El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la eliminación del hallazgo científico que establece que el cambio climático pone en peligro la salud humana y el medio ambiente, terminando con la autoridad legal del gobierno federal para controlar la contaminación que está calentando peligrosamente el planeta.
La acción representa un paso clave para eliminar los límites sobre dióxido de carbono, metano y otros cuatro gases de efecto invernadero que, según los científicos, están potenciando olas de calor, sequías, incendios forestales y otros fenómenos meteorológicos extremos.
Liderada por un presidente que se refiere al cambio climático como un "engaño", la administración está esencialmente afirmando que la gran mayoría de los científicos de todo el mundo están equivocados y que un planeta más caliente no representa la amenaza que décadas de investigación demuestran que es, según el New York Times.
Esta decisión supone un rechazo a hechos que habían sido aceptados durante décadas por presidentes de ambos partidos, incluido Richard Nixon, cuyo principal asesor advirtió sobre los peligros del cambio climático, y George Bush padre, quien firmó un tratado internacional sobre clima.
Además, representa un golpe definitivo en la larga lucha de un pequeño grupo de activistas conservadores y de intereses petroleros, gasísticos y carboníferos para impedir que el país realice una transición desde los combustibles fósiles hacia la energía solar, eólica y otras fuentes no contaminantes.
"Esto es de lo más importante que hay", declaró el presidente Trump en la Casa Blanca mientras Lee Zeldin, el administrador de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), permanecía sonriente a su lado. "Estamos terminando oficialmente con el llamado 'hallazgo de peligrosidad', una política desastrosa de la era Obama", añadió según recoge el New York Times.
El "hallazgo de peligrosidad" (endangerment finding) era la base científica y legal que permitía a la EPA regular los gases de efecto invernadero bajo la Ley de Aire Limpio, tras determinar en 2009 que estos gases representan un peligro para la salud pública y el bienestar.
La eliminación de este hallazgo científico podría tener profundas implicaciones para la política climática estadounidense y los esfuerzos globales para combatir el cambio climático, ya que elimina la base legal para numerosas regulaciones ambientales implementadas en las últimas décadas.