Francia, Alemania, Reino Unido y Bélgica enfrentan temperaturas históricas que han colapsado el transporte, cerrado escuelas y hospitales, y obligado a miles de personas a dormir en parques por la falta de aire acondicionado en viviendas. La crisis expone la ausencia de adaptación del continente al cambio climático, con edificios antiguos sin aislamiento, sistemas de salud desbordados y gobiernos que admiten no estar preparados para un fenómeno que se repetirá con mayor frecuencia.
La ola de calor que azota Europa ha dejado al descubierto las profundas carencias del continente para enfrentar temperaturas extremas. En París, donde el termómetro marcó 31 grados pasada la medianoche, cientos de personas han optado por pasar la noche en parques como el Buttes Chaumont, incapaces de soportar el calor en sus viviendas, según reporta El País.
Janis Sahraoui, de 37 años, y Antonia R., de 31, son dos de las insomnes que prefieren dormir bajo los árboles antes que regresar a sus apartamentos. "La temperatura es de 46 grados, es imposible dormir", relata Antonia, quien vive en una casa pequeña en un edificio mal aislado. Intentó comprar un aparato de aire acondicionado, pero están agotados o tienen precios prohibitivos, según su testimonio.
**Francia paralizada por el calor**
Este episodio de temperaturas tórridas es comparable al que vivió Francia en 2003, que duró dos semanas y causó 15.000 muertes, según datos históricos. La ola de calor actual ha paralizado gran parte de la actividad del país: se han cerrado colegios, cancelado exámenes, adaptado horarios laborales, suprimido un 10% de los trenes por averías en el aire acondicionado o problemas en la red ferroviaria, y monumentos como la Torre Eiffel y el Museo del Louvre han adelantado su cierre, según el reporte.
El propio Gobierno francés ha admitido que el país no está preparado para estas canículas. "Hay que salir de la caricatura de que hay que climatizarlo todo. El aire en todos sitios no es la solución óptima", señaló la ministra de Sanidad francesa, Stephanie Rist, cuando se le cuestionó sobre la falta de preparación en los hospitales.
La mitad de las viviendas del país, unos 10 millones, no están preparadas para estas temperaturas tan altas, según el Centro Científico y Técnico de Edificios (CSTB). Son edificios antiguos construidos con materiales que no aíslan. En París, tres cuartas partes de los tejados son de zinc, que absorben y conducen el calor, según el organismo técnico.
Charline Thevenin y su marido viven con sus dos hijos en un último piso del distrito ocho de París, bajo uno de estos tejados de zinc. La temperatura media en su hogar es de 38 grados, lo que les ha obligado a pedir a la cuidadora de su bebé de un año que se quede con ella en su casa. "La clase está a 35 grados, pero la sensación térmica es de 40. Prefiero que pierda clase a que esté en esas condiciones", protesta Charline sobre la escuela de su hijo de ocho años.
Hay 13.500 centros escolares que han tenido que adaptar horarios o cerrar directamente, según cifras oficiales. El alcalde de París, Emmanuel Gregoire, anunció la semana pasada la compra de 1.200 climatizadores para equipar las 600 escuelas de la capital, aunque matizó que son soluciones temporales.
La ola de calor ha dejado imágenes inéditas en la capital francesa, como las orillas del Canal Saint Martin abarrotadas de parisinos zambulléndose en sus turbias aguas normalmente cerradas al baño, o parques excepcionalmente abiertos de noche y repletos de insomnes.
**Alemania sin persianas ni aire acondicionado**
En Alemania se batió la noche más calurosa para cualquier mes del año, con 26,2 grados en Bad Bergzabern, en Renania-Palatinado, según registros meteorológicos. El calor ha sido asfixiante en el transporte, los hospitales, los trayectos en bicicleta y en las casas, ya que la mayoría de los edificios no cuentan con aire acondicionado ni persianas que impidan la entrada del sol directo por las ventanas.
Se han cancelado eventos de todo tipo, actividades culturales como la Feria del Libro de Berlín, y muchas escuelas han decidido reducir el número de horas lectivas aplicando la normativa conocida como Hitzefrei, según la cual si a las 11.00 de la mañana la temperatura en un aula representativa alcanza los 26 grados o más, los colegios pueden reducir las horas lectivas. Incluso se han cerrado tramos de la autopista A2 entre Berlín y Hannover por miedo a que venza el asfalto por el calor.
"En Berlín hay muchísimos edificios de lo que se conoce como construcción antigua. Se trata de edificios que, por lo general, tienen más de 100 años. Y en ellos no suele haber persianas", explica Zeno, un alemán del sur que vive con su mujer y sus dos hijos pequeños en el barrio berlinés de Kreuzberg. "Cuando la luz solar da directamente sobre una ventana, se produce un auténtico efecto invernadero", añade, aunque reconoce tener "un poco de suerte" porque cuentan con árboles delante de su casa que les protegen algo.
Ihor, de 41 años, que vive en el barrio de Reinickendorf en un piso antiguo con techos altos, expresa su sorpresa: "Me llamó la atención cuando llegué a Berlín hace cuatro años y sigo un poco sorprendido porque vengo de una ciudad del sur de Ucrania, donde el aire acondicionado es algo habitual. Además, las tiendas abren todo el fin de semana, por lo que también puedes ir a ellas a refrescarte. No como aquí, donde todo está cerrado los domingos".
También se ha prohibido hacer barbacoas e incluso algunos de los famosos Biergarten —terrazas al aire libre— han echado el cierre. "¡La cámara frigorífica y el sistema de refrigeración de la cerveza están llegando al límite de su capacidad! En la sala de servicio nos acercamos a los 55 grados. Agradecemos su comprensión", escribió el Biergarten Biegerpark, en Duisburgo.
Tampoco los hospitales alemanes están preparados. En 2024, el Instituto Alemán de Hospitales preguntó a 289 centros si habían adoptado más medidas contra el calor y el 60% respondió que no, alegando la mayoría falta de fondos. La mayoría de los hospitales se construyeron cuando las olas de calor aún eran una excepción, por lo que suelen carecer de aire acondicionado, excepto en áreas específicas como la UCI o los quirófanos. El Charité de Berlín elaboró un "mapa de calor" para saber qué salas se calientan rápidamente y suponen zonas de riesgo, y dónde hay sitios frescos en los que refugiarse.
**Reino Unido: metro infernal y hospitales desbordados**
En el Reino Unido, el viernes se alcanzó la temperatura más alta para un mes de junio: 36,9 grados centígrados en la localidad de Wattisham, condado de Suffolk, al sureste de Inglaterra, según registros meteorológicos oficiales. El calor ha provocado estragos en todo el país.
Gran parte de la red ferroviaria, cuya señalización e infraestructura no están preparadas para temperaturas extremas, suspendió trayectos o retrasó horarios, al imponer una notable reducción de la velocidad en sus servicios. La mayoría de los colegios han permanecido cerrados durante el periodo de alerta. Muy pocos disponen de aire acondicionado o algún otro sistema de refrigeración, aunque el Gobierno actual ha acelerado un programa de renovación de sus infraestructuras, y la ministra de Educación, Bridget Phillipson, ha pedido a las autoridades escolares que, en la medida de lo posible, mantengan abiertas las aulas.
El 90% de los hospitales del país no están preparados para condiciones de calor extremo, según datos oficiales. Muchos de ellos han pedido a los ciudadanos que no acudan a los servicios de emergencias si no es estrictamente necesario, y de hacerlo, que eviten ir con muchos acompañantes, porque cada persona extra contribuye a elevar la temperatura en el interior de los edificios.
El metro de Londres y sus autobuses han sido un infierno durante la semana. Apenas el 40% de los trenes subterráneos que se extienden por esta ciudad dispone de aire acondicionado. Las caras de sufrimiento entre los pasajeros son habituales en las horas punta, sobre todo en las líneas más antiguas de la red, como Bakerloo, Jubilee, Victoria o Piccadilly.
Los parques de la capital británica se han llenado estos días de personas que buscaban algo de aire y sombra, para huir de hogares poco acondicionados para el calor extremo. Ni siquiera un 5% de las nuevas edificaciones incorporan aire acondicionado o la infraestructura para instalarlo. Las casas antiguas, que pueblan Londres, tienen escasa ventilación y casi ninguna dispone tampoco de persianas que aíslen de modo hermético del sol. A las nueve de la noche, a la hora que se cierra Queens Parks, decenas de personas se resisten estos días a abandonar el primer esbozo de frescor y sombra que disfrutan en unas jornadas infernales.
**Indignación política en Bélgica**
La ola de calor también ha pulverizado todos los récords en Bélgica, tanto la de temperatura diurna en un mes de junio como la nocturna jamás registrada, y ha encendido los ánimos contra el Gobierno. En un furibundo editorial, el diario Le Soir denunciaba que el mensaje principal de las autoridades parece resumirse en un "apañáoslas" a la población: "Los códigos naranja y rojos y las alertas brotan de los centros de crisis, pero el primer ministro sigue totalmente invisible, el ministro-presidente de Flandes observa todo esto con desdén —'Me niego a sumarme al alarmismo'—, mientras que el Gobierno valón ha desaparecido del radar. Y ni hablemos (otra vez) del ministro de Defensa, Theo Francken (N-VA), convertido en abanderado de la irresponsabilidad al proclamar su negación desde su barbacoa, su piscina y su lata de cerveza", escribía el rotativo francófono.
La indignación estalló contra Francken después de que el ministro se burlara de los avisos de temperaturas extremas al comienzo del episodio meteorológico: "Llevamos dos días de calor y ya estamos todos a punto de morir, claro. Tío, tío, ¿de dónde sacan siempre a esos periodistas? Disfruta de este tiempo tan maravilloso. ¡Y VIVE!", escribió el nacionalista flamenco, prometiendo fotos de su "piscina, una [cerveza] Stella bien fresquita y la barbacoa". Estas palabras se volvieron contra él, no solo por el duro impacto que está teniendo la ola de calor, sino también porque una activista llamó a pasar "un fin de semana en casa de Theo Francken", lo que a su vez provocó la ira de este, que ha hablado de una "línea roja cruzada" porque se reveló su dirección.
El intenso calor ha activado también una antigua reclamación en Bruselas: activistas han organizado remojones en estanques públicos de la capital belga como protesta, para recordar que en esta ciudad no hay ninguna piscina exterior pública.
**Europa sin adaptación al cambio climático**
El calor extremo de esta semana ha puesto en evidencia las muchas debilidades de Europa por el clima. Aparte de constituir una seria amenaza para la salud, en especial para la población de mayor edad, el aumento de las temperaturas ha destapado múltiples fallos en el transporte, la sanidad, la educación, el alojamiento o el mantenimiento de las condiciones básicas para una vida confortable. Una demostración de la falta de adaptación a un cambio climático que se espera que vaya agravando cada vez más estas olas de calor.
"No nos estamos adaptando a la velocidad que deberíamos", señala Pedro Zorrilla, responsable de cambio climático de Greenpeace España, que destaca que el aumento de las temperaturas extremas es justamente uno de los efectos del calentamiento del planeta para el que resulta más evidente que hay que prepararse, pues luego hay muchos más no tan obvios. "Este es uno de los impactos más claros, pero ni aún así", lamenta el ecologista.
De forma especial, estos tórridos días han mostrado la falta de preparación de los países europeos del norte, más acostumbrados al frío. Un informe de febrero de este mismo año de la Agencia Europea de Medio Ambiente, titulado "Sobrecalentados y mal preparados: las experiencias de los europeos al vivir con el cambio climático", consideraba fundamental combatir las altas temperaturas en los hogares, incidiendo en las normas y códigos técnicos de edificación, así como en sistemas de ventilación o refrigeración, promoviendo aquellos de menor impacto ambiental.
A este respecto, los ciudadanos preguntados en Letonia y Alemania sumaban los porcentajes más altos de hogares sin aire acondicionado y ventiladores, un 88% y 85% respectivamente, según encuestas online realizadas a 27.000 personas en 27 países europeos. Este informe reflejaba, por ejemplo, la falta de espacios cercanos refrigerados. Además, respecto al aislamiento de paredes y tejados de las viviendas, incidía en que, aunque este suele ser mejor en países del norte del continente para protegerse del frío, en condiciones de calor puede sobrecalentar todavía más las casas si no hay una adecuada climatización en los edificios.
La crisis actual demuestra que Europa enfrenta un desafío estructural que requiere inversiones masivas en infraestructura, renovación de edificios antiguos, adaptación de sistemas de transporte y salud, y políticas públicas que prioricen la preparación ante un fenómeno que, según los expertos en cambio climático, se repetirá con mayor frecuencia e intensidad en los próximos años. La pregunta ya no es si habrá más olas de calor extremo, sino cuándo llegará la siguiente y si Europa estará mejor preparada para enfrentarla.