Organizaciones delictivas como Los Choneros y Los Lobos utilizan las rutas marítimas del Pacífico para transportar cocaína mientras complementan sus actividades ilícitas con la captura y venta de aletas de tiburón al mercado asiático, según revelan investigaciones de la Fiscalía ecuatoriana y operativos de autoridades marítimas internacionales.
Las costas de la provincia ecuatoriana de Manabí se han convertido en el epicentro de una compleja red criminal que combina el narcotráfico con el tráfico de especies marinas protegidas, principalmente tiburones. Según investigaciones judiciales a las que tuvo acceso EL PAÍS, grupos delictivos como Los Choneros y Los Lobos han diversificado sus actividades ilícitas aprovechando las rutas marítimas del Pacífico.
En febrero de 2023, autoridades mexicanas capturaron una embarcación a 195 millas náuticas del puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán, que transportaba 315 kilos de cocaína y 1.650 litros de hidrocarburos. Entre los cinco detenidos figuraban dos pescadores ecuatorianos cuyo patrón de desplazamiento revelaba una operativa sistemática: salían desde Manabí con cargamentos ilegales, los entregaban en altamar y regresaban a Ecuador en vuelos comerciales desde México, Guatemala o El Salvador.
La estructura narcodelictiva estaba liderada por Leonardo Briones Chiquito, alias "Iguana" o "Mexicano", un experimentado capitán de barco pesquero vinculado al grupo criminal Los Lobos, facción disidente de Los Choneros que disputa el control de las rutas marítimas en el Pacífico. La Fiscalía ecuatoriana documentó durante más de un año, mediante escuchas telefónicas y seguimientos, cómo operaba esta red criminal que ahora incluye el tráfico de especies marinas.
La investigación detectó que la organización contaba con reclutadores específicos para captar navegantes que transportaran droga en lanchas rápidas desde puertos como Jaramijó. Cuando detectaban vigilancia, los tripulantes arrojaban los bultos al mar, a veces con dispositivos GPS y boyas satelitales para recuperarlos posteriormente, evitando así represalias por la pérdida de la mercancía.
Briones Chiquito, quien inicialmente recibió solo medidas cautelares en la investigación por narcotráfico, fue asesinado junto a su esposa a mediados de julio de 2025 mientras viajaba en un vehículo blindado custodiado por exmilitares. Este crimen desató una ola de violencia en Manabí con 18 asesinatos en una sola noche. Paralelamente, la Fiscalía ecuatoriana investigaba a una empresa pesquera vinculada a su organización por presunto lavado de 17 millones de dólares entre 2021 y 2024.
La conexión entre narcotráfico y tráfico de especies quedó evidenciada en agosto de 2018, cuando el servicio de Guardacostas de Estados Unidos interceptó una embarcación con 769 kilos de cocaína, cinco tripulantes (dos mexicanos y tres ecuatorianos) y equipamiento tecnológico que permitió iniciar una investigación transnacional. Esta pesquisa, que duró tres años, reveló una estructura narcodelictiva aliada con el cartel mexicano de Sinaloa que operaba desde Manabí con al menos diez embarcaciones.
Los investigadores descubrieron que, tras entregar la droga, algunas embarcaciones se dedicaban a capturar tiburones utilizando palangre, un método de pesca que consiste en un cordel largo con anzuelos. Aunque en Ecuador existe desde 2007 una normativa que permite comercializar tiburones capturados "accidentalmente" durante la pesca artesanal, las autoridades confirmaron que esta actividad era complementaria al tráfico de drogas y combustible.
Según un oficial que investigó la estructura criminal, los tiburones son sacrificados específicamente por sus aletas, que son transportadas a las islas Galápagos para su preservación y almacenamiento antes de ser enviadas a China, donde son consideradas un manjar gastronómico al que se atribuyen supuestos poderes afrodisíacos. A pesar de las evidencias presentadas, la justicia ecuatoriana procesó al grupo únicamente por tráfico de drogas, no por delitos relacionados con la captura ilegal de especies marinas.
El coronel Carlos Ortega, director de la Policía Antinarcóticos de Ecuador, informó que entre 2024 y 2025 se han capturado dos barcos pesqueros en los alrededores de las islas Galápagos que transportaban ilegalmente un total de 27 toneladas de aletas de tiburón destinadas al mercado asiático. La captura más reciente ocurrió el 10 de agosto de 2025, cuando un Guardacostas estadounidense detuvo un barco con 10 toneladas de aletas y 18 tripulantes, mayoritariamente de Manabí. El caso anterior se registró en abril de 2024, durante la operación Fénix 113, con la incautación de 16,6 toneladas de aletas.
En ambos casos, según Ortega, los pescadores navegaban cerca de Galápagos siguiendo la ruta utilizada para el transporte de cocaína hacia Centroamérica y Estados Unidos. Las autoridades estiman que estas embarcaciones primero transportan droga desde puertos ecuatorianos y, tras entregarla, se dedican a la pesca de tiburones para vender sus aletas a intermediarios de la flota china que opera en aguas internacionales frente a Galápagos.
Guido Núñez, consultor en seguridad y crimen organizado y exmiembro de una unidad policial de élite, ha identificado importantes vacíos en el sistema de control estatal. Señala que los pescadores reciben combustible subsidiado por el Estado sin que existan mecanismos para evitar que se desvíe al narcotráfico. También ha documentado cómo los tiburones capturados son faenados para extraer sus aletas, mientras que sus cuerpos llegan a los puertos de Manabí y son enviados a Quito, donde se venden en los mercados como carne de corvina.
Según el general retirado Freddy Sarzosa, Los Choneros son el grupo criminal dominante en el Pacífico. "Los pescadores se dedican a estas actividades por la inseguridad que se vive en el mar", explica. "Les asaltan los piratas, les roban los motores fuera de borda, pero además hay factores críticos como la falta de alternativas laborales, la precariedad de empleo".
En Manabí existe una tradición ancestral de pesca, con navegantes expertos capaces de orientarse sin instrumentos tecnológicos, utilizando solo señales climatológicas. Esta experticia es aprovechada por las organizaciones criminales, que ofrecen entre 10.000 y 30.000 dólares por viaje para transportar droga, aunque con enormes riesgos. Generalmente reciben la mitad del pago al inicio, a veces sufriendo extorsiones, y el resto al completar la operación.
Muchos pescadores son interceptados por autoridades marítimas y terminan en cárceles de Centroamérica, México o Estados Unidos. Según organizaciones de familiares de detenidos, hay cientos de pescadores ecuatorianos presos en estos países sin comunicación con sedes diplomáticas. Cuando la mercancía se pierde, las familias pueden sufrir represalias. "Es un problema complejo que ha ido empeorando. La familia queda en estado de vulnerabilidad. Debe impulsarse una política pública para enfrentar el problema", advierte Núñez.
Un agente de inteligencia que solicitó anonimato señaló que los barcos chinos que operan en aguas internacionales frente a Galápagos sirven como puente para estas actividades ilícitas. "Hemos tenido casos de transporte de cocaína en veleros y embarcaciones pesqueras que han zarpado desde Salinas y Manta, y han sido capturadas en Australia y Corea del Sur, por lo cual es bastante probable que también estén llegando a China", afirma.
Sin embargo, el investigador indica que es difícil obtener evidencias sólidas porque China no comparte información sobre incautaciones. "Ese país no revela cifras porque afectaría su imagen de un sistema que funciona y no tiene los mismos problemas de los países occidentales, como narcotráfico y consumo de drogas", explica.
En el tráfico de aletas de tiburón, Los Choneros continúan siendo el grupo dominante. "Hemos tenido evidencia de que muchos barcos que sirven como gasolineras flotantes para las lanchas go fast, también trafican especies", señala el agente. A cambio de las especies, el combustible subsidiado y la droga, las embarcaciones regresan con armamento de grueso calibre, principalmente de origen estadounidense, que ha contribuido al aumento de la violencia en Ecuador, donde en el último año se registra un promedio de un asesinato por hora.