

Un fallo judicial estadounidense sobre aranceles impuestos bajo la Sección 122 está reconfigurando el panorama comercial global y cuestionando los límites de la autoridad presidencial en materia arancelaria, según expertos reunidos por la Asociación de Asuntos Comerciales de Washington (WITA) el 8 de mayo de 2026. La decisión, descrita como estrecha pero consecuente, se suma a fallos previos que invalidaron aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y la Sección 122, generando incertidumbre sobre la estrategia arancelaria de la administración Trump.
Un panel de expertos comerciales convocado por WITA analizó las implicaciones de una reciente sentencia judicial que invalida aranceles presidenciales, marcando un punto de inflexión en la política comercial estadounidense y sus repercusiones globales.
La decisión judicial se centra en aranceles impuestos bajo la Sección 122 de la legislación comercial estadounidense, cuestionando específicamente el lenguaje sobre "balanza de pagos" utilizado como justificación legal, según explicaron Kellie Meiman Hock, asesora senior de McLarty Associates y ex directora para Brasil del Representante Comercial de Estados Unidos; Daniel Mullaney, ex representante comercial asistente para Europa y Medio Oriente; Kelly Ann Shaw, ex asesora presidencial adjunta para Asuntos Económicos Internacionales; y Mike Smart, ex director de Comercio e Inversión del Consejo de Seguridad Nacional.
El fallo se produce en un contexto de creciente batalla legal contra la autoridad arancelaria presidencial. Previamente, tribunales habían invalidado aranceles impuestos bajo IEEPA y la Sección 122, creando un patrón de restricciones judiciales que limita las herramientas ejecutivas en política comercial, según el análisis presentado en la sesión del 8 de mayo.
Los expertos anticipan que la administración enfrentará una disciplina legal más estricta en torno a las investigaciones bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio, con creciente preocupación sobre riesgos de litigación. Esta situación podría obligar al gobierno a replantear sus narrativas arancelarias y estrategias legales, según coincidieron los panelistas.
Paralelamente, el panorama comercial global muestra movimientos diplomáticos de alto nivel. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva mantuvo un encuentro calificado como "dinámico" con el presidente Donald Trump, mientras Trump sostuvo una llamada con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, según reportó WITA.
Se espera una cumbre de alto nivel entre Trump y el presidente chino Xi Jinping, en un momento donde líderes como Lula, Trump, Xi y Europa enfrentan un delicado acto de equilibrio geopolítico mientras las tensiones comerciales globales continúan latentes, según el análisis de los expertos.
El contexto geopolítico más amplio revela transformaciones profundas en el sistema comercial global. Según un artículo de Stephen Ezell y Rodrigo Balbontin publicado el 5 de mayo de 2026 en The Hinrich Foundation, el ascenso de China cambió la trayectoria de la globalización liderada por Estados Unidos, y el sistema comercial global está derivando hacia lo desconocido.
La competencia estratégica entre Estados Unidos y China es esencialmente una carrera por el dominio tecno-económico, sustancialmente diferente del período de la Guerra Fría, según Ezell y Balbontin. La Unión Soviética fue rival geopolítico y militar de las democracias occidentales, pero no representó un mercado significativo, proveedor de bienes intermedios o competidor serio en comercio e inversión extranjera directa, en parte porque el bloque soviético se cerró a la globalización de posguerra liderada por Estados Unidos.
China, en contraste, desafía a Estados Unidos y sus aliados en todos estos frentes. Ningún país puede contrapesar solo a un gigante con el enorme tamaño de mercado y capacidad manufacturera de China, según los autores. Las democracias deberían buscar construir un bloque económico para hacerlo, como inicialmente pretendía el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP). El riesgo de no hacerlo es profundizar la desindustrialización y las dependencias de China como "fábrica del mundo".
El comercio no es neutral y siempre ha reflejado intereses nacionales, según Ezell y Balbontin. La globalización posterior a la Segunda Guerra Mundial tomó forma primero entre países del bloque occidental durante la Guerra Fría y se aceleró bruscamente tras la caída del régimen soviético. Esas dos fases fueron, en gran medida, modelos diseñados para propósitos geopolíticos: primero para competir con la Unión Soviética, luego para reflejar el "momento unipolar" de Estados Unidos.
Mientras tanto, la guerra en Irán está afectando a India más allá del shock petrolero global y las disrupciones comerciales, según la doctora Aparna Pande en un análisis publicado el 5 de mayo de 2026 en Geopolitical Intelligence Services. Nueva Delhi ha considerado históricamente a Medio Oriente parte de su vecindario extendido y mantiene vínculos con todos los actores clave del conflicto: Irán, Estados Unidos, Israel y los estados árabes del Golfo.
La administración del primer ministro Narendra Modi enfrenta el desafío estratégico clásico de balancear relaciones con partes contendientes sin alinearse con ninguna, similar al período de la Guerra Fría, según Pande. El margen de maniobra de Nueva Delhi se ha estrechado desde que ataques estadounidenses e israelíes contra Irán desencadenaron represalias iraníes contra estados del Golfo.
Esta región es crucial para India, proporcionando aproximadamente 45 por ciento de su petróleo crudo y condensado, 66 por ciento de su gas natural licuado (GNL) y 90 por ciento de sus importaciones de gas licuado de petróleo (GLP), según Pande. Más de 9 millones de indios residen en los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), contribuyendo casi 40 por ciento de las remesas anuales de India, que totalizan alrededor de 135.000 millones de dólares.
Además de disrupciones directas de suministro, la volatilidad en el mercado energético global ha aumentado la incertidumbre sobre los costos de importación de India, presionando subsidios y gasto gubernamental, según el análisis. La escasez energética afecta a todos los sectores de la sociedad, incluidos hogares promedio, alimentando presiones inflacionarias y limitando el gasto. Una escasez de cilindros de GLP ha llevado al cierre de pequeños establecimientos comerciales.
Industrias como automóviles, electrónica, cerámica, fertilizantes y farmacéuticos están sufriendo debido a la crisis de combustible, según Pande. Las cadenas de suministro en la región del Océano Índico se han ralentizado considerablemente. Con la principal temporada agrícola de India programada para comenzar en junio, el conflicto prolongado, que ha generado escasez de fertilizantes, representa una amenaza seria para el suministro alimentario del país.
El sociólogo Boaventura de Sousa Santos, profesor emérito de la Universidad de Coimbra y académico distinguido de la Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin-Madison, plantea en un artículo del 6 de mayo de 2026 en Meer si el mundo está entrando en un momento de bifurcación, concepto asociado al químico y premio Nobel Ilya Prigogine.
La teoría de bifurcación de Prigogine se basa en la indeterminación fundamental de la realidad, sistemas complejos que crean formas de autoorganización produciendo cambios y transiciones impredecibles, y situaciones fuera de equilibrio donde sistemas pueden entrar en momentos de bifurcación en los que pequeños cambios pueden producir consecuencias enormes e impredecibles, según Santos.
El sociólogo Immanuel Wallerstein aplicó esta teoría al campo sociológico, argumentando que el sistema mundial moderno ha acumulado contradicciones y enfrenta actualmente una crisis estructural que constituye un punto de bifurcación, un período de transición caótica marcado por gran volatilidad política y económica, según Santos. Wallerstein estimó que esta transición podría durar hasta 2050, y lo que sigue podría ser algo más autoritario y jerárquico o más democrático e igualitario.
Santos sostiene que la historia se ha acelerado recientemente y han surgido nuevos factores de imprevisibilidad, sobre todo tres: el colapso ecológico inminente, el desarrollo de inteligencia artificial y el surgimiento de un sionismo judeocristiano extremista. La imprevisibilidad es mayor que nunca, y cualquier decisión que implique riesgo calculado podría resultar en riesgo incalculable.
El autor cuestiona si la guerra en Irán es la manifestación de ese momento de bifurcación, y si es así, cualquier acción de cualquiera de los principales actores (Israel, Estados Unidos e Irán) o sus aliados, por calculada que sea, podría tener consecuencias incalculables: una nueva guerra mundial (que para algunos ya ha comenzado), una guerra más militar que económica o más económica que militar, el fin del sistema mundial moderno basado en la vitalidad del capitalismo moderno y la hegemonía de Occidente, un nuevo período de hipernacionalismos rivales o guerras religiosas entre movimientos extremistas, la aceleración del colapso ecológico y el consiguiente desplazamiento masivo de poblaciones, o un nuevo conflicto político entre la política de la vida y la política de la muerte reemplazando el conflicto moderno entre izquierda y derecha, según Santos.
La convergencia de restricciones judiciales a la autoridad arancelaria presidencial estadounidense, tensiones comerciales globales persistentes, la competencia tecno-económica entre Estados Unidos y China, y conflictos regionales con repercusiones económicas globales configura un panorama de incertidumbre estructural en el sistema comercial internacional, donde las reglas establecidas desde la posguerra enfrentan cuestionamientos fundamentales sin que emerja aún un nuevo orden claro.