Las autoridades tunecinas intensifican la represión contra la oposición y la sociedad civil, mientras el presidente Kais Saied consolida su poder desde 2021, generando preocupaciones sobre el futuro de la democracia en el país.
La situación de los derechos humanos en Túnez se ha convertido en un tema de creciente preocupación. Recientemente, los tribunales confirmaron la condena de dos periodistas tunecinos prominentes acusados de delitos financieros, lo que ha sido calificado por grupos de derechos de medios como un caso de 'acoso judicial', argumentando que las acusaciones carecían de pruebas. Según Safia Rayan de Amnistía Internacional, las autoridades tunecinas han intensificado la presión sobre las organizaciones no gubernamentales (ONG) y están utilizando medios legales para disolver tales grupos, afectando especialmente a aquellos que abogan por los derechos humanos, la protección de migrantes, la supervisión electoral y la lucha contra la corrupción. 'Docenas de ONG corren el riesgo de ser disueltas, mientras que otras están siendo procesadas', dijo Rayan. La situación se agrava con el caso de Rached Ghannouchi, presidente del partido islámico moderado Ennahda, quien ha sido condenado a penas de prisión que suman alrededor de 50 años. Desde que asumió el cargo en 2019, el presidente Saied ha estado consolidando su poder, debilitando el parlamento y el poder judicial, y tomando medidas enérgicas contra miembros de la oposición y críticos. El Consorcio de Erosión Democrática, una organización estadounidense, describe el estilo de gobierno de Saied como 'autoritarismo sigiloso', donde las instituciones democráticas son socavadas gradualmente. En abril de 2025, un tribunal tunecino condenó a 37 miembros de la oposición y defensores de derechos humanos a penas de prisión de entre cuatro y 66 años, con Amnistía Internacional calificando las acusaciones de 'infundadas'. A pesar de algunos ejemplos positivos de movilización colectiva que llevaron a la liberación de personas detenidas arbitrariamente, las autoridades continúan socavando los derechos humanos y el estado de derecho. La represión ha alcanzado un nivel donde el estado no solo suprime la crítica a las violaciones de derechos humanos, sino que también persigue a quienes critican esta represión. El presidente Saied ha rechazado las acusaciones de que está llevando al país hacia el autoritarismo, afirmando que no tiene intención de convertirse en un dictador. Sin embargo, la libertad de prensa en Túnez ha disminuido drásticamente, con Reporteros Sin Fronteras clasificando al país en el puesto 137 de 180 en cuanto a libertad periodística. La dinámica dentro del estado tunecino debe ser examinada cuidadosamente, ya que las autoridades a menudo instrumentalizan problemas financieros o administrativos para actuar contra grupos de la sociedad civil. A pesar de la creciente represión, algunos observadores argumentan que los desafíos económicos del país contribuyen a que Saied mantenga apoyo interno, ya que es visto como más favorable que la dividida élite política de Túnez. Sin embargo, la situación económica sigue siendo precaria, con un aumento de la deuda y la presión sobre la economía tunecina. La comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, tiene un papel que desempeñar en la insistencia de que Túnez respete los principios democráticos y los derechos humanos.