Trump busca ayuda de China para cerrar guerra con Irán mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado tras diez semanas
Internacional

Trump busca ayuda de China para cerrar guerra con Irán mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado tras diez semanas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encuentra en China intentando convencer a Xi Jinping de que presione a Irán para negociar el fin de una guerra que ya cumple diez semanas y mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, por donde pasaba la quinta parte del petróleo mundial. El conflicto ha disparado la inflación estadounidense al 3,8% en abril, elevado los precios de la gasolina a máximos históricos y hundido los índices de aprobación del presidente republicano a seis meses de las elecciones legislativas de noviembre.

INTERNACIONAL13 MAY 2026

Trump llegó a Pekín con una misión radicalmente distinta a la que imaginó cuando programó la visita, según reporta El País. El mandatario estadounidense esperaba anunciar contratos millonarios junto a Xi Jinping, pero ahora necesita su colaboración para persuadir a Teherán de que acceda a negociar y poner fin a un conflicto que se ha convertido en su principal problema político y económico.

La visita incluye ceremonias protocolarias de alto nivel —un acto de bienvenida en el Gran Palacio del Pueblo, un banquete de Estado y una ceremonia del té junto a Xi— pero detrás de los oropeles tendrá lugar una intensa negociación que algún analista compara con un partido de rugby, según la fuente. El estrecho de Ormuz será uno de los temas centrales de las conversaciones.

"La Administración de Trump cree que China puede ayudar a presionar a Irán para que acepte los términos que Estados Unidos cree necesarios" para poner fin a la guerra y reabrir ese cuello de botella fundamental para el tráfico marítimo, según Edgard Kagan, del centro de estudios CSIS.

Washington busca terminar una guerra que dura mucho más de las 72 horas que calculó Trump cuando, junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, dio la orden de atacar, según El País. Los efectos económicos del conflicto ya son palpables: los precios de la gasolina se encuentran en máximos pese a las promesas presidenciales de que se desplomarían al acabar el conflicto, la inflación avanza al 3,8% en abril complicando las bajadas de tipos de interés que ansía la Casa Blanca, y la impopularidad del conflicto lastra los índices de aprobación de Trump y las perspectivas del Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

China percibe en esta situación una oportunidad para arrancar concesiones a Washington, sea en la rebaja o eliminación de aranceles, en la negociación de contratos, de acceso a semiconductores o —su gran ambición— un cambio en la posición estadounidense respecto a Taiwán, la isla de régimen democrático que Pekín considera parte inalienable de su territorio y a la que no renuncia a unificar por la fuerza, según la fuente.

"China tiene intereses de ambos lados. Por una parte, claramente no quieren que Estados Unidos consiga un gran éxito", considera Kagan. "Por otra parte, si el estrecho de Ormuz sigue cerrado, eso tendrá unas implicaciones muy significativas. También mantendrán la vista muy puesta en lo que digan y hagan los Estados del golfo Pérsico, que son un conjunto de socios muy importantes también para ellos".

La Administración estadounidense se vio obligada a aplazar la visita a Pekín un mes debido al conflicto, según El País. El escenario actual era inimaginable: Ormuz, el estrecho por el que típicamente pasaba la quinta parte del petróleo y el gas natural licuado que consume el mundo, cerrado casi a cal y canto. Varias petromonarquías del golfo Pérsico, sin apenas alternativas, encajan un golpe económico sin precedentes. Van diez semanas de un cerrojazo que sitúa a la economía en el quicio de lo desconocido, según la fuente.

La negociación sigue sin arrojar señales de avance real. Los progresos de mediados de abril, cuando Irán anunció que abría su candado sobre Ormuz, quedaron en papel mojado: un día después, la Guardia Revolucionaria volvió a cerrar el paso ante la negativa estadounidense a levantar su propio bloqueo, según El País. Los avances registrados hace una semana, cuando tanto la Casa Blanca como los negociadores paquistaníes reconocieron estar "cerca" de sellar un memorando de entendimiento como primer paso para una paz duradera, también quedaron en nada. Las posturas siguen alejadas, el estrecho permanece clausurado, y la capacidad de resistencia de Irán es mucho mayor de lo que reconoce la Casa Blanca: Teherán mantiene casi íntegra su capacidad balística, según The New York Times citado por la fuente.

Sobre el terreno, la realidad es contundente. El número de petroleros y metaneros que consiguen franquear Ormuz no solo es mínimo, sino que va claramente a menos: solo dos buques cargados con hidrocarburos han logrado burlar el cerco desde el pasado domingo, ninguno de ellos petrolero, según El País. Medio centenar de barcos han sufrido incidentes en Ormuz y zonas vecinas —los golfos Arábigo y de Omán—, según las cifras del Centro de Operaciones Marítimas del Reino Unido. Algo más de la mitad fueron ataques directos, casi una veintena agresiones fallidas, y otros dos secuestros.

Ni siquiera el crudo procedente de Irán, una de las válvulas que contribuyó a liberar presión en los primeros compases de la guerra, está consiguiendo ganar el océano Índico: ningún barco ha partido de la isla de Jarg —de facto, la única terminal exportadora de la República Islámica— en las tres últimas semanas, según los datos satelitales recopilados por Bloomberg citados por la fuente.

Pese a la gravedad de la situación, sigue imperando una extraña sensación de calma chicha, según El País. El precio del petróleo ha subido tras el último frenazo en las conversaciones de paz, pero sigue por debajo de los máximos de hace un par de semanas. Las aerolíneas continúan trabajando en su programación de verano sin grandes sobresaltos pese a las cancelaciones iniciales por la carestía de queroseno. Las Bolsas siguen sin cotizar el escenario apocalíptico que supondría llegar al periodo estival con Ormuz aún fuera de juego. Todos siguen confiando en que la sangre no llegará al río, según la fuente.

Los indicios, sin embargo, cada vez son más preocupantes. Aunque el uso intensivo de los pocos oleoductos que conectan algunos países de la región —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak—, la caída de la demanda por la subida de precios y la reconfiguración de las refinerías en Occidente están permitiendo aliviar algo la situación, el grito de alerta es generalizado: el mundo no puede aguantar mucho más tiempo sin un paso crítico para el suministro de combustibles fósiles, según El País.

En estas diez semanas sin Ormuz, casi 1.000 millones de barriles de crudo y derivados —queroseno, diésel y nafta, sobre todo— han desaparecido del mercado, según la fuente. El faltante, incluso descontando las rutas alternativas y la destrucción de demanda en mercados clave, la consultora de riesgos Eurasia lo estima en 2,5 millones de barriles al día.

"Nuestro escenario central sigue siendo el de una reapertura gradual del estrecho para finales de mayo, pero la interrupción en el suministro ha alterado significativamente el equilibrio petrolero mundial respecto a nuestras expectativas previas a la guerra", reconoce Johannes Rauball, de Kpler, en un análisis publicado el miércoles según El País. Con la oferta constreñida y la demanda —aunque atemperada— todavía alta, las reservas de crudo continúan cayendo a plomo, espoleadas por la liberación de barriles acordada en el seno de la Agencia Internacional de la Energía. Esta herramienta pensada para tiempos difíciles tiene un claro límite físico: los propios inventarios, según la fuente.

Las primeras heridas económicas empiezan a ver la luz. En Estados Unidos, el coste de la vida —quizá el mayor flanco de debilidad de Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato— subió en abril a su mayor ritmo en tres años, con la gasolina disparada, según El País. En Europa, el paro francés acaba de alcanzar su nivel más alto desde la pandemia, con la confianza económica en la eurozona en "caída libre", en palabras del propio Ejecutivo comunitario según la fuente.

En Asia, el continente más dependiente del crudo y el gas procedente de Oriente Próximo, el concepto de estanflación —la peligrosa intersección entre estancamiento económico e inflación elevada que recuerda a los años setenta— empieza a ganar fuerza. "Tailandia, Indonesia, Filipinas o la India cuentan con colchones mucho más débiles que sus vecinos desarrollados", avisan Sonal Varma y Si Ying Toh, del banco japonés Nomura, en su último análisis regional citado por El País. "Son los más vulnerables frente al choque estanflacionario".

La visita de Trump a China se produce en un momento crítico en el que Washington necesita desesperadamente una salida diplomática a un conflicto que amenaza con prolongarse y causar daños económicos irreparables tanto en Estados Unidos como a nivel global. El éxito o fracaso de estas negociaciones determinará no solo el futuro del estrecho de Ormuz y la economía mundial, sino también las perspectivas políticas de Trump y su partido en las elecciones de noviembre.

SIGUE LEYENDO
MÁS DE INTERNACIONAL
Trump busca ayuda de China para cerrar guerra con Irán mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado tras diez semanas · ColGlobal