

El presidente estadounidense Donald Trump aterrizó este miércoles 13 de mayo en Pekín para celebrar una cumbre con el presidente chino Xi Jinping, marcando la primera visita de un mandatario de Estados Unidos a China en casi una década. El encuentro, que se desarrollará hasta el 15 de mayo, busca medir la relación de fuerzas entre ambas superpotencias tras un año de tensiones arancelarias y abordará temas económicos, la situación en Oriente Próximo y el espinoso asunto de Taiwán, según informó El País.
Trump descendió del avión presidencial exactamente a las 8:08 de la tarde hora local en el aeropuerto de Pekín, en lo que parece un gesto calculado dado que el 8 es el número de la buena suerte en China, según reportó El País. Desde lo alto de la escalerilla elevó ligeramente un puño con su ademán característico. En tierra fue recibido por el vicepresidente chino Han Zheng, mientras 300 adolescentes chinos ondeaban banderas de ambos países al ritmo de una marcha militar.
La última visita de Trump a China fue en 2017, durante su primer mandato. Las banderas estadounidenses ya ondean en la plaza de Tiananmen, y el despliegue de seguridad es monumental, con hoteles acordonados donde se alojarán el mandatario republicano y su séquito, según El País.
Xi Jinping recibirá a Trump el jueves por la mañana, hora de Pekín, en el Gran Salón del Pueblo, el gigantesco edificio reservado para los grandes eventos políticos. Tras una primera noche sin agenda oficial, ambos líderes se enfrentarán a una cumbre de alto voltaje que llega después de un 2025 marcado por una guerra comercial que llevó las tensiones al límite antes de sellar una frágil tregua en octubre pasado en Busan, Corea del Sur.
Trump viaja acompañado por un nutrido grupo de directivos de multinacionales, subrayando el enfoque económico del viaje. Entre los ejecutivos que le acompañan se encuentran Elon Musk de Tesla y SpaceX, Tim Cook de Apple, Larry Fink de BlackRock (el mayor fondo de inversión del mundo) y Jensen Huang de Nvidia, la empresa más valiosa del planeta por capitalización bursátil, según detalló Trump en su red Truth Social.
Huang se sumó a la comitiva en el último minuto durante una parada para repostar en Alaska. Su presencia es significativa dado que Nvidia diseña los chips más avanzados, fabricados en su mayoría por la compañía taiwanesa TSMC, colocándose en el cruce entre la rivalidad tecnológica por el acceso de China a los semiconductores más punteros y la rivalidad geopolítica en torno a Taiwán.
En pleno vuelo, Trump dio pistas del tono amable que usará en su visita "al Gran País de China", como lo llamó en Truth Social. "Le pediré al Presidente Xi, un Líder de extraordinaria distinción, que abra China para que estas personas brillantes puedan desplegar su talento y ayudar a elevar aún más a la República Popular", escribió Trump. "Les prometo que, cuando nos encontremos, lo cual sucederá en cuestión de horas, esa será mi primera petición. ¡Jamás he visto ni oído hablar de una idea más beneficiosa para nuestros increíbles países!", añadió según El País.
Los enviados especiales de ambos gobiernos, el viceprimer ministro chino He Lifeng y el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, mantuvieron este miércoles un encuentro preparatorio de última hora en Seúl para avanzar en los temas económicos que dominarán la agenda.
Se espera que en el cara a cara se hable de desequilibrios comerciales, transacciones e inversiones. Trump ve el encuentro como una oportunidad de expandir negocios e inversiones, con peticiones específicas que incluyen las llamadas "tres B": granos de soja (beans en inglés), ternera (beef) y aviones Boeing, según explicó Wang Yiwei, director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin de Pekín, citado por El País.
Además de las cuestiones económicas, abordarán con toda probabilidad el espinoso asunto de la guerra en Oriente Próximo. Trump avanzó el lunes que tiene previsto entrar a la cuestión de Taiwán, haciendo sonar alarmas en la isla autogobernada que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio.
Con el ataque estadounidense a Irán en carne viva y la operación relámpago en Venezuela aún humeante, se abre un hueco para que China ponga sobre la mesa sus intereses acerca del estrecho de Taiwán, otro de los puntos más calientes del planeta en este momento de ebullición, según El País.
Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, reveló que se uniría a la comitiva rumbo a China, algo atípico dado que los responsables de esta cartera rara vez viajan en visitas de Estado. Algunos analistas lo señalan como otro indicio de la intención de abordar la cuestión iraní. También viajan el secretario de Estado Marco Rubio y más de una decena de altos cargos.
Se espera que Trump presione a Pekín para que haga uso de su ascendente sobre Teherán para ayudar a pacificar Oriente Próximo, donde la inestable tregua sigue tambaleante. El martes, el jefe de la diplomacia china Wang Yi mantuvo una conversación telefónica con el ministro de Exteriores de Pakistán, país que lidera las conversaciones de paz, y le urgió a "intensificar los esfuerzos de mediación" y asegurar una "solución adecuada para la reapertura del estrecho de Ormuz", según El País.
El asunto de Taiwán es quizá el más existencial para China. "China entiende que la independencia de Taiwán supone un cambio del statu quo. Por eso, pedirá a Trump que declare abiertamente que Estados Unidos se opone a la independencia de Taiwán", señaló Wang Yiwei a El País.
El académico chino explicó la postura de Pekín: "China ha pedido que no les venda armas a Taiwán; de lo contrario, no podremos comprarles las llamadas tres B". Wang cree que la cercanía de las elecciones de mitad de mandato y la necesidad de Trump de encauzar a parte de su electorado decantarán la balanza en favor de Pekín: "No creo que venda [las armas]".
El asunto de las armas ya lo dejó claro Xi Jinping en una llamada telefónica con Trump en febrero, poco después de que Washington aprobara en diciembre la venta de un histórico paquete de armamento de 11.000 millones de dólares a Taiwán. Trump, en su lectura de aquella conversación que describió como "excelente", pasó de puntillas por el asunto de Taiwán. El comunicado oficial chino fue mucho más rotundo: Xi le dijo que la postura estadounidense respecto a Taiwán "es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos", y le aseguró que su país nunca permitirá "que Taiwán sea separado de China". Lanzó una advertencia: "Estados Unidos debe manejar las ventas de armamento a Taiwán con precaución extrema", según El País.
George Chen, analista de The Asia Group, señaló este miércoles en una charla en línea sobre la cumbre que un cambio en el lenguaje en algún comunicado "sería considerado probablemente la mayor victoria de Xi". Evan Medeiros, de la misma firma y exasesor de Obama para asuntos de China y Asia, detalló entre los "riesgos" a tener en cuenta, además de Taiwán, la "reticencia" de China a ayudar con Irán.
Para China, el encuentro supone una oportunidad de proyectar al mundo una imagen de estabilidad, serenidad y cooperación, después de haberse plantado con firmeza ante los embates arancelarios con la poderosa carta de las tierras raras. Pekín se percibe a sí misma con oxígeno, parcialmente victoriosa en esta última batalla, y numerosos analistas prevén que use la debilidad de Washington para reclamar una reducción del apoyo armamentístico a Taiwán y un cambio más favorable en el ambiguo lenguaje que sostiene desde hace décadas el delicado equilibrio en el estrecho, según El País.
Un artículo firmado este miércoles por Hai Feng en Global Times, periódico de asuntos internacionales vinculado al Partido Comunista Chino, afirmó que "Estados Unidos pretende tener esta baza en sus manos y jugar una estrategia combinada junto con cuestiones como Taiwán y las relaciones económicas y comerciales", en referencia a la presencia de Jensen Huang de Nvidia en la comitiva.
La cumbre se desarrollará en un contexto de máxima seguridad, con calles decoradas en Shanghái y un despliegue policial sin precedentes en la capital china. La visita se extenderá hasta el 15 de mayo y marcará un momento crucial en la relación entre las dos mayores economías del planeta.