El contraste resulta llamativo. Mientras decenas de miles de personas acuden cada noche a ver a Bad Bunny en Madrid y comparten millones de vídeos que inmortalizan cada gesto del artista puertorriqueño, hace exactamente 50 años se celebró un concierto que presenciaron probablemente menos personas que las que asisten cada noche a la Casita de la estrella del reguetón, pero que cambió la música popular para siempre, según El País.
El concierto de los Sex Pistols el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall de Mánchester ha sido recreado en al menos dos películas, 24 Hour Party People y Control, y elegido por la revista NME como "el evento musical más importante de todos los tiempos", según la publicación española.
**El misterio de los asistentes resuelto**
Media población de la generación boomer de Mánchester asegura haber asistido a aquel concierto seminal del punk, según El País. Sin embargo, como apunta David Nolan en I Swear I Was There (Juro que estuve allí), libro canónico sobre aquel concierto, resulta relativamente sencillo despejar uno de los grandes misterios de la historia del rock: ¿cuánta gente acudió a ver a unos chavales casi desconocidos de Londres aquella calurosa noche de viernes en Mánchester?
Según los archivos municipales de la ciudad británica, la venta de entradas generó un total de 14 libras. A 50 peniques que costaba cada entrada, se vendieron por tanto 28 tickets, según El País. La confusión y el baile de asistentes obedece, en parte, a que hubo otro concierto de los Pistols unas semanas después en la ciudad, de modo que el selecto club de espectadores que la leyenda ha situado en aquella sala se repartieron probablemente entre las dos fechas.
Entre los asistentes a ambos conciertos se encontraban Bernard Sumner y Peter Hook, quienes posteriormente formarían Joy Division y New Order; Morrissey, futuro líder de The Smiths; Mark E. Smith, fundador de The Fall; y Tony Wilson, quien crearía el legendario sello discográfico Factory Records, según la publicación.
**El origen: una reseña en el NME**
Quienes trajeron a los Pistols a aquella sala fueron Peter McNeish y Howard Trafford, dos chavales de Mánchester hartos ya del glam rock que escuchaban en la universidad, según El País. En una ciudad del norte como la suya, la manera de enterarse de algo de lo que se cocía en Londres era la prensa musical británica, que aplicaba las hiperbólicas enseñanzas de Fleet Street a la cultura popular.
Leyeron el 18 de febrero de 1976 en el NME una reseña, firmada por Neil Spencer, sobre el grupo que había teloneado a Eddie and the Hot Rods en el Marquee londinense, según la publicación española. Contaba que hicieron una versión de The Stooges titulada No Fun y que cuando alguien del público les reprochó que no sabían tocar, uno de la banda les respondió: "¿Y qué?". El artículo hablaba de sexo, violencia y anarquía. "Lo nuestro no es la música, es el caos", decía el grupo, según El País.
Aquella reseña les cambió la vida, y también el nombre, según la publicación. Pasaron a llamarse Pete Shelley y Howard Devoto y empezaron a intuir que había un camino para el grupo que estaban montando y que se llamaba The Buzzcocks. Tenían un coche de un compañero de piso a su disposición ese fin de semana y se fueron a Londres a ver a los Sex Pistols.
Los vieron en directo el 20 y el 21 de febrero y, preguntando por su manager, les dirigieron al 430 de King's Road, donde Vivienne Westwood y Malcolm McLaren llevaban la boutique Sex, alrededor de la que revoloteaba el incipiente punk londinense, según El País.
**El concierto que cambió todo**
El 4 de junio Johnny Rotten, Steve Jones, Glen Matlock y Paul Cook, los Sex Pistols, ofrecieron en la pequeña sala situada en el piso de arriba del Free Trade Hall el que quizá fue el más importante de los 124 conciertos que dieron antes de estallar en directo el 14 de enero de 1978 en el Winterland Ballroom de San Francisco, en una actuación que simbolizó la muerte oficial de la era original del punk, según la publicación española.
La epifanía que experimentaron los componentes de las cuatro bandas de Mánchester —Buzzcocks, Magazine, Joy Division y The Fall— a las que transformaron los bolos de los Pistols en la ciudad fue más estética o filosófica que musical, según El País. No reprodujeron su sonido, pero sí su actitud. Aquella noche de hace 50 años los Pistols rompieron la tradicional relación entre el público y la banda. No se trataba de contemplar el virtuosismo ni una elaborada puesta en escena. Mostraron un camino directo para cualquiera que quisiera expresar su descontento, según la publicación.
Ahí nació una nueva forma de entender el rock, que acabó moldeando décadas de música anglosajona y, por extensión, de todo el mundo, según El País.
**El legado y la creación de mitos**
Aquel concierto también habla de la creación de los mitos, según la publicación española. Sedimentos de verdades y mentiras que se asientan durante décadas. Lo único que queda del concierto es un póster casero, un poco de película en super 8, algunas fotos y una entrada en la que, por cierto, pone por error que el año es 1076, según El País.
Cincuenta años después —aunque parezcan 950, como dice la entrada— el pop sigue creando mitos, según la publicación. De Johnny Rotten a Bad Bunny, de Vivienne Westwood a Marta Ortega. Los periodistas, por su parte, siguen empeñados en encontrar "el evento musical más importante de todos los tiempos", según El País. Pero esta vez, reduciendo considerablemente el espacio para la leyenda, lo contemplan cientos de miles de ojos en vivo y decenas de millones en las pantallas de sus móviles.
El concierto de los Sex Pistols en Mánchester demuestra que el impacto cultural no se mide necesariamente por el número de asistentes, sino por la capacidad de transformar la forma en que se entiende y se hace música. Aquellas 28 personas que pagaron 50 peniques por ver a cuatro chavales de Londres fueron testigos del nacimiento de un movimiento que redefinió la música popular y cuya influencia se extiende hasta la actualidad.