación de Cádiz.
Ante la lentitud administrativa, una decena de entidades conservacionistas, con la colaboración del Ayuntamiento de Barbate, ha decidido asumir la gestión de una parte de la zona conocida como Hazas de la Suerte para "demostrar, con la propia experiencia y la implicación, que es factible, viable y beneficioso" recuperar la laguna, según comunicó Casero al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, en un escrito de febrero de 2026.
La iniciativa tiene precedentes exitosos en otros humedales desecados por el franquismo. Fernando Jubete, de la Asociación de Naturalistas Palentinos, lidera desde los años noventa la recuperación de La Nava en Palencia. "Empezamos por 60 hectáreas y el proyecto fue un éxito rápidamente", explica Jubete. El 60% de la población había emigrado tras la desecación, pero la restauración "ya ha generado riqueza y empleo". "La biodiversidad y los humedales, y eso nadie lo pone en duda a estas alturas, suponen un auténtico cambio socioeconómico", afirma.
A diferencia de La Janda, La Nava fue incluida en el plan hidrológico de cuenca como zona a restaurar y el gobierno español se implicó con presupuesto. Aún quedan trabajos pendientes, pero el proyecto ha demostrado su viabilidad.
En Galicia, Serafín González, naturalista y presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural, ha recuperado 30 hectáreas de la Laguna de Antela en Ourense, menos del 1% de la extensión destruida por Franco. La iniciativa, en colaboración con un ganadero local y una comunidad de montes vecinales, ha demostrado que "se puede colaborar con la población local para mantener y recuperar una zona beneficiando a todos, a la biodiversidad y a la ganadería sostenible", según González. De esta zona también emigró el 60% de los vecinos. "No sirvió en absoluto para estabilizar la población y mejorar sus condiciones", lamenta.
La situación de La Janda se enmarca en una crisis más amplia de los humedales españoles. Un estudio publicado en Journal of Environmental Management por investigadores de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad Autónoma de Madrid documenta la desaparición del 22% de las lagunas temporales de la España peninsular en las últimas dos décadas.
El equipo estudió 1.303 lagunas temporales durante dos años mediante imágenes de Google Earth Pro de alta resolución espacial, según informa el CSIC. "Los impactos derivados de la acción humana se podrían evitar si se toman medidas adecuadas", concluye la investigación.
Christian Arnanz, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid y la Estación Biológica de Doñana, coautor del estudio, identifica las causas: "La mayoría de estos impactos son de origen agrícola, como el arado de bordes y cubetas, las canalizaciones y los ahondamientos artificiales". A estos se suman "la colonización de las cubetas por vegetación terrestre, la urbanización, la presencia de ganado con evidencias de estabulación y el rodaje de vehículos".
Estos impactos visibles están asociados a otros no detectables con la metodología utilizada, como la sobreexplotación de acuíferos y la exposición a agroquímicos, "lo que sugiere un alcance de degradación aún mayor", según el estudio.
La investigación también constató una reducción de la frecuencia de inundación de las lagunas, especialmente en otoño. Este fenómeno se asocia tanto a factores climáticos, como temperaturas máximas y precipitaciones acumuladas, como a las prácticas agrícolas intensivas identificadas, especialmente el arado de las cubetas y la presencia de canalizaciones.
Florencio, investigadora del CSIC y coautora del estudio, señala que los humedales son "hábitats prioritarios para la conservación por su gran biodiversidad y su extrema vulnerabilidad ante cambios en su entorno". "España alberga una de las mayores representaciones de este tipo de hábitat en Europa, por lo que tenemos un papel importante en su conservación", explica.
Los investigadores consideran que la situación es reversible. "Los impactos que hemos observado derivados de la acción humana se podrían evitar si se toman medidas adecuadas", afirma Arnanz. Las medidas propuestas incluyen aumentar las zonas protegidas, monitorizar el territorio, implicar a la sociedad e implementar incentivos económicos para asegurar prácticas agrícolas que beneficien al humedal.
Los autores del trabajo coinciden con los impulsores de la recuperación de La Janda, La Nava y Antela en que es prioritaria la restauración de las lagunas desaparecidas y la recuperación del funcionamiento hidrológico de las zonas alteradas.
"Las lagunas temporales son un patrimonio natural incalculable", afirma Florencio. "Además de su valor ecológico, aportan importantes beneficios a la sociedad, como la regulación del clima a escala local, el almacenamiento de carbono, el control de nutrientes y la conservación de la biodiversidad. También constituyen espacios de gran valor paisajístico y cultural".
La investigadora concluye: "Es importante despertar la concienciación social para la conservación de estos ecosistemas únicos que conforman nuestro patrimonio natural, para que así todas las generaciones los podamos disfrutar".
Mientras tanto, La Janda permanece seca en abril de 2026, con sus desagües franquistas abiertos, vaciando un humedal que debería estar lleno tras las lluvias récord de marzo. Las explotaciones agrícolas que ocupan el antiguo lecho continúan recibiendo ayudas europeas destinadas originalmente a promover la sostenibilidad ambiental. La contradicción entre la política europea de restauración de humedales y la realidad sobre el terreno en Andalucía no podría ser más evidente.