

Google, en colaboración con investigadores de la Universidad de California en San Diego, está construyendo un centro de datos utilizando 2.000 procesadores recuperados de teléfonos Pixel desechados, una iniciativa que busca reducir la huella de carbono de la infraestructura de inteligencia artificial mientras aborda el problema global de los residuos electrónicos. El proyecto, que entrará en funcionamiento en otoño de 2026, representa un intento de aprovechar miles de millones de procesadores funcionales que terminan en vertederos cada año.
Google y la Universidad de California en San Diego están desarrollando una solución que convierte teléfonos inteligentes desechados en servidores de computación para inteligencia artificial, según anunció Google Research. El proyecto, denominado computación en clúster de teléfonos, consiste en extraer las placas base de dispositivos móviles antiguos y reorganizarlas en grupos que funcionan como plataformas de computación de propósito general.
La iniciativa responde a una contradicción masiva en la industria tecnológica. Cada año se descartan más de 5.000 millones de teléfonos a nivel mundial, muchos con procesadores perfectamente funcionales, según datos del Foro WEEE correspondientes a 2022. Al mismo tiempo, la industria de inteligencia artificial se prepara para gastar más de un billón de dólares en infraestructura de computación este año, según proyecciones citadas por Google.
El auge de la inteligencia artificial está impulsando un aumento exponencial sin precedentes en la demanda de poder de computación. La fabricación de semiconductores, uno de los procesos industriales más complejos y que consume más energía en el mundo, proyecta alcanzar emisiones de 277 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente para 2030, según la información proporcionada.
Google y la universidad californiana están poniendo la teoría a prueba con un centro de datos construido a partir de 2.000 teléfonos inteligentes Pixel, que se espera entre en funcionamiento en otoño de 2026, según el anuncio.
**Capacidad de procesamiento desperdiciada**
Los cálculos realizados por los investigadores revelan la magnitud del desperdicio. Utilizando una estimación promedio de consumo de procesador de 3,2 vatios por teléfono, basada en chips insignia producidos principalmente antes y alrededor de 2022, y aplicando la cifra de 5.000 millones de teléfonos desechados en 2022, se obtiene una capacidad de computación estimada de 16 gigavatios en la basura, según el análisis de Google. Incluso si solo la mitad de los teléfonos tuvieran procesadores funcionales, eso seguiría siendo 8 gigavatios.
Para poner estas cifras en contexto, una de las iniciativas de centros de datos multifacilidad más grandes del mundo planificadas, Meta Hyperion, apunta a alrededor de 5 gigavatios de capacidad, según la comparación proporcionada.
**Cómo funciona el proceso**
El proceso de conversión comienza con el desmontaje de cada teléfono hasta dejar solo la placa base, la parte que contiene el procesador, la memoria y el almacenamiento. La pantalla, la batería, el chasis, las cámaras y otras partes específicas del teléfono se eliminan, según explica Google. La placa base por sí sola representa aproximadamente el 40% del carbono incorporado de un teléfono, según los datos del proyecto.
El carbono incorporado se refiere a las emisiones integradas en el hardware antes de que se encienda, abarcando toda la energía y los gases de proceso consumidos en su fabricación. Al reutilizar un procesador que ya ha pagado su deuda de carbono incorporado, el proyecto busca entregar el poder de computación de un servidor sin el daño ambiental de fabricación de un servidor, según explica Google.
Después del desmontaje físico vienen los cambios de software. Android ya está basado en Linux, pero su espacio de usuario orientado a dispositivos móviles está diseñado para dispositivos de consumo, no para cargas de trabajo en la nube. Para solucionar esto, los investigadores lo reemplazan con una distribución de Linux de propósito general, proporcionándoles un entorno más programable y permitiendo que el clúster se comporte más como infraestructura de computación convencional, según detalla Google. Actualizar el sistema operativo también elimina algunas protecciones que son esenciales en un teléfono personal pero innecesarias en la nube. El resultado es una placa base que es básicamente un pequeño y eficiente servidor Linux.
**Rendimiento comparable a servidores tradicionales**
El caso técnico es más sólido de lo que podría parecer. Google afirma que el rendimiento de un solo hilo de los núcleos de teléfonos inteligentes modernos puede estar a la par o ser mejor que el rendimiento por núcleo de servidores multinúcleo modernos. En la comparación de la compañía, un Pixel Fold de 2023 se probó contra un servidor ASUS RS720A-E11 utilizando pruebas de referencia SPEC, y los núcleos grandes del Pixel superaron al núcleo del servidor de centro de datos de referencia en varios casos, según los resultados compartidos.
Esto no significa que un teléfono sea equivalente a un servidor. Un servidor adecuado tiene muchos más núcleos, mucha más memoria, mayor ancho de banda, mejor entrada/salida, gestión de nivel empresarial y hardware diseñado para operación continua en centros de datos. Un teléfono inteligente, por el contrario, tiene un puñado de núcleos heterogéneos y típicamente algo como 8 a 12 gigabytes de memoria, según explica Google. El truco es encontrar cargas de trabajo que se ajusten a esas restricciones o que puedan dividirse limpiamente entre muchos nodos pequeños.
**Aplicación educativa y de investigación**
El objetivo inicial de la Universidad de California en San Diego es la computación educativa y de investigación. Según Google, un clúster de tamaño moderado de 20 teléfonos puede soportar tasas de envío máximas para una clase de más de 75 estudiantes, con una latencia de calificación inferior a la del backend predeterminado de AWS. Escalando a 2.000 teléfonos, el objetivo de Google para otoño de 2026, la universidad espera soportar aproximadamente 100 clases de este tipo simultáneamente. Google describe la implementación resultante como aproximadamente 50 equivalentes de servidor de computación a una fracción del costo habitual.
**Desafíos por resolver**
El proyecto todavía está en sus primeras etapas, con muchos problemas, conocidos y desconocidos, por resolver. La fiabilidad es una de las grandes incógnitas. Los teléfonos de consumo nunca fueron construidos para funcionar a plena capacidad, las 24 horas del día, durante años, según reconoce Google. El proyecto está explícitamente destinado a actuar como banco de pruebas para la computación basada en teléfonos inteligentes a escala, investigando cómo el hardware de grado de consumo resiste el uso sostenido. Nadie sabe todavía las tasas de falla de un rack de placas base de teléfonos reutilizadas funcionando continuamente, pero descubrirlo es parte del experimento, según la compañía.
Luego está todo lo que rodea al silicio: el trabajo de desmontar teléfonos de manera segura en volumen, eliminar baterías y otros componentes no clasificados para el entorno, y la cuestión de si toda la cadena puede hacerse lo suficientemente económica como para escalar más allá de una demostración de investigación, según señala Google. Estas son las fricciones poco glamorosas que deciden si la idea alguna vez se convierte en infraestructura.
**Implicaciones ambientales y económicas**
La iniciativa aborda dos problemas simultáneamente: el creciente costo ambiental de la fabricación de nuevos chips para inteligencia artificial y la montaña de residuos electrónicos que crece cada año. Mientras que eliminar la pantalla y la batería significa que todavía se desperdicia algo de carbono incorporado, rescatar la placa base aún representa una victoria masiva para la circularidad, según Google.
Si el proyecto demuestra ser viable técnica y económicamente, podría abrir la puerta a una nueva forma de pensar sobre la infraestructura de computación. En lugar de fabricar nuevos chips desde cero para cada necesidad de computación, la industria podría comenzar a ver los teléfonos desechados como una fuente de componentes de computación de bajo carbono.
Los resultados definitivos se conocerán cuando la implementación entre en funcionamiento este otoño de 2026, momento en el que se podrán evaluar las tasas de falla, la viabilidad económica y la escalabilidad real del concepto de computación en clúster de teléfonos.