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Primer ministro de Países Bajos pide perdón por maltrato a soldados molucanos tras independencia de Indonesia

El primer ministro neerlandés Rob Jetten presentó una disculpa formal por el trato "despiadado" que recibieron miles de soldados molucanos que lucharon para el ejército colonial holandés durante la independencia de Indonesia, según anunció durante la inauguración de un monumento nacional en Róterdam. Aproximadamente 12.500 personas llegaron a Países Bajos en 1951 creyendo que sería una evacuación temporal, pero fueron dados de baja involuntariamente, prohibidos de trabajar y votar, y alojados en lugares como el antiguo campo de tránsito nazi de Westerbork.

INTERNACIONAL21 JUN 2026

El primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, ofreció una disculpa oficial por el maltrato sistemático que sufrieron miles de soldados molucanos y sus familias que fueron trasladados desde Indonesia tras la independencia del país asiático, según informó The Guardian.

Durante la ceremonia de inauguración de un monumento nacional financiado mediante crowdfunding en el puerto de Róterdam, donde llegó el último barco con estos soldados, Jetten declaró: "Por su despiadada y deshonrosa baja como soldados, por su inadecuada recepción y alojamiento, por ser invisibles y abandonados, por el anhelo incumplido de regresar a casa, por el dolor y la pena en tantas familias molucanas... por esto, ofrezco disculpas hoy en nombre del gobierno neerlandés. No solo es muy necesario, sino que también es imprescindible si queremos avanzar", según reportó el medio británico.

Aproximadamente 12.500 personas —hombres que habían servido en el ejército colonial de las Indias Orientales Neerlandesas y sus familias— llegaron desde un grupo de islas indonesias a Países Bajos en 1951, muchos sin haber tenido opción, según la fuente. Los soldados pensaban que sería una evacuación temporal de seis meses después de que Indonesia ganara su independencia, y esperaban la creación de su propia república molucana.

Sin embargo, la realidad fue radicalmente diferente. Fueron dados de baja involuntariamente, se les prohibió trabajar y votar, y fueron alojados en lugares como el antiguo campo de tránsito nazi de Westerbork, según The Guardian. La república prometida nunca se materializó y algunos nunca desempacaron sus maletas, manteniendo la esperanza de un regreso que jamás ocurrió.

El activismo de los descendientes de estas familias molucanas en la década de 1970 incluyó acciones extremas como la toma de rehenes en una escuela y el secuestro armado de un tren, que terminaron en una sangrienta redada por las fuerzas especiales neerlandesas, según la fuente. En 1986 se alcanzó un acuerdo con el gobierno que incluía financiamiento cultural y programas de empleo, pero desde entonces había crecido la presión para un reconocimiento formal de los abusos cometidos.

Jetten enfatizó que una próxima investigación parlamentaria, que involucrará a la comunidad que ahora cuenta con 70.000 descendientes, es vital, según reportó el medio.

Carola Schouten, alcaldesa de Róterdam, expresó su esperanza de que el monumento sea un lugar donde las historias puedan contarse abiertamente. "Fueron tratados con frialdad, su lealtad tuvo un alto precio y a menudo fue un dolor silencioso", dijo durante la ceremonia de apertura, según The Guardian. "Es importante que haya reconocimiento de la injusticia que se les hizo".

El proyecto para crear el monumento —obra de los artistas Jaïr Pattipeilohy y Maurice den Boer, que representa la proa de un barco tradicional— había sido una lucha de 10 años, según declaró Yordi Tahamata, presidente de la fundación del monumento.

"Estoy aquí como nieto de mis abuelos... parte de una generación que vino a Países Bajos bajo órdenes militares y construyó una vida en una tierra extraña, inseguros sobre un futuro que ninguno de ellos había predicho", dijo Tahamata, según la fuente. "Esto se trata del derecho a contar nuestra historia y transmitirla a las nuevas generaciones".

Hubo críticas de que el gobierno había efectivamente irrumpido en la inauguración de un monumento comunitario, y que las palabras de disculpa habían llegado demasiado tarde para muchas personas que vivieron la exclusión y la injusticia, según reportó The Guardian.

Eduard Latuheri, de 98 años, fue invitado a bendecir el monumento junto con varios otros soldados sobrevivientes y miembros de la primera generación de familias. Su nieto Dennis van Peterson habló en su nombre. "Está agradecido solo por venir aquí", dijo a The Guardian. "Hay un sentimiento mixto sobre la disculpa. Para el abuelo, es lo correcto, pero la primera generación ya no está aquí en su mayoría, es demasiado tarde".

Otros recordaron la amargura de toda la vida de sus padres por la promesa rota del gobierno neerlandés de ayudarlos a regresar. Fred Roos, de 70 años, nació y vivió durante cinco años en Westerbork y dijo que a su difunto padre nunca se le permitió trabajar y siempre se sintió enojado, según la fuente. "Todo estaba siempre listo para volver, pero nunca sucedió", dijo. "Este es un momento cargado".

Fridus Steijlen, coautor de una historia reciente de la comunidad molucana en Países Bajos, explicó que debido a que la estancia de los molucanos siempre se suponía temporal, la integración se vio afectada durante generaciones, a pesar de la propia resiliencia de la comunidad, según The Guardian.

"Una disculpa debería abordar la actitud paternalista del gobierno neerlandés en ese momento, y que no pensó en cómo podrían regresar", dijo Steijlen, según la fuente. "Por eso el dolor continuó".

El caso de los soldados molucanos representa un capítulo oscuro en la historia colonial neerlandesa, donde miles de personas que sirvieron lealmente al ejército colonial fueron abandonadas y marginadas en un país extranjero, sin posibilidad de retorno a su tierra natal ni de integración plena en su nuevo lugar de residencia. La disculpa oficial, aunque tardía para muchos de los afectados directos que ya fallecieron, marca un reconocimiento gubernamental de responsabilidad histórica que la comunidad molucana había exigido durante décadas.

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