

El gobierno venezolano de Delcy Rodríguez trabaja en una reestructuración de deuda que podría alcanzar los 240.000 millones de dólares, más del doble del PIB del país, según Financial Times. La operación, que superaría en tamaño a las de Grecia y Argentina, se complica por el terremoto reciente que añade nuevas necesidades de gasto para emergencia humanitaria y reconstrucción, mientras los bonos soberanos caen y la inflación acumulada entre enero y mayo alcanza el 102%.
Venezuela afronta la mayor reestructuración de deuda soberana de la historia bajo la presión añadida del terremoto sufrido esta semana, según reporta Cinco Días. El gobierno de Delcy Rodríguez trabaja en una operación récord que, de confirmarse, superaría en tamaño a las grandes reestructuraciones de Grecia o Argentina, en un momento en que el país está lejos de la estabilidad económica y el seísmo añade nuevas necesidades de gasto.
Caracas lanzó en mayo formalmente un proceso para reestructurar la deuda pública y la de Petróleos de Venezuela (PDVSA), según la fuente. El gobierno ha contratado a Centerview Partners, con el banquero francés Matthieu Pigasse al frente de las negociaciones. Pigasse es antiguo directivo de Lazard y ha participado en grandes reestructuraciones soberanas, según Cinco Días.
Venezuela se enfrenta a una ingente carga de deuda y una base de acreedores muy fragmentada que incluye tenedores de bonos, prestamistas bilaterales —especialmente China— y titulares de laudos arbitrales, sentencias judiciales y deuda comercial vinculada al petróleo, según la fuente.
Hasta ahora, los analistas calculaban una deuda externa de entre 150.000 y 200.000 millones de dólares, según Cinco Días. Si la cifra final asciende a 240.000 millones de dólares —más de 210.000 millones de euros—, según ha publicado Financial Times, será más del doble del PIB venezolano, que alcanzó cerca de 100.000 millones de dólares en 2025 según el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los analistas consideran que la negociación no girará solo en torno a si habrá quita, sino a cómo se estructurará la operación para evitar que Venezuela salga de un impago para caer en otro al poco tiempo, según la fuente. El terremoto de esta semana añade una capa de dificultad extra: la economía ya necesitaba recuperar inversión, estabilizar precios, reconstruir infraestructuras y reactivar la producción petrolera, y ahora también tiene que asumir daños materiales, servicios básicos y emergencias.
Retraso en el calendario de reestructuración
"El terremoto aboca a un retraso en el calendario. El cronograma previsto antes del seísmo era ya muy exigente. En la situación actual, con un gobierno interino con problemas de coordinación que tiene que gestionar una crisis humanitaria y la que probablemente será la mayor reestructuración de deuda de la historia, el retraso en el calendario es prácticamente seguro", dijo Judith Arnal, investigadora principal para economía del Real Instituto Elcano, según Cinco Días.
Ese retraso no implica necesariamente una quita mayor, según Arnal. "Sí que puede conllevar mayores extensiones de vencimientos, ampliaciones de periodos de gracia o cláusulas contingentes. Probablemente, los inversores interpreten el seísmo como un shock transitorio, más que como una pérdida permanente de la capacidad de pago", añadió.
"La priorización de la reconstrucción frente a acreedores puede ser complicada. Políticamente es atractiva y tendría sentido, pero financieramente es limitada. Para la reconstrucción será necesaria financiación, y eso pasa por volver a tener acceso a mercados y a financiación de instituciones multilaterales. Por ello, reconstrucción y reestructuración de la deuda son dos elementos que tendrán que ir de la mano", dijo Arnal, según la fuente.
Respuesta de Estados Unidos
Washington no se ha pronunciado sobre cómo debe afectar el terremoto a la reestructuración de la deuda, pero su respuesta inicial es la de facilitar la ayuda humanitaria y la coordinación internacional, según Cinco Días. Donald Trump aseguró que Estados Unidos está "preparado, dispuesto y capacitado" para ayudar a Venezuela y afirmó que había instado a todas las agencias de su gobierno para actuar con rapidez, según la fuente.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que Washington estaba preparando una respuesta "grande, rápida y eficaz", según Cinco Días. El Tesoro de Estados Unidos ha autorizado operaciones relacionadas con la ayuda por el terremoto en Venezuela que, de otro modo, habrían estado prohibidas por las sanciones, lo que da un paso más en la moderación de las restricciones al país latinoamericano, según la fuente.
Caída de los bonos venezolanos
Los inversores ya han empezado a mostrar más cautela, según Cinco Días. Los datos de Bloomberg reflejan que el bono soberano venezolano con vencimiento en 2027 llegó a cotizar por encima de los 55 centavos por dólar a mediados de mayo, en un momento de optimismo inicial por el inicio formal de la reestructuración, que se vio como un intento real de Venezuela de volver a los mercados financieros y recobrar la confianza de los inversores, según la fuente.
Desde entonces, ha perdido terreno y esta semana se ha vuelto a situar por debajo de los 50 centavos, según Cinco Días. La deuda de PDVSA también ha corregido: su bono con vencimiento en 2035 ha retrocedido desde niveles superiores a 50 centavos en mayo hasta el entorno de 45 centavos, según la fuente.
El papel crucial del petróleo
El petróleo juega un papel crucial en la economía venezolana, según Cinco Días. El país tiene las mayores reservas de crudo del mundo probadas, pero la industria está muy dañada por años de sanciones, desinversión, mala gestión y pérdida de capacidad técnica, según la fuente.
La producción se ha recuperado desde los mínimos registrados en 2020 y alcanzó en mayo los 1,18 millones de barriles diarios, según datos de Bloomberg. Es el mejor nivel desde 2019, pero todavía está lejos de los más de 2,4 millones de barriles diarios que el país bombeaba en 2012, según Cinco Días. Para que la operación de reestructuración prospere, PDVSA será un eje central, según la fuente.
"Tiene que haber un acuerdo omnicomprensivo, que abarque a todos los acreedores y suponga una verdadera reducción del valor presente neto de la deuda y no solo maquillaje. Será necesaria una combinación de quitas de principal, ampliaciones de vencimientos y periodos de gracia, cupones bajos. Podrían contemplarse también instrumentos contingentes, como instrumentos financieros ligados al precio del petróleo o del PIB, que compartirían el alza con los acreedores, pero protegerían al Estado a la baja. También necesita un plan creíble de inversión en PDVSA y el sector petrolero", dijo Judith Arnal, según Cinco Días.
Crisis inflacionaria persistente
La inflación añade otro punto de complejidad, según la fuente. Los precios subieron un 6,3% en mayo, menos que en meses anteriores, pero la mejora es relativa, según Cinco Días. Según datos mensuales de Bloomberg, la inflación acumulada entre enero y mayo ronda el 102%, lo que significa que los precios se duplicaron en apenas cinco meses, según la fuente.
Venezuela también debe demostrar que puede estabilizar su moneda, ordenar las cuentas públicas y publicar datos fiables, según Cinco Días.
Requisitos para recuperar la confianza
"Para recuperar la confianza de los mercados, Venezuela necesita credibilidad estadística, tras años sin datos fiables. Plantear un análisis de sostenibilidad de la deuda sin aval del FMI, como parece que se está haciendo, es poco recomendable. También necesita de un Estado de Derecho y respeto a los derechos de la propiedad. El inversor necesita estar convencido de que el riesgo de expropiación ha desaparecido, y una estabilización monetaria y fiscal", dijo Arnal, según Cinco Días.
La combinación de una deuda que supera el doble del PIB, una inflación que duplicó los precios en cinco meses, una producción petrolera que no alcanza la mitad de sus niveles históricos y ahora un terremoto que exige recursos para reconstrucción, coloca a Venezuela ante uno de los desafíos económicos más complejos que enfrenta cualquier nación en la actualidad. El éxito o fracaso de esta reestructuración determinará si el país puede volver a los mercados financieros internacionales o si permanecerá aislado económicamente por años adicionales.