Ciencia

Neurocientífico Steve Ramírez logra restaurar memorias consideradas perdidas en experimentos con ratones

El investigador de la Universidad de Boston, Steve Ramírez, ha conseguido recuperar recuerdos que se creían irrecuperables en casos de Alzheimer, privación de sueño y adicción a drogas mediante técnicas de manipulación neuronal, según revela en una entrevista tras la publicación de su libro 'How to change a memory'.

CIENCIA13 ENE 2026

La memoria humana es mucho más que un simple archivo de datos. Según explica Steve Ramírez, neurocientífico de 37 años e investigador de la Universidad de Boston, nuestra capacidad para recordar es tanto un don como un látigo: nos permite construir nuestra identidad a partir del pasado, pero también puede atraparnos en recuerdos traumáticos que afecten negativamente nuestra vida.

"Memoria e imaginación son caras de la misma moneda", afirma Ramírez según la entrevista publicada en El País. "Lo sabemos porque si te ponemos en un MRI (imagen por resonancia magnética) y recuerdas algo de tu infancia, vemos un patrón de actividad, y si te pedimos imaginar un escenario futuro —volver a casa esta noche y cenar, por ejemplo— aparecen activadas las mismas áreas", explica el científico.

En 2011, mientras trabajaba en el laboratorio del premio Nobel Susumu Tonegawa en el MIT, Ramírez y su colega Xu Liu lograron un avance revolucionario: reactivar una memoria de pánico en un ratón manipulando un grupo específico de neuronas en el hipocampo del animal. El experimento consistió en etiquetar las células que se activaban cuando el roedor recibía una descarga eléctrica en un contexto determinado. Días después, en un entorno completamente diferente, activaron ese mismo grupo de neuronas mediante optogenética, provocando que el ratón se quedara paralizado por el miedo sin ningún estímulo externo. Este hallazgo demostró que era posible "encender" una memoria específica y hacer que el animal la experimentara nuevamente.

Ramírez ha publicado recientemente el libro "How to change a memory" (Cómo cambiar un recuerdo), donde narra su búsqueda personal para alterar el pasado mediante la manipulación de la memoria, a la vez que advierte sobre los riesgos de una tecnología capaz de modificar nuestra esencia.

Uno de los descubrimientos más sorprendentes de su investigación es que, aunque un engrama (la huella física que deja un recuerdo en el cerebro) pueda transformarse cada vez que lo recordamos y moverse por distintas zonas cerebrales, activar solo una pequeña parte de él es suficiente para recuperar la memoria completa. "Esa fue la gran sorpresa de nuestros primeros trabajos hace una década: no necesitábamos encontrar todo el engrama distribuido en tres dimensiones por el cerebro para activarlo. Bastaba con encontrar algunas de las células que sabíamos que eran importantes para esa memoria", señala el investigador.

Ramírez compara la memoria con un documento de Word: "Cuando la recordamos, es como volver a grabarla con 'Guardar como'. Seguimos pudiendo decir que hay un engrama para esa memoria, pero podríamos acabar haciéndonos preguntas como: ¿cuál es la versión más reciente? ¿Hay versiones anteriores porque la hemos actualizado tantas veces?"

Uno de los hallazgos más prometedores de su trabajo es la capacidad para recuperar memorias aparentemente perdidas. "En los experimentos con ratones ha habido una historia de éxito tras otra: hemos podido activar artificialmente memorias que se consideraban completamente perdidas en casi cualquier tipo de amnesia. Alzheimer, privación de sueño, adicción a las drogas, incluso amnesia infantil —todos tenemos memorias formadas antes de los 3 años que no recordamos—. Y en todos esos casos, hemos podido restaurar memorias que se daban por perdidas", afirma Ramírez.

Esto sugiere que muchos recuerdos que creemos olvidados siguen existiendo en nuestro cerebro, pero tenemos dificultades para acceder a ellos. El científico lo explica con una metáfora: "Es como si pensáramos que el libro ya no está en la biblioteca, pero entonces aparece. Eso me lleva a creer que tenemos más problemas para acceder a memorias que para formarlas".

Sobre la posibilidad de aplicar estas técnicas en humanos, Ramírez reconoce que no sería ético utilizar métodos invasivos como la optogenética, que requiere abrir el cerebro e implantar fibras ópticas o láseres. Sin embargo, sugiere alternativas menos invasivas: "En lugar de poner un láser en tu cerebro para reactivar la memoria de tu último cumpleaños, puedo simplemente preguntarte qué hiciste en tu último cumpleaños. Ese estímulo verbal reactivará la memoria".

El lenguaje, según Ramírez, es una herramienta poderosa para acceder a los recuerdos, algo que ya se utiliza en terapias cognitivo-conductuales. Además, menciona otras posibilidades como la música, el ejercicio o futuras terapias farmacológicas que podrían aumentar selectivamente la actividad de áreas cerebrales como el hipocampo.

Respecto a la modificación de memorias, especialmente las traumáticas, Ramírez considera que debería limitarse a casos terapéuticos: "Creo que el 80% de la gente no quiere cambiar ningún aspecto de su memoria porque son parte de nuestra identidad. Presumiblemente, nos han hecho más sabios, fuertes o conscientes". Por ello, sugiere "restringir la idea de manipulación de memoria a casos en los que sería terapéuticamente útil: gente con trastorno por estrés postraumático, depresión o ansiedad generalizada".

Para mejorar la memoria en general, el científico recomienda hábitos asociados a una vida saludable: "Dormir bien, hacer ejercicio con regularidad, no fumar, tener interacciones sociales, salir al exterior, involucrarse físicamente con el mundo". Lamenta que, a pesar de conocer estos beneficios, la sociedad siga buscando soluciones tecnológicas rápidas en lugar de promover entornos que faciliten estos hábitos saludables.

Finalmente, Ramírez reflexiona sobre la relación entre memoria e imaginación: "Hay teorías que dicen que la memoria es como una máquina del tiempo: puedes volver a un momento del pasado y revivirlo. Pero eso es solo la mitad de la historia. La otra mitad dice que nuestras memorias son bloques de construcción. Podemos combinarlas y recombinarlas, no solo para revisitar el pasado, sino para imaginar cosas que nunca hemos vivido".

Según estas teorías, cada recuerdo que evocamos no es una reproducción literal sino "la mejor predicción del cerebro de lo que cree que ocurrió". Esta capacidad de recombinar recuerdos es lo que nos permite imaginar escenarios futuros. "La teoría dice que tomamos recuerdos del pasado, los recombinamos y así construimos predicciones de cómo podría ser el futuro. Dicho de forma sencilla: la imaginación es posible gracias a la memoria", concluye el neurocientífico.

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