

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, descartó el 8 de mayo de 2026 que Europa deba promover stablecoins denominadas en euros para competir con el dominio del dólar digital, argumentando que estos instrumentos privados generan riesgos sistémicos para la estabilidad financiera y debilitan la transmisión de la política monetaria. En un discurso pronunciado en el foro económico LatAm del Banco de España en Roda de Bará, Lagarde sostuvo que el fortalecimiento internacional del euro requiere mercados de capitales más integrados y activos seguros europeos, no réplicas de instrumentos diseñados en otras jurisdicciones.
Christine Lagarde trazó una línea clara en el debate sobre el futuro monetario digital de Europa. Durante su intervención en el foro económico LatAm del Banco de España celebrado en Roda de Bará el 8 de mayo de 2026, la presidenta del Banco Central Europeo rechazó la idea de que la Unión Europea deba responder al auge de las stablecoins en dólares promoviendo una ofensiva propia de stablecoins denominadas en euros.
Según Lagarde, el debate actual mezcla dos funciones distintas de estos instrumentos. Por un lado, las stablecoins cumplen una función monetaria al facilitar el acceso y circulación de monedas de reserva fuera de sus jurisdicciones originales. Por otro, desempeñan una función tecnológica al servir como activo de liquidación dentro de infraestructuras basadas en tecnología de registro distribuido. La presidenta del BCE sostuvo que Europa debe distinguir con precisión qué problema resuelven estos instrumentos antes de adoptarlos por presión competitiva o geopolítica.
El mercado de stablecoins ha experimentado un crecimiento explosivo, pasando de menos de 10.000 millones de dólares hace seis años a más de 300.000 millones en la actualidad, según datos citados por Lagarde. Estas monedas digitales están denominadas de forma abrumadora en dólares estadounidenses, y cerca del 90 por ciento del mercado está controlado por dos emisores, Tether y Circle, con sede en El Salvador y Estados Unidos respectivamente.
Lagarde explicó que las stablecoins nacieron como solución al problema de volatilidad dentro del ecosistema cripto. Al estar ancladas principalmente a dinero fiduciario y respaldadas uno a uno con efectivo y deuda pública de corto plazo, se convirtieron en la principal moneda de liquidación de las finanzas descentralizadas y en el puente dominante entre criptoactivos y monedas tradicionales.
En su análisis de la función monetaria, la presidenta del BCE señaló que las stablecoins amplían el alcance internacional de divisas de reserva como el dólar al reducir barreras históricas de acceso, tanto para pagos transfronterizos como para el ahorro en países con monedas débiles. Los pagos transfronterizos entre empresas representarían alrededor del 60 por ciento del volumen de pagos con stablecoins, aunque este volumen sigue siendo diminuto frente al total global, apenas el 0,01 por ciento de los flujos mundiales entre empresas, según Lagarde.
En economías con acceso históricamente restringido a monedas estables, el fenómeno es más visible. Lagarde citó estimaciones que ubican los flujos de transacciones con stablecoins en torno al 7,7 por ciento del PIB en América Latina y al 6,7 por ciento del PIB en África y Oriente Medio.
La presidenta del BCE agregó que si las stablecoins comenzaran a pagar rendimiento, su impacto sería aún mayor. En ese escenario, una stablecoin respaldada por letras del Tesoro de Estados Unidos convertiría indirectamente a sus usuarios en tenedores de deuda estadounidense. Citó investigaciones según las cuales una entrada de 3.500 millones de dólares en stablecoins respaldadas por dólares puede reducir los rendimientos de las letras del Tesoro a tres meses en unos 2,5 a 3,5 puntos básicos en condiciones normales, y más del doble en períodos de escasez de esos títulos.
Respecto a la función tecnológica, Lagarde explicó que las stablecoins operan como el efectivo nativo de los mercados tokenizados. A medida que los activos financieros migran a plataformas de tecnología de registro distribuido, se requiere un activo de liquidación que funcione dentro del mismo entorno y permita la liquidación atómica, es decir, la ejecución simultánea de dos patas de una transacción donde ambas se completan o ninguna lo hace. Este atributo reduce el riesgo de liquidación por diseño, según la presidenta del BCE.
Lagarde destacó que la tokenización avanza con rapidez. Como ejemplo, mencionó que los fondos del mercado monetario tokenizados duplicaron aproximadamente su capitalización en 2025, hasta unos 7.000 millones de euros, superando el crecimiento tanto de las stablecoins como de los fondos tradicionales del mercado monetario.
Con cerca del 98 por ciento de las stablecoins denominadas en dólares, y con Estados Unidos avanzando para consolidar esa posición mediante legislación, el argumento de que Europa necesita stablecoins en euros para seguir siendo competitiva ha ganado fuerza. Lagarde apuntó directamente a esa tesis y sostuvo que parte de una premisa equivocada, porque trata a las stablecoins como si cumplieran una sola función.
Si se analiza la función monetaria por separado, la presidenta del BCE admitió que unas stablecoins en euros podrían atraer demanda adicional de activos seguros de la zona euro. Eso podría comprimir rendimientos soberanos, aliviar condiciones de financiación y ampliar el alcance internacional del euro a través de un canal digital.
No obstante, para el BCE ese posible beneficio viene acompañado de compensaciones relevantes. La primera es la estabilidad financiera. Lagarde insistió en que las stablecoins son pasivos privados cuya estabilidad depende de la credibilidad y liquidez de sus reservas. Cuando esa confianza se rompe, el proceso de reembolso puede volverse repentino y autorefuerzo.
Como ejemplo concreto, Lagarde recordó el episodio de marzo de 2023, cuando colapsó Silicon Valley Bank. En ese momento, Circle reveló que 3.300 millones de dólares de las reservas de USD Coin estaban depositados allí. El token llegó a cotizar brevemente en 0,877 dólares, más de 12 centavos por debajo de la paridad prometida.
La presidenta del BCE advirtió que, a escala, estos episodios pueden transmitir tensiones al mercado de los activos que respaldan las stablecoins. Cuanto mayor sea su adopción, mayor sería el riesgo de círculos de retroalimentación entre reembolsos y mercados financieros, sobre todo cuando los emisores no son bancos. Además, señaló que los esquemas con múltiples emisores añaden otra vulnerabilidad, ya que en un evento de estrés los usuarios buscarían reembolsar donde la protección regulatoria sea más fuerte, previsiblemente en la Unión Europea bajo el reglamento MiCAR.
La segunda gran objeción es monetaria. Según Lagarde, si los depósitos minoristas migran a stablecoins no bancarias y luego regresan al sistema como financiación mayorista, el canal tradicional de transmisión de la política monetaria se estrecha. En una zona euro todavía muy dependiente del crédito bancario, eso podría traducirse en menos crédito a empresas y en menor eficacia de las decisiones de tasas del BCE.
Por eso, Lagarde afirmó que si Europa busca fortalecer el papel internacional del euro, las stablecoins no son la vía eficiente. En su visión, el camino sigue siendo una mayor integración de mercados de capitales, una unión de ahorro e inversión y una base de activos seguros acorde con la escala de las ambiciones europeas.
Pese a su tono crítico con la función monetaria de las stablecoins, Lagarde dejó claro que el BCE sí considera transformador el potencial tecnológico de la tokenización. La tecnología de registro distribuido, según la presidenta del BCE, permite rediseñar desde cero la infraestructura de mercado, integrando emisión, negociación, liquidación y custodia en una misma plataforma transfronteriza.
Ese punto es especialmente relevante para Europa, cuya infraestructura sigue muy fragmentada. Lagarde indicó que en 2023 existían 295 centros de negociación, 14 entidades de contrapartida central y 32 depositarios centrales de valores en la Unión Europea, frente a dos cámaras de compensación y un solo depositario central de valores en Estados Unidos.
A juicio de la presidenta del BCE, esa fragmentación hace que la tecnología de registro distribuido sea una oportunidad real para la integración financiera europea. Pero también eleva el riesgo de que las stablecoins en dólares se conviertan en el activo de liquidación por defecto en los mercados tokenizados del continente, afianzando la dependencia del dólar en la propia capa de infraestructura.
La respuesta del Eurosistema, según explicó Lagarde, no es bloquear la innovación ni prohibir por completo las stablecoins. Lo que propone es construir infraestructura pública que permita que distintos instrumentos privados, incluidas stablecoins y otras formas de dinero tokenizado, operen dentro de un marco anclado en dinero de banco central.
Lagarde identificó dos debilidades estructurales del modelo de stablecoin como base principal de liquidación. La primera es la fragilidad. Aunque facilitan la liquidación atómica, esa promesa depende de que el activo mantenga su paridad. Cuando una stablecoin se desvía del valor prometido, no ofrece la finalidad incondicional que sí garantiza el dinero de banco central, según la presidenta del BCE.
La segunda es la fragmentación. Si la liquidación depende de múltiples stablecoins privadas en competencia, el ecosistema tokenizado corre el riesgo de dividirse entre varios instrumentos sin un ancla común de convertibilidad. Según Lagarde, una encuesta del Eurosistema confirmó que la ausencia de un activo de liquidación en efectivo tokenizado ampliamente aceptado ya actúa como una restricción material para la adopción de la tokenización en Europa.
En ese contexto, la presidenta del BCE mencionó que los depósitos tokenizados de bancos comerciales podrían ofrecer una alternativa importante. Al estar ligados a instituciones reguladas, pueden circular en plataformas de tecnología de registro distribuido y podrían resultar preferibles para varios casos de uso mayorista. Pero insistió en que, independientemente del instrumento privado que termine predominando, la infraestructura pública debe garantizar seguridad e interoperabilidad.
Lagarde anunció que, desde septiembre de 2026, el BCE ofrecerá liquidación mayorista a través del proyecto Pontes, conectando plataformas de tecnología de registro distribuido con TARGET, el sistema de liquidación existente del Eurosistema. Las pruebas realizadas en 2024, según la presidenta del BCE, incluyeron 50 transacciones en nueve jurisdicciones, con alrededor de 1.600 millones de euros en valor liquidado.
También recordó que la hoja de ruta Appia, publicada en marzo de 2026, traza el camino hacia un ecosistema financiero europeo plenamente interoperable y tokenizado para 2028. La idea central es que, cuando el dinero de banco central esté disponible de forma nativa en cadena y conviva con depósitos tokenizados e instrumentos en euros compatibles con MiCAR, los actores del mercado no tendrán motivos para depender por defecto de un sustituto privado extranjero, según Lagarde.
El mensaje político del discurso fue claro. Para la presidenta del BCE, Europa no debe copiar instrumentos desarrollados en otros lugares solo porque ganan terreno. Debe definir primero qué objetivo quiere alcanzar y luego construir los cimientos adecuados para llegar a él, una idea que Lagarde reforzó con una cita de Séneca sobre la importancia de saber hacia dónde se navega.
Lagarde mencionó que la legislación estadounidense sobre stablecoins ha sido presentada por la administración de ese país no solo como una norma de protección al consumidor y estabilidad financiera, sino como una herramienta para asegurar el dominio global continuado del dólar estadounidense y reforzar la demanda por bonos del Tesoro.
Frente a ese giro, el BCE no descarta la innovación tokenizada, pero sí rechaza la idea de que la respuesta automática de Europa deba ser promover stablecoins en euros como réplica estratégica. Según el discurso publicado por el Banco Central Europeo, la prioridad pasa por mercados de capitales más profundos, activos seguros suficientes y una infraestructura pública que preserve la unicidad del dinero.
La Comisión Europea adoptó en marzo de 2025 su estrategia para la unión de ahorros e inversiones con el objetivo de conectar mejor el ahorro privado con inversiones productivas. Según Bruselas, la Unión Europea necesita inversiones adicionales estimadas entre 750.000 y 800.000 millones de euros anuales hasta 2030 para sostener competitividad, transición digital, transición limpia y nuevas necesidades de defensa. También calcula que los hogares europeos mantienen alrededor de 10 billones de euros en depósitos bancarios, seguros y accesibles, pero a menudo poco rentables y poco movilizados hacia mercados de capitales.
Philip Lane, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, formuló hace pocas semanas que un sistema monetario autónomo necesita un activo seguro de referencia que sirva de ancla para la valoración de activos, que pueda negociarse en grandes volúmenes sin mover demasiado los precios y que gane valor relativo en momentos de estrés. También señaló que la arquitectura actual de la zona euro produce una oferta insuficiente de activos seguros denominados en euros.
Un activo seguro europeo implica discutir emisiones comunes de deuda, mutualización parcial, gobernanza fiscal, disciplina y solidaridad entre los Estados miembros. Al decir que Europa necesita unión de ahorros e inversiones y, con el tiempo, un activo seguro, Lagarde está señalando que la batalla por el euro no se juega solo en pagos digitales, sino en la profundidad de los mercados, en la capacidad de emitir deuda común y en la posibilidad de ofrecer al mundo un refugio europeo que no dependa únicamente del bono de un Estado miembro.
En enero de 2026, la capitalización de stablecoins denominadas en euros seguía siendo modesta, alrededor de 450 millones de euros, frente a los cerca de 300.000 millones de dólares del mercado global de stablecoins, pero el banco central advierte de que el salto podría ser rápido si grandes entidades financieras entran de lleno en ese negocio.
La regulación MiCAR, vigente plenamente desde finales de 2024 para este tipo de activos, coloca a Europa en una posición relativamente avanzada en supervisión de criptoactivos. Sin embargo, según el análisis presentado por Lagarde, regular bien no equivale a dominar el mercado si no se integran los mercados y no se generan activos de referencia suficientes.
El Eurosistema trabaja en proyectos como Pontes y Appia, concebidos para adaptar la liquidación en dinero de banco central al mundo de los mercados tokenizados. Pontes está previsto para el tercer trimestre de 2026 como solución de liquidación para operaciones basadas en tecnología de registro distribuido, mientras Appia mira más lejos y busca diseñar un ecosistema mayorista europeo donde el dinero de banco central siga siendo el ancla del sistema.
La distinción entre función monetaria y tecnológica es crucial para el BCE. Europa no está rechazando el dinero digital, sino insistiendo en que la base debe seguir siendo pública, robusta y europea. Una stablecoin privada puede convivir en ese entorno, igual que pueden hacerlo depósitos bancarios tokenizados u otros instrumentos, pero la referencia última no debería ser una promesa privada con reservas detrás, sino dinero de banco central y reglas comunes.
El contexto internacional explica la firmeza del mensaje. Estados Unidos ha entendido las stablecoins como una extensión privada del dominio del dólar. Si millones de usuarios en América Latina, África, Asia o Europa usan tokens vinculados al dólar para ahorrar, pagar o protegerse de monedas débiles, la moneda estadounidense gana presencia sin necesidad de billetes ni bancos tradicionales.
Lagarde señaló que el enfoque estadounidense ha tomado un giro más amplio y que la legislación sobre stablecoins se ha presentado también como una forma de mantener la dominancia global del dólar y consolidar la demanda de deuda pública estadounidense. Si los emisores de stablecoins respaldan sus tokens comprando deuda a corto plazo, el auge de ese mercado puede reforzar indirectamente la demanda de bonos del Tesoro.
La tentación europea sería responder con una stablecoin en euros de gran escala, bendecida por bancos privados y regulada bajo MiCAR. Pero Lagarde enfría esa vía porque considera que el problema no está en la ausencia de un token europeo, sino en la falta de una base financiera comparable a la estadounidense.
Grandes entidades de la zona euro, incluida Société Générale, trabajan desde hace tiempo en criptoactivos vinculados al euro para abrirse espacio en un mercado dominado por el dólar. El interés privado existe. La pregunta planteada por el BCE es si ese interés sirve al objetivo público de fortalecer el euro o si apenas crea un producto financiero más, útil para nichos concretos pero incapaz de alterar la jerarquía monetaria global.
Para el ciudadano medio, la discusión tiene implicaciones prácticas. Si los pagos digitales, el ahorro, la inversión y el crédito se desplazan hacia infraestructuras privadas dominadas por monedas extranjeras, Europa pierde margen. Puede pagar más comisiones, depender de proveedores externos, ver cómo ciertos datos financieros circulan fuera de su control o sufrir tensiones si una crisis de confianza golpea a emisores de stablecoins relevantes.
Para los bancos, el debate es todavía más directo. Si las stablecoins captan depósitos, la financiación bancaria cambia. Si la tokenización reduce intermediarios, algunos negocios tradicionales se encogen. Si el BCE ofrece dinero de banco central tokenizado para mercados mayoristas, la infraestructura de liquidación puede transformarse.
Para las empresas, especialmente las que necesitan financiación para crecer, el punto decisivo no es si podrán usar una stablecoin en euros, sino si tendrán acceso a capital más abundante, más barato y menos encerrado en fronteras nacionales. Esa es la razón por la que Lagarde insiste en la unión de ahorros e inversiones.
Europa tiene muchísimo ahorro, muchas empresas con necesidad de financiación y demasiadas barreras nacionales que impiden que el dinero fluya con la escala de un verdadero mercado único de capitales. Las pymes, las tecnológicas, las compañías industriales y los proyectos estratégicos siguen dependiendo demasiado del crédito bancario y demasiado poco de mercados profundos, líquidos y transfronterizos.
El mensaje de Lagarde se puede resumir así: las stablecoins en euros pueden tener usos, pero no son la palanca principal para hacer del euro una moneda internacional más fuerte. La utilidad tecnológica existe; la promesa monetaria, según el BCE, está inflada. Europa no necesita prohibir la innovación ni refugiarse en una nostalgia del billete físico. Necesita evitar creer que adoptar el envoltorio digital de Estados Unidos basta para conseguir el poder financiero de Estados Unidos.
El dólar tiene detrás mercados enormes, deuda líquida, profundidad inversora y una maquinaria política que entiende la moneda como instrumento de poder. El euro, si quiere ganar terreno, necesita ahorro movilizado, capitales integrados, supervisión coherente, infraestructuras digitales propias y un activo seguro europeo que pueda competir en el mercado global. Lagarde ha dejado claro que las stablecoins no son el puerto, sino, como mucho, una barca dentro del puerto.